Mateo 5:1-2

No cabe duda que la sección que a partir de hoy estudiarnos comprende uno de los fragmentos más conocidos y al mismo tiempo hermoso de todas las Escrituras.

Los capítulos 5-7 del evangelio de Mateo ha sido objeto de estudio de los teólogos por lo que ha recibido varios nombres: Agustín lo llamó en los primeros siglos El sermón del monte, que es el nombre con el que popularmente se ha conocido, sin embargo ha habido otras menciones:

“El manifiesto antifarisaico”, “Un diseño para la vida”, “Las enseñanzas en la colina”, “La carta magna del reino”, “La ética del reino”, “El discurso de ordenación de los apóstoles”, “El compendio de la doctrina cristiana”, “La constitución del reino de Dios”, “El puro evangelio” y “La ley del reino”.[1]

Algunos de estos títulos pueden ser acertados, pero otros sin duda son erróneos al tratar de confinar su mensaje a temas que no tienen que ver con la intención real del Señor.

Por ejemplo; muchos han dicho que el sermón del monte es lo que una persona debe hacer para ser salvo, pero sabemos que la salvación no es por obra. Esto más bien es un llamado a cómo deben vivir en el reino los que ya están en él.

Como quiera que queramos identificarlo debemos estar en plena disposición de recibir su enseñanza como relevante y útil para nosotros.

Antes de entrar al Sermón  hemos de observar algunos aspectos generales como su contexto, el predicador, la ocasión, el mensaje y los destinatarios.

El contexto del sermón

Para poder entender las implicaciones de las Palabras de Jesus para nuestro tiempo, es indispensable que observemos algunos detalles históricos y teológicos a fin de situarnos en el contexto correcto.

Israel había vivido cerca de 400 años de silencio después de la predicación del último de los profetas. Durante ese periodo, la nación había pasado por momento turbulento en términos religiosos y políticos. Había pasado de ser una nación llena de gloria en los tiempos de David y Salomón a ser avasallados por imperios malvados que influenciaron su idioma, sus costumbres e incluso su adoración.

Mucho se escribió al respecto de la esperanza que había sido prometida por Dios a los profetas. Algunos de esos escritos son considerados hoy para de algunas biblias aunque carecen de autoridad; sin embargo, al revisar el contenido de esos libros notamos que ellos anhelaban la venida de un rey que los libertara de la esclavitud y de la incertidumbre por la que atravesara.

Esa era la realidad histórica en la que nace el Mesías. El evangelio de Mateo tiene como propósito entonces mostrar a Cristo como ese Rey que vendría. Desde su genealogía, su nacimiento donde fue adorado como Rey y los comienzos de su ministerio los cuales estuvieron caracterizados precisamente por ese anuncio: “arrepentíos y convertíos porque el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt 4:17)

Antes que él hiciera su aparición pública ya había un heraldo preparando el camino. De la misma manera en que un rey enviaba emisarios que prepararan el camino para cuando el emprendería viaje, quitando piedras y estorbos del camino; Juan el Bautista fue enviado cumpliendo precisamente esa función pero en términos espirituales.

Así pues, la aparición de Cristo en escena, no es más que la aparición misma de un Rey y el sermón del monte es la proclamación de sus demandas y normas de su reino.

Imaginemos por un momento las trompetas sonando, las banderas cayendo desde la parte alta de las ventanas y en balcón principal un Rey aparece con un pergamino en su mano con la multitud de súbditos en la plaza, dispuestos a oír sus promulgaciones; eso es exactamente lo que está sucediendo en esa montaña, solo que no hay tal parafernalia, pero si la autoridad imponente del Rey del universo.

La ocasión

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.

Los inicios del ministerio de Cristo estuvieron caracterizados por la predicación incansable de la Palabra, así como las sanidades, lo que hizo que rápidamente la fama de Jesús creciera  (Mt 4:23-24) y muchos le siguieran. Es allí donde Jesús aprovecha, al ver la multitud que le seguía para subir a una montaña y allí enseñarles.

No sabemos con exactitud cuál es el lugar en el que Cristo enseñó, lo que sabemos es que se trataba de un monte cerca de Capernaúm.

Algunos parecen sugerir errores de discrepancia puesto que Lucas ubica el sermón a la mitad del ministerio de Cristo y Mateo al comienzo. Lucas enfatiza que ya los doce habían sido ordenados por lo que notamos que la intención de Mateo no es presentar un relato cronológico sino sistemático e introductorio de su evangelio.

El predicador

Algunos han sugerido que el autor del mensaje pudo no haber sido Jesús, pero creo que las evidencias internas hacen que esa acusación no resista ni siquiera el más mínimo debate. Es Jesús mismo quien se presenta como Rey y quien habla con autoridad de sus enseñanzas.

Su autoridad.

La biblia dice que después que él sube al monte, se sentó. Esa expresión no puede pasar desapercibida a nosotros.

El acto de sentarse era considerado como un ejercicio de autoridad. Cuando un Rabí o Maestro de la Ley se sentaba, lo que se entendía era que lo que iba a salir de su boca eran promulgaciones y mandatos que debían considerarse con seriedad.

Jesús hizo eso en Lucas 4 cuando leyendo Isaías 61 se sentó en la sinagoga de Nazaret en la cátedra del Mesías y presentándose como el cumplimiento de esa profecía. Los ojos de la gente estaban sobre él.

Pero a diferencia de los Escribas y Fariseos, su autoridad no era externa. Él no tenía que citar a nadie, su autoridad era el mismo. Es por eso que durante el sermón escuchamos con frecuencia la frase: oísteis que os fue dicho; PERO YO OS DIGO. Ese es él hablando con autoridad propia.

Su carácter

Pero la autoridad de Cristo no estaba dada solo por la misión que se le había encomendado, sino por su carácter mismo. Jesús pudo hablar con detalle de asuntos que ningún otro ser habría podido mencionar sin hacer alusión a sí mismo. Él hablo de la lujuria de los ojos porque él nunca pecó por eso; habló de amor al dinero porque nunca puso su corazón en él; habló la oración, porque nadie oraba como él. Su autoridad estaba dada por su carácter.

El mensaje

El contexto religioso de la época en la que Cristo aparece en escena no era menos caótico que el político. Había entonces al menos 4 grupos religiosos que coexistían para la época, con diferencias significativas entre ellos, pero todos con algo en común: una religión basada en asuntos externos y materiales.

Por un lado los fariseos creían que el camino a Dios era por medio de rituales y ordenanzas propias de la tradición.
Por otro lado los saduceos; estos creían que la vida n era más que un asunto temporal. Era más intelectuales y racionalistas. No creían en la resurrección ni en los ángeles, tampoco en los milagros; su concepto de la vida era materialista y temporal.
También los esenios quienes habían surgido, según se cree, en el siglo II y sostenían un estilo de vida ascetista; apartado de la sociedad con estrictas normas como comunidad.
Y por último, los zelotes, quienes eran caracterizados por el activismo político y la revolución social.

Como vemos todos ellos sostenían maneras propias de agradar a Dios de acuerdo con sus acciones, de modo que el mensaje del reino de Cristo es principalmente a que los ciudadanos de su Reino tienen una nueva manera de vivir, una nueva forma de conducirse entre los demás. El mensaje del Sermón del monte es un llamado a ser diferentes.

Algunos comentaristas sugieren que el hecho de que Cristo haya subido a un monte es simbólico y contrasta con que la ley de Moisés también fue dada en una montaña. Al mismo tiempo; Dios promulgó en Sinaí las leyes para que la nación de Israel fuera Santa, apartada, diferente a las otras naciones, y parece que ese es exactamente el propósito de Jesus en este sermón.
Hay un llamado continuo a ser diferentes al mundo, a los gentiles, a los fariseos; a no orar como ellos, no amar el dinero como ellos, no perder el sabor mezclándose con ellos etc.

Como bien señala John Stott, a quien por cierto citaré varias veces en esta serie:

El Sermón del Monte, entonces, debe verse en este contexto. Retrata el arrepentimiento  y la justicia que pertenecen al reino. Es decir, describe cómo se ven la vida y la comunidad humanas cuando se encuentran bajo el régimen de la gracia de Dios. ¿Y cómo se ven? ¡Diferentes! Jesús hizo hincapié en que sus verdaderos seguidores, los ciudadanos del reino de Dios, deberían ser completamente diferentes de los demás.

Durante los próximos meses en los que os sumergiremos en este sermón; el llamado será continuo a la santidad y a apartarse de la maldad. Tal como dice Mt 6:8 NO HAGÁS SEMEJANTES A ELLOS.

La demanda del rey para su reino es que los que pertenecen a él deben vivir una vida singular, una vida apartada.

Mal entender el mensaje del sermón puede ser peligroso. Alguien puede pensar que se trata de meras demandas morales que deben guardarse para ser salvo. Otros quizás puedan pensar que ante la imposibilidad de poder vivir a la luz de estas demandas de manera perfecta, entonces es porque estas demandas son para un reino futuro y así no es obligatorio vivir a la luz de ellas. Sin embargo, lo que es claro es que aunque estas demandas son imposible de cumplir a la perfección, representan el estándar de Dios para los que  pertenecen a su reino aquí y ahora. Ciertamente esperamos la consumación de un reino futuro de perfección total, pero aquí se nos es anticipado el carácter de ese reino y nosotros debemos considerarlo como tal y vivir a  luz de él con ayuda del Señor.

Los fariseos creían que podían agradar a Dios por sus obras, pero Cristo les revela que más allá de la ley externa está el corazón; y nosotros, al ser evaluados a la luz de estas demandas, notamos que nuestro corazón sigue en una batalla continua contra el pecado y que necesitamos al Señor Jesús continuamente. Si hay algo  a lo que debe llevarnos este sermón, es a pie de la cruz, a la dependencia de Cristo todos los días de nuestra vida.

Los destinatarios

En cuanto a los destinatarios, ha habido debate acerca de si se trata de los discípulos solamente o de toda la multitud que seguía a Cristo. La clave para responder esto es notar el lenguaje que Cristo utiliza y os datos que no son dado al principio.

Viendo la multitud. Parece ser que la intención de Mateo es resaltar que la multitud es la que motiva a Cristo a la enseñanza. Ver que ya tenía muchos seguidores. Pero aún más. En el capítulo 7, en el cierre del sermón Jesús dice: a cualquiera que me oye estas palabras y las hace. Eso amplía el rango de acción de los destinatarios hasta nosotros.

Estas demandas de Cristo acerca del Reino de los cielos, son para aquellos que pertenecen y han de pertenecer a su Reino. Son sus leyes y la justicia de quienes se conducen en él.

Conclusiones:

  • El sermón del monte es la promulgación de un Rey cuyo reino era espiritual y no terrenal como Israel lo esperaba.
  • Las demandas de su reino no eran externas sino internas, del corazón de adoración verdadera y no de mera observancia d normas
  • El mensaje del sermón del monte tambie´n muestra nuestra incapacidad de vivir conforme al perfécto estándar de santidad de Dios y eso nos motiva a ir al Señor continuamente para buscar misericordia.
  • El sermón del monte es un reto para nosotros. Es la regla que nos permite medir si la fe que proclamamos se corresponde con la realida. Es una regla objetiva que al mismo tiempo mpide que nos gloriemos de nosotros mismos.

[1] Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. . (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Mateo (1. ed., p. 85). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

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