Texto: 1 Ped 2:11-25
Predicador: Jacobis Aldana
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En Marzo de  2016 Otto Frederick Warmbier,  un estudiante estadounidense  de 21 años de la Universidad de Virginia y que visitaba el país de Corea del Norte, fue condenado a 15 años de trabajo forzoso por haber robado un cartel de propaganda política en el hotel donde había estado hospedado en la ciudad de Pyongyang.

El mundo vio con asombro lo estricto que suelen ser las leyes de un país que recibe poco extranjeros, pero que es implacable al momento de implementar sus leyes, de modo que los pocos que pueden visitar deben informarse muy bien acerca de la cultura y costumbres de sus ciudadanos y obrar con la mayor cautela posible.

La siguiente sección de la carta que comenzaremos a estudiar y que va hasta el capítulo 3:22 y donde los hermanos son exhortados a vivir como extranjeros, siendo ejemplos al mundo aún en medio de los padecimientos.

Los destinatarios de la carta estaban siendo alentados porque Nerón había comenzado una verdadera cacería desenfrenada contra los cristianos.

Cuando padecemos es posible que queramos reaccionar de manera negativa, en el sentido de que seamos tentados a devolver mal por mal, pero no debe ser así. Los cristianos debemos ver los padecimientos como una buena forma de ser ejemplo al mundo y al mismo tiempo una oportunidad para reflejar el evangelio, en la medida en que seguimos el ejemplo de Cristo, el cual no respondió mal por mal, sino que encomendó su causa al fiel creador.

Los versículos que hoy estudiaremos lo haremos a la luz de tres encabezados (1) Padeciendo como extranjeros, (2) padeciendo como ciudadanos  (3) padeciendo como cristianos

Padeciendo como extranjeros (1ª Ped 2:11-12)

Antes de comenzar a enumerar la manera en que los cristianos deben conducirse en medio de este mundo; el Apóstol apela a un argumento trascendental: los cristianos somos como extranjeros y peregrinos en este mundo.

Los creyentes poseen una doble ciudadanía; por un lado son miembros de una nación civil al cual deben rendir cuentas, pero por otro lado pertenecen a una nación celestial incorruptible e inmaculada. Filipenses 3:20–21 y Hebreos 11:8–16 nos recuerdan estas verdades.

Eso trae consuelo en medio de los padecimientos. No podemos esperar que el mundo nos trate con aceptación, como si fuéramos de ellos. No. Pertenecer a otra ciudadanía implica que seremos tratados de manera distinta.

Apartándonos de los deseos de la carne

Pero ser extranjeros también nos demanda una vida de santidad. Una conducta intachable.  Cuando comenzamos a ser perseguidos por el mundo, la carne tiende a querer reaccionar contra esa actitud en rebeldía y sublevación, pero los creyentes no debemos dar lugar a tales actitudes a fin de que el nombre del Señor no sea blasfemado

Siendo ejemplo a los gentiles

Además de mantener una conducta afable y rendir nuestros deseos de venganza al señorío del Espíritu, también como creyentes debemos preocuparnos por dar ejemplo de fe y paciencia a los incrédulos o a lo que nos acusan.

La manera en que debemos responder al oprobio, no es con venganza, sino con una conducta que demuestre lo contrario.

Muchas cristianos se convierten en una especie de “anti-evangelistas” es decir; con su conducta se encargan de alejar a los no creyentes del evangelio en lugar de acercarlos. Sabemos que la salvación no es un asunto moralista, se trata de conocer al Señor y reconocerle como Salvador, pero nuestras obras deben estar de acuerdo con eso que profesamos.

Dios puede usar nuestro testimonio de obras para e un futuro y a través del mensaje del Evangelio, traer convicción de fe a las personas que en principio rechazaban a los cristianos y su mensaje.

Debemos saber, en términos prácticos, que somos carta abierta al mundo, que somos observados por los de afuera y debemos preocuparnos por vivir como es dignos de los que profesan la fe.

Padeciendo como ciudadanos (1 Ped 2:13-20)

Vimos hace un momento que somos ciudadanos celestiales que viven como extranjeros en esta tierra y que deben comportarse como tal, a fin de glorificar a Dios y que otros también puedan hacerlo al ver nuestra conducta.

Por otro lado, ser extranjero también implica que debemos comportarnos como es digno de personas que honran su estadía aquí en esta tierra. Debemos respetar las autoridades, a los reyes y respetarnos también nosotros mutuamente. Es decir, somos ciudadanos del cielo, pero también ciudadanos de algún lugar en esta tierra y debemos vivir con respeto a las leyes establecidas en ese lugar. (Ro. 13:1–7; Tit. 3:1–2)

Sometiéndonos a las autoridades

Dios ha establecido leyes y autoridades humanas (Rom 13:1) y ellas no tienen más autoridad si no la que Dios les ha dado. Los creyentes deben someterse a dichas autoridades siempre y cuando estas no les obliguen a ir contra los principios de la palabra de Dios (“es mejor agradar a Dios antes que a los hombres Hech 4:19).

La sublevación o la rebelión no son el camino que deben tomar los cristianos sino el sometimiento y la oración por sus gobernantes. No somos activistas políticas o defensores de causas que no guardan relación con el reino de los cielos.

Dios también estableció a los que castigan; a los gobernadores que imparten las leyes y nosotros debemos someternos a ellos por causa de la justicia. Ellos no están para más sino para castigo de los malos y alabanza de los que hacen el bien; así que no hay razón para que un creyente resista la autoridad.

Quizás las autoridades y gobernantes ejercían una presión sobre los creyentes a los que Pedro escribe, los cuales aún no habían comenzado a ser perseguidos hasta la muerte, pero si incomodados por sus principios morales y de conducta; pero el Apóstol no los manda a marchar contra el gobierno o a crear una causa revolucionaria para reclamar sus derechos; más bien los exhorta a  vivir como siervos de Dios y así callar a aquellos que instigan.

Es una verdadera lástima que en muchas ocasiones los creyentes seden a la presión de la carne y comienzan a manifestarse contra los gobiernos, pero muchas veces tales padecimientos de parte de ellos vienen como parte de la voluntad de Dios para nosotros.

Pedro redondea su argumento diciendo que los cristianos deben honrar a todos por causa de ser la imagen de Dios; que deben amar a los hermanos, la familia de la fe, a fin de mantenerse unidos; que deben temer a Dios el cual es la fuente de toda sabiduría y que deben dar el honor y el respeto a las autoridades.

Esas cuatro cosas definen la conducta de un cristiano en sociedad: al relación con todos los hombres; la relación con sus hermanos, la relación con Dios y la relación con las autoridades

Sometimiento a los amos

Muchos de los hermanos Vivian bajo un sistema de esclavitud vigente en aquella época. Los esclavos no necesariamente eran como nosotros los concebimos ahora de acuerdo a los relatos de las conquistas americanas. Algunos esclavos incluso eran mayordomos y se encargaban del cuidado de la casa y aún de la crianza de los hijos hasta cierta edad (los que funcionaban cono ayos).

Pero todo parece indicar que algunos de los hermanos que servían de esclavos, estaban padeciendo en manos de sus amos por causa de su fe. Así que el consejo de Pedro es que ellos se sometan y le obedezcan. No solamente a los afables sino a los que no lo son tanto. Este principio aparece también en Efesios 6 como el resultado de una vida llena del Espíritu, los siervos deben obedecer a sus amos y servirles como al Señor. Esa es la motivación. Lo que hacemos, aunque sea para las personas a las que servimos, al final lo hacemos al Señor y de él recibiremos recompensa.

Muchas veces Dios permite que por medio de los amos los creyentes sean probados y eso hace parte de su voluntad siempre y cuando sea de manera injusta

Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.

El principio detrás de todo esto, es que debemos aprender  a soportar pacientemente cuando las personas que son nuestros superiores nos afrentan por causa de la fe. La manera de Glorificar a Cristo, es mantener una conducta tranquila y pasiva.

Los hermanos que trabajan como empleados, deben buscar recordar y aplicar este principio de las Escrituras. Cuando un cristiano padece injustamente; Dios recibe Gloria.

Padeciendo como Cristianos (1 Ped 2: 21:25)

El llamado del cristiano no es a tener riquezas, no es a ser rico; el llamado del creyente es a llevar una cruz y padecer como también Cristo padeció.

Pedro afirma que la razón de ser de los padecimientos de Cris to, es convertirse en ejemplo para nosotros. Él es como el dibujo que está debajo y sobre el cual nosotros dibujamos, esa es la idea que el texto transmite.

La manera correcta de responder a los padecimientos

Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;  quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

Pedro retrata los padecimientos de Cristo anunciados por Isaías en el capítulo 53 para mostrarnos la manera en que él reaccionó a ella y cómo debemos nosotros también reaccionar.

Cristo no sólo es un ejemplo moral, su ejemplo más bien está basado en su obra y en lo ganado por él en la cruz. Esto es padecer con el evangelio encima. Con la verdad de saber que Cristo padeció también injustamente, pero al final el resultado de sus padecimientos fue nada más y nada menos que el precio pagado de todos nuestros pecados.

¿Habrá algún consuelo mayor para el cristiano que este?

Muchas personas cuando padecen hacen todo lo posible para despertar la conmiseración de los demás o la suya propia; pero si algo debe venir a nuestra mente, es la Gloria que Dios merece por Jesucristo, el cual padeció mucho más que nosotros para pagar el precio de nuestras culpas.

Esto es padecer como cristiano. Esto hace la diferencia con cualquier otro mártir u hombre que haya padecido y padezca. Ninguna causa de sufrimiento es superior a aquella que hace que el cristiano se identifique con Cristo aún en sus más duros momentos.

Nuestros padecimientos deben recordarnos el evangelio. No nos concentremos en la venganza, en cuánto debe pagar el que hizo mal, sino cuánto pagó cristo por nosotros, pues éramos ovejas descarriadas, perdidos, pero por sus padecimientos ahora somos hijos suyos. Eso es lo que debe venir a nuestra mente cuando padecemos.

Conclusiones

  • Somos ciudadanos del cielo y debemos vivir en santidad en medio de un mundo perdido, a fin de los otros, los de afuera, puedan glorificar a Dios.
  • Somos también ciudadanos terrenales y debemos vivir en santidad sometiéndonos a las autoridades a nuestros amos para reflejar el carácter de Cristo.
  • Nuestros padecimientos nos recuerdan que Cristo también padeció por nosotros para darnos ejemplo. Y habiendo ganado él nuestra salvación cobramos aliento para vivir siguiendo sus pisadas.

 

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