Introducción: No cabe duda que uno de los pasajes más conocidos de toda la biblia al menos entre los cristianos, es Malaquías 3. Crecí escuchando casi que semanalmente la lectura de este pasaje durante el tiempo de las ofrendas; per ¿acaso es todo lo que hay en Malaquías 3?

Una de las cosas que debemos hacer todos los que nos acercamos al texto bíblico, es tratar de ver de qué manera cada pasaje de las Escrituras está en armonía con la historia de redención. Nos perdemos mucho cuando estudiamos los textos de manera aislada, como si fueran parte de una colección de libros intendentes uno de otro.

Hoy nos ocuparemos de esto texto y trataremos de ver la manera en que el profeta Malaquías anuncia el evangelio, no sólo para los que vieron en su tiempo sino a nosotros.

Contexto:

El libro de Malaquías fue escrito cerca del año 433-424 AC, unos años después del regreso del último grupo de judíos que habían regresado junto a Nehemías. El templo había sido reedificado n los días de Zorobabel, pero fue en los tiempos de Esdras y Nehemías que la adoración y el sistema de sacrificios pudo ponerse en orden.

Malaquías, cuyo nombre significa “mensajero de Dios” es por tanto el último de los profetas en hablar en nombre del Señor. No hubo profeta después de él hasta los días del nuevo testamento; pero su mensaje fue una dura reprensión al pecado fragrante entre los sacerdotes y el pueblo.

En los capítulos 1 y 2 el profeta arremete contra la infidelidad de los sacerdotes y del pueblo, los cuales se habían divorciado de sus esposas para casarse con mujeres gentiles, quebrantando así el pacto del Señor. Además de eso, ellos también habían pervertido el sistema de sacrificios (Cap 2) trayendo al altar sacrificios que no eran de acuerdo a o que Dios había mandado, técnicamente ellos estaban ofreciendo a Dios cualquier cosa y eso estaba mostrando lo que ellos estaban pensando de Dios.

Ya en el capítulo 3 Malaquías hace un anuncio futuro de la venida de un mensajero que prepararía la venida del Ángel del pacto, en una referencia clara a Juan el Bautista como el que prepararía el camino para el Señor; pero Malaquías advierte, que la venida de este Mesías sería para juicio si ellos no se volvían de su pecado. Malaquías anuncia que vendría alguien que sería una ofrenda grata a Dios:

Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos. (v4)

Pero en los vv 6-12 Malaquías se ocupa de lidiar con quizás el problema más grande de la nación y es en eso pasajes en los que nos concentraremos en esta ocasión.

veremos como Dios reprende el pecado del pueblo (vv6-9), los llama al arrepentimiento (vv10) y promete restauración (vv11-12)

Dios reprende el pecado del pueblo

Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?  ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

Dios comienza haciendo una mención a su misericordia. Que la gravedad de su pecado es tan grande que la única razón por la cual no ha acabado con la nación es por su fidelidad al pacto hecho a Abraham. Ya en el capítulo 1 él les había recordado su amor cuando los escogió soberanamente.

Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, (Mal 1:2)

Pero él aún había rechazado ese amor respondiendo de manera arrogante “¡en que nos has amado?”

(No puedo dejar de pensar en la seguridad que tenemos en Cristo, entendiendo que nuestro pacto está guardado en nuevas y mejores promesas; hay una razón mayor por la cual nosotros seremos preservados hasta el fin, su amor está ligado a su fidelidad)

Así que Dios comienza su reproche contra el pecado de la nación.

  1. Se habían apartado de las leyes de Dios dándole la espalda
  2. Ellos habían robado a Dios dejando de llevar los diezmos
  3. Ellos habían robado a Dios dejando de presentar ofrendas

Dios está enojado con la nación por haberle robado. Pero ese enojo de Dios no es un enojo caprichoso. No es como alguien que castiga a otro porque le tomó algo sin su permiso. Dios es dueño de todo (Sal 24: 1; Hab 2:8), aun cuando nosotros nos quedemos con algo que no nos pertenece, todo sigue siendo de él, ¿entonces qué le habían robado? Notemos como Dios pone las Palabras “Diezmos y ofrendas” juntas. No es porque se esté refiriendo a dinero, sino por algo mucho más grave.

Dios desde el antiguo testamento había ordenado que los Levitas dependerían, por la naturaleza de su labor, de lo que las otras 11 tribus dieran como impuesto (diezmo) y ofrendas:

Más los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel. Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad. (Num 18:23-24)

Pero la nación había descuidado esta responsabilidad. Ellos habían dejado de proveer para la casa de Dios y por tanto todo el sistema de sacrificios estaba ahora comprometido. Esto ya había sucedido antes, después de la reconstrucción del templo por mano de Zorobabel, el pueblo descuidó la provisión hasta el punto que las bodegas que debían ser para almacenar el grano se habían convertido en el hogar de una familia. Esto llenos en Nehemías 13:7-12:

… y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios. Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso. Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les habían sido dadas, y que los levitas y cantores que hacían el servicio habían huido cada uno a su heredad. Entonces reprendí a los oficiales, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus puestos. Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes.

Tal era la situación ahora.

¿Vemos ahora por qué Dios está tan airado? ¡Se trataba de los sacrificios, de las ofrendas! No había nada ofreciéndose en el altar como adoración., ¿A quién estaba honrando el pueblo ahora? ¿Cómo es que cínicamente preguntaban en qué te hemos robado? En el capítulo 1 Dios mismo dice por medio del profeta:

El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?

Dios llama al pueblo al arrepentimiento

 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Una vez evidenciada la gravedad del pecado Cristo llama al pueblo al arrepentimiento y a volver a hacer las cosas según la ordenanza. A volver a traer el grano para que los levitas vuelvan de nuevo a su oficio y se reactive el sacrificio y la ofrenda. Dios no está hablando aquí de dinero, pero si está implícito el principio de cómo los recursos físicos del pueblo de Dios son usados para llevar a cabo sus planes espirituales.

Dios desafía al pueblo a hacer su voluntad. Los cielos se habían cerrado, no había lluvia ni cultivos, pero el Señor promete dar al pueblo en abundancia para que puedan ocuparse de su casa.

Dios promete restauración

Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos

Finalmente, Dios promete una restauración que depende del arrepentimiento. Él ya no permitiría que sus cosechas fueran atacadas por insectos que les devoraban el fruto, mostrando claramente el control Soberano de todas las cosas creadas. Sus campos de trigo, sus cultivos de uvas y todo lo demás sería restaurado y por supuesto, la gloria de Israel ante las demás naciones.

En el antiguo tiempo los pueblos medían el beneficio de las deidades que adoraban por el éxito que tenían en sus cosechas, así que Dios promete que Israel sería un testimonio del favor de Dios ante todas las naciones.

Malaquías y el evangelio

Ahora debemos preguntarnos ¿Cuál es la relevancia de eso para nosotros? He insistido en que el enojo de Dios no es porque no le estén dando dinero, es porque el pueblo estaba amostrando que no había dolor por el pecado. Había un pobre concepto de Dios y por tanto un pobre concepto del pecado. No había urgencia por buscar la remisión por medio de las ofrendas que se ofrecían en el altar.

Este cuadro de Malaquías es relevante porque deja claro que ese era un sistema defectuoso. Se necesitaba de un sacerdote sin pecado y perfecto, de un sacrificio sin defecto y de un templo que pudiera sostenerse a sí mismo. De un sacrificio que nunca cesara; si Malaquías terminara de esta manera habría dejado una gran desesperanza para la nación, pero Dios termina prometiendo una redención futura.

En el capítulo 4 leemos:

Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. (vv 1-2)

Antes de esa salvación habría de venir uno en el poder de Elías, llamando a los hombres al arrepentimiento, a preparar el camino para el gran salvador y es exactamente, así como comienza el Evangelio de Marcos:

Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo (Mc 1:7-8)

¿Pueden ver al salvador aquí? Él es la luz del faro en medio de la tormenta, la esperanza en medio de la desesperanza, la perfección después del caos.

Israel estaba en maldición por abandonar la ley de Dios como también nosotros y ellos son llamados a llevar alimento a la casa de Dios para que así pudieran ofrecerse los sacrificios por sus pecados y Dios pudiera llamarlos bienaventurados. Oh, pero nosotros, ya no somos llamados a ofrecer esos sacrificios, Cristo lo fue por nosotros y ahora, somos llamados bienaventurados; hemos recibido su favor, nos ha alumbrado el sol de justicia. ¡Aleluya!

Amigo: Si usted aún no tiene a Cristo, usted como Israel sigue en maldición, ya no hay sacrificios que puedan pagar por su pecado. Lleva los diezmos pudo resolver el problema para Israel, pero no lo hará con usted hoy. Usted debe confiar en Cristo hoy para salvación. Él fue nuestro sacrificio y en él todos los que creemos somos perdonados recibiendo así el gozo de ser librados del pecado y la muerte.

Hermano: Él ha sido nuestro sacrificio y aunque ya no vivimos por nuestras obras, si somos llamados a seguir adorando con todo nuestro ser, en agradecimiento y para su Gloria.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional (Rom 12:2)

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. (Heb 10:19-22)

Vivamos para la Gloria de aquel que se despojó de ella para morir en nuestro lugar. Sea bendito nuestro Salvador.

 

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