EN Mateo encontramos una historia contada en parábolas, muy corta pero cargada de significado. Se trata de un hombre que encontró un tesoro en un campo, así que contento por su hallazgo, vendió todo lo que tenía y compró todo el campo.

El propósito de la parábola es mostrarnos a nosotros el gran valor del reino de los cielos y lo que implica para aquellos que quieren alcanzarlo, renunciar a todo lo que consideran valioso. Pero en el hipotético de que la historia fuera real, ¿han pensado en todo lo que perdió el dueño de ese campo, el vendedor, por no saber que era dueño de un gran tesoro?

Creo que esa es una descripción de la trágica realidad de la iglesia de hoy. Vive en miserias espirituales porque no conoce el gran tesoro depositado en Cristo Jesús para ellos.

En los versículos 3—14 Pablo ha elevado una oración en la que bendice a Dios por las bendiciones espirituales y riquezas que tenemos en Cristo, a este tipo de oración es lo que llamamos Doxología.

En efecto, en Cristo tenemos: Elección antes de la fundación del mundo, redención, perdón de pecados y una herencia gloriosa garantizada por el mismo Espíritu de Dios en nosotros, así que, en los versículos siguientes, los que hoy consideraremos, lo que hace pablo es continuar con su oración, esta vez introduciendo una nota de agradecimiento al Señor por los herederos de las riquezas de Cristo y al mismo tiempo una intercesión para que los herederos conozcan profundamente dichas riquezas.

Veremos nuestro texto entonces a la luz de tres encabezados: (1) La gratitud por las riquezas en Cristo, (2) La intercesión para conocer las riquezas en Cristo y (3) La encomienda de administrar las riquezas en Cristo

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