Texto: 1 Ped 3:8-12
Predicador: Jacobis Aldana
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Introducción: En 1 Samuel 24:1 encontramos una situación bastante particular. Saúl había empezado una férrea persecución contra David para matarlo. Llevó consigo a 3 mil hombres al desierto de En-Ghadi para acabar con la vida del joven pastor, pero después de parar en la jornada y ubicándose en una cueva, David lo tenía a tiro de espada para vengarse y acabar con su vida y con el problema de una vez por todas; sin embargo, en lugar de ello cortó un pedazo del manto y ante el reproche de sus compañeros de huida, David respondió: Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.

Hay varias cosas implícitas aquí y que no analizaremos en detalle; pero David estaba reconociendo el valor de Saúl delante de Dios, pero al mismo tiempo, al saber que él también ya había sido ungido como Rey y que de una u otra manera llegaría al trono, quiso dejar que fuera Dios quien se encargara del desenfreno de Saúl y no tomar venganza por su propia mano.

¿Cómo reaccionaríamos a las circunstancias de la vida, si supiéramos que saldremos victoriosos?

¿Acaso no seríamos más agradecidos y llenos de misericordia incluso con aquellos por causa de  los cuales padecemos? Eso exactamente lo que caracteriza a un creyente verdadero.

Todos los que hemos creído en Cristo tenemos una promesa de victoria al final de la historia y Dios entonces no manda a vivir nuestra vida cristiana de acuerdo a ese conocimiento.

En este texto, el apóstol Pedro nos presenta un gran resumen acerca de la conducta correcta de un cristiano cuando padece; dicha conducta debe ser tal que puede vivir de manera piadosa consigo mismo e incluso con aquellos que nos afrentan y la razón es que al final, cuando el Señor de a cada uno su recompensa, sus ojos estarán sobre los justos y su rostro contra los que hacen maldad.

Los versículos anteriores nos muestran que los creyentes deben someterse a sus gobernantes y a las autoridades, también a sus amos y los esposos asumir también un rol de sometimiento; así que ahora, el apóstol concluye el porqué de todo esto. Basado en el Salmo 34:12-16 Pedro plantea sus conclusiones que son a su vez exhortaciones.

Quizá alguien se esté preguntado ¿pero cuál es la razón para aguantar tanto? Y la respuesta es: El Señor hará justicia y dará a cada uno según haya hecho, de modo que soportar por causa del Señor vale la pena.

El texto lo dividiremos en tres encabezados básicamente: (1) Un conducta compasiva (2) una conducta pacífica y (3) la razón de una buena conducta

Una conducta compasiva

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde

La palabra finalmente  o como bien traduce la Biblia de las Américas en conclusión;  muestra el interés del Apóstol de resumir toda la enseñanza que ha venido dando al respecto del sometimiento y el buen testimonio de Cris to al mundo. Las siguientes 5 afirmaciones son definitivas al respecto de lo que define una buena conducta cristiana.

Un comentarista[1] observa la manera artística en que estos 5 adjetivos están ordenados: (1) sed de un mismo sentir; (2) compasivos; (3) fraternales; (4) misericordiosos y (5) de espíritu humilde. La palabra fraternal (Philádeiphoi)  es dejada en la mitad para centrar toda la atención sobre ella. Por otro lado las palabras 1 y 5 denotan lo que pensamos y la y 2 y 4 denotan lo que sentimos.

Estos cinco atributos que deben caracterizar a todo cristiano, también denotan como debemos tratarnos nosotros, entre creyentes cuando padecemos, y ese punto es importante. No somos una manada de sufrientes dispersa en la que cada quien corre por su propio bien; es una familia que padece junta y que debe tener entre ella la actitud correcta.

Debemos ser de un mismo sentir, es decir: tener la misma actitud. No se trata de tener la misma opinión, pero si estar en la misma actitud siempre. Muchos hermanos pudieran estar tomando caminos diversos en medio de sus padecimientos, pero Pedro los exhorta a estar unidos en una misma actitud frente a las pruebas.

Por otro lado, también debemos ser compasivos y misericordiosos, no tratando de responder con la misma moneda a aquellos que nos hacen mal, sino teniendo compasión de ellos. Esto proviene del testimonio de nuestro Señor Jesucristo, el cual no deseaba mal a sus opresores, sino que oraba por ellos. La palabra compasivo  da la idea de “ponerse en los zapatos de otros”. No se trata de sentir lástima, sino de un profundo sentimiento de identidad con los padecimientos de otro. Se trata de sufrir con los que sufren, llorar con los que lloran, gozarse con los que se gozan.

También debemos procurar el afecto fraternal. Amarnos los unos a los otros si distingo alguno. Los creyentes en el mundo deben dar fe de esto. De un amor inquebrantable. Este amor hace que nos consolemos los unos a los otros y que seamos movidos al perdón. Todos los creyentes tenemos un solo Padre, y en esta carrera no importa quien se caiga para seguir corriendo nosotros la carrera sino que paramos nuestra marcha y levantamos al que ha caído.

En ocasiones, pareciera que algunos creyentes se alegran de las caídas y desdichas de otros, pero esto no es lo que caracteriza a un genuino hijo de Dios.

Finalmente, los cristianos también somos llamados a tener un espíritu humilde.  Se trata de una manera de pensar que no pretende elevarse a cada quien por encima de su hermano, sino todo lo contrario, se trata de servir siguiendo el ejemplo también de Cristo.

Estas Palabras usadas por Pedro aquí son emotivas y no quisiera que se quedaran en un discurso sentimental, sino que entendamos que es eso lo que necesitamos entre hermanos. Todos estamos expuestos a los padecimientos en este mundo por el simple hecho de ser cristianos, pero es allí donde debemos mostrarnos como hermanos.

Una conducta pacifica

No devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición

En los versículos anteriores, vimos cómo deben los cristianos conducirse entre ellos mismos en medio de un mundo de padecimientos; si estamos todos en el pozo allí debemos mantenernos unidos en amor, pero ¿cómo debemos tratar a los que nos tiraron al pozo? El verdadero amor de Dios no solo nos lleva a conducirnos en unidad, amor, misericordia y humildad entre nosotros, sino que produce también una manera pacífica de lidiar con nuestros enemigos, contra los que nos hacen mal.

Cuando enfrentamos a nuestros enemigos tenemos 3 opciones al responder:

1)            Devolver mal por bien,

2)            Devolver mal por mal o bien por bien

3)            Devolver el bien por el mal.[2]

Ya se a lo que nuestra naturaleza pecaminosa se inclina: hacer lo que a nosotros nos hacen. Pero el verdadero cristiano va más allá. Movido por el amor a Cristo, elige la tercera opción; devolver bien por mal.

No se trata de un acto masoquista en el que de manera superficial perdonamos, pero por dentro deseamos su mal. No es una actitud vengativa sino compasiva, entendiendo que nuestros enemigos incluso pueden ser objetos de la misericordia de Dios como un dia nosotros también lo fuimos.

El amor hacia nuestros enemigos viene del evangelio. De entender que siendo nosotros enemigos de Dios fuimos amados por él ¿Será descabellado que amemos nosotros a nuestros enemigos y oremos por ellos ante el señor? (Mt. 5:44). Ningún otro pasaje resume mejor este pensamiento que romanos 12: 14-21 (BLA):

Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran. Tened el mismo sentir unos con otros; no seáis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.

Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres. Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mia es la venganza, yo pagare, dice el Señor.

Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonaras sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal.

Es a esto a  lo que hemos sido llamados, a bendecir y no a maldecir. En otras palabras, parte del propósito de ser cristiano es que padecernos, y la respuesta a ese padecimiento de nuestra parte, no debe ser maldiciendo a los que lo provocan, sino todo lo contrario, bendiciéndoles, haciéndoles bien.

La razón de una buena conducta

Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.

Finalmente, Pedro da la razón por la cual los creyentes debemos tener la conducta que hemos mencionado entre nosotros y con los de afuera. Para ellos se vale de una cita de Salmo 34:12-16 como una promesa y al mismo tiempo como una exhortación.

Si realmente amamos la vida y queremos ver días buenos debemos tener cuidado con el uso que hacemos de nuestra lengua. Esto por supuesto, en el contexto de la manera en que tratamos a nuestros enemigos. Debemos apartarnos del mal y procurar siempre la paz.

La manera pues de buscar la paz es respondiendo con bendición a quienes nos ultrajan y haciendo el bien.

Dios es el juez

Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal

Por otro lado, debemos tener presente que la manera en que reaccionamos a la opresión de nuestros enemigos determinará nuestra comunión con Dios. Ser pacíficos y benevolentes hace que el Señor esté atento a nuestros ruegos. No es posible orar y ser escuchado cuando maldecimos a nuestros enemigos, ni siquiera si creemos que es con una justa razón.

También debemos estar convencidos que Dios es un juez justo y que él dará a cada uno según sus obras. Eso debe traer aliento y consolación. Dios es quien se encargará de mostrar en su justicia los frutos de lo que cada quién cosechó.

Conclusiones:

  • Debemos siempre recordar que no padecemos solos y que debemos animarnos como hermanos, pero más allá de eso amarnos con entrañable amor y servirnos con humildad mientras atravesamos los padecimientos propios de la vida
  • Debemos siempre mostrara amor a nuestros enemigos, bendecirlos. Los creyentes deben buscar estar en paz con todos los hombres y trabajar incansablemente por dicho propósito
  • Si amamos la vida y queremos perdurar en ella debemos hacer buen uso de nuestra lengua. Que ella sea un instrumento de bendición y no de maldición.
  • Parte del hábito de construir una buena comunión con Dios, es mantener una buena conducta hacia los que nos hacen mal. Dios está atento a eso y conforme a nuestra buena conducta él escuchará nuestras oraciones.

[1] Davids Peter; La primera Epístola de Pedro Editorial Clie, Pg 173

[2] Orth, S. (1991). Estudios Bı́blicos ELA: Remando contra la corriente (1ra Pedro) (p. 100). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

 

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