Una de las cosas que más golpean nuestra vida es tener que enfrentarnos a un diagnóstico trágico o negativo al respecto de nuestro saludo. Algunas personas incluso dicen: no soy de los que van a médicos, no me gusta que me den malas noticias; sin embargo, algunas de esas noticias serán inevitables, sobre todo cuando vamos enfrentando el deterioro de este cuerpo físico, ya sea por los años o alguna calamidad repentina.

Sin embargo, la primera reacción cuando se tiene un diagnóstico no deseado es: ¿hay alguna solución? ¿qué podemos hacer? Generalmente es una pregunta sincera, desesperada pero honesta, queremos que nos digan qué podemos hacer para remediarlo y si tiene alguna cura.

En los versículos anteriores nosotros hemos contemplado un diagnóstico terrible, pero no sobre algo físico, ni siquiera sobre una enfermedad grave, es un diagnóstico de muerte y muerte espiritual y ante la pregunta ¿qué puedo hacer? La respuesta es: NADA.

Esto parece malo, muy malo; sin embargo, aquí es donde viene la buena noticia, la buena nieva del Evangelio, nosotros no podemos hacer nada, PERO DIOS sí.

El tema abordado por Pablo ahora es acerca de cómo Dios es quien resuelve en la salvación y por la Gracia, el problema de la muerte en pecado de los hombres.

Así que veremos nuestro texto a la luz de tres encabezados: (1) La fuente de la gracia, (2) el trabajo de la gracia y (3) el motivo de la gracia.

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