La riqueza de la redención

Estamos considerando en los primeros versículos de la carta a los Efesios, la manera en que el apóstol Pablo agradece por las bendiciones recibidas en Cristo Jesús; bendiciones que provienen de la naturaleza misma de Dios, unas de ellas dadas desde el tiempo pasado, tiempo presente y futuro.

Hemos analizado los versículos 3-6 donde Pablo da gracias al Señor por la bendición y la riqueza que representa haber sido escogidos antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y adoptados por él como sus hijos.

Pero ahora, en esta segunda parte de la oración, el apóstol nos trae del paso al presente, de los lugares celestiales a la tierra, de la obra del Padre a la obra del hijo.

La oración continúa en una acción de gracia por las riquezas que Dios nos ha dado en Cristo Jesús por medio de dos cosas básicamente: la redención que involucra el perdón de nuestros pecados, y la sabiduría para entender el plan que él se propuso en Cristo Jesús.

Pensemos en estos primeros versículos de Efesios como un gran banco espiritual cuya bóveda principal es Cristo Jesús, en él Dios ha depositado todas las riquezas de su gracia para nosotros en gran abundancia. Hemos estado sacando de ese tesoro ya. Vimos las riquezas de la elección, la predestinación, la adopción como hijos y hoy volveremos a ella para ver más de esas riquezas.

Lo que vamos a hacer en esta mañana, es considerar este segundo elemento de la oración de Pablo, a la luz de tres encabezados, relacionados con la riqueza de la obra de Cristo: (1) La riqueza de la redención (2) La riqueza de su sabiduría y (3) la riqueza de su herencia

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