Texto: Santiago 5:13-20
Predicador: Jacobis Aldana
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A través de su orfanato en Bristol, George Müller cuidó al menos a 2000 huérfanos en un momento dado —más de 10.000 durante toda su vida—. Sin embargo, él nunca dio a conocer las necesidades de sus ministerios, excepto al Señor en oración. Solo a través de sus reportes anuales la gente pudo conocer, después de los hechos, las necesidades que habían tenido el año anterior y cómo el Señor había provisto.

Müller registró en sus diarios alrededor de 50.000 oraciones específicas contestadas, 30.000 de las cuales dijo que fueron contestadas el mismo día o a la misma hora en que oró por ellas. Piénsalo: ¡esto es 500 oraciones contestadas por año —más de una por día— todos los días durante 60 años! El Señor canalizó a través de las manos de Müller más de medio billón de dólares (en dólares de hoy) como respuesta a sus oraciones. [1]

Contexto:

En los versículos anteriores Santiago ha exhortado a los ricos que con una mentalidad mundana a que no trataran a los pobres de manera despiadada mostrando su amor por las riquezas, y también exhorta a los hermanos que padecen en manos de esos ricos, a no pecar por murmuración, ni por desánimo ni jurando en vano.

En los versículos que consideraremos las palabras del pastor van encaminadas a descansar en el poder de la oración. Muchos hermanos que padecían por la persecución y la difícil situación económica que en ocasiones asediaba, su única esperanza es la obra del Señor a través de la oración.

Veremos este texto a la luz de tres encabezados: El poder de la oración (v13-16); El poder de la oración ilustrado (v17-18) y una exhortación final (v19-20)

 El poder de la oración manifestado

Santiago quiere resaltar la importancia de mantener la comunión como hermanos en la oración. La frase “entre vosotros” evidencia cuál es la intención del auto.

No hay nada que puede ser más efectivo en la vida de la iglesia que orar. Esa era la característica de los primeros cristianos, ellos perseveraban en la oración (Hech 2:42). No puede sobrevivir una iglesia sin la oración corporativa.

La oración como fuente de ánimo

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.

Como mencionamos al principio, los hermanos estaban pasando por tiempos de intensa tribulación por causa de las persecuciones y también por parte de los ricos, a ellos no sólo se les exhorta a esperar pacientes en el Señor, sino a orar.

Muchas veces, cuando perdemos el ánimo a causa de las pruebas lo primero que hacemos es abandonar la oración, pero esto no debe ser así; antes por el contrario, las pruebas deben acercarnos más al Señor en oración y comunión intensa.

Por otro lado, también Santiago anima a los hermanos que están alegres, a los que por alguna razón no padecen, no a que se jacten, como lo harían los mundanos, sino a que ore, a que ore cantando (salmodiando)  entonando salmos y rindiéndose completamente al Señor.

Ninguna situación debe apartar al cristiano de la oración personal, y menos de la oración corporativa (el culto).

La oración como fuente de salud

¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará;

Por causa de las persecuciones no sólo habían desanimados, sino enfermos. No cabe duda que la disciplina del Señor puede manifestarse de muchas maneras (diversas pruebas)  y las más difíciles de sobrellevar son las que tienen que ver con nuestro cuerpo.

Es probable que este texto se esté refiriendo no solo a un problema de salud físico, sino también a algún tipo de decaimiento espiritual, de falta de fuerzas; sin embargo, cualquiera sea el énfasis que demos al pasaje, la oración sigue siendo el antídoto.

A propósito; este texto ha sido muy abusado a lo largo de la historia de la iglesia. Los católicos romanos, por ejemplo, usan este texto para justificar su doctrina sacramental de “la extremaunción” la cual consiste en la remisión de pecados de un enfermo por medio del aceite y una especie de “oración de fe”; sin embargo, no se puede perder de vista el propósito principal del texto, que como dijimos, es evidenciar el valor de la oración corporativa (los unos por los otros).

Incluso hoy, muchos creyentes mal interpretan este pasaje y atribuyen a él una especie de ritual “mágico” para sanar. Los símbolos que allí se representan parecen traer confusiones, pero no puede perderse de vista el contexto, a fin de dar una interpretación correcta:

Llame a los ancianos de la iglesia

Es interesante que Santiago no dice “llame a los médicos”, aunque es obvio que su problema de Salud puede ser resuelto con la ayuda de la medicina, el problema más grande de un enfermo es el estado de su alma y es por eso que los líderes de la congregación deben encargarse de visitarles.

La frase  “oren por él” se traduce mejor como “oren sobre él” lo cual da la idea de la imposición de manos como señal de apoyo, compañerismo, respaldo y comunión; no en ningún otro sentido. No que haya algún poder que salga de las manos de los líderes, o alguna “fuerza negativa” que sea repelida.

Ungiéndole con aceite

Muchos se concentran sólo en esta parte del texto y atribuyen al pasaje un factor mágico. Eso no es lo que este texto enseña y se trata más bien (y en esto los comentaristas no están de acuerdo) en un símbolo  de la obra del Espíritu Santo que obra trayendo convicción sobre el enfermo. Como bien señala Matew Henrry:

La unción con aceite es símbolo de la acción del Espíritu Santo sobre el enfermo: sobre su alma, para hacerle recapacitar sobre sus pecados; sobre su cuerpo, para darle poder y vigor físicos. [2]

Aunque ciertamente el aceite también pudiera ser una recomendación de Santiago para aliviar las dolencias físicas, consciente de que éste era usado por los judíos para aliviar ciertas enfermedades. Al respecto Matew Henrry sigue diciendo:

No ha de dejarse a un lado la acción curativa del aceite. Dice Salguero: «En la antigüedad era conocida la virtud terapéutica del óleo, sobre todo en los países cálidos, en donde ayuda a desengrasar y a regularizar la transpiración, y también a limpiar y suavizar la piel. Los judíos tenían en gran aprecio el óleo como remedio contra las enfermedades (cf. Is. 1:6; Jer. 8:21 y ss.; Lc. 10:34).[3]

En tal caso, si se trata de medicina real, la aplicación práctica es que los ancianos y la iglesia deben animar al enfermo a tener fe, pero también a ser diligente con su salud en términos médicos. Dios puede obrar de muchas maneras; sea por medio de médicos o sea de manera sobrenatural, en ambos su acción milagrosa está presente (ver Ejemplo de Isaías y el rey Ezequías – Isaías 38:21)

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará

Este texto es central: “la oración de fe”. No se está refiriendo a una oración en especial, con algunas palabras específicas. Más bien se refiere a una oración que comprende a Dios como la fuente de todo bien o mal. La oración de fe es la que descansa en la soberanía de Dios. Si el Señor lo levanta, amén; y si no lo levanta, amén también. La oración de fe es sin condiciones e invoca la soberanía de Dios.

La palabra para salvar (sodso) es posible que se esté refiriendo a salvarlo de las consecuencias de la enfermedad, a librarlo del problema de salud y no propiamente a la salvación del alma, la cual solo viene por medio de la fe en Cristo Jesús.

Por otro lado, la palabra “levantará” nos recuerdo el poder del Señor para reincorporar a sus hijos. Es la misma palabra empleada para resucitar (egeiro) y es en el sentido de levantarlo física o anímicamente.

La oración como medio para el perdón de los pecados

Y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Todo parece indicar, al menos a la luz de este pasaje, que las enfermedades pueden estar ligadas a la falta de confesión de pecados. No de manera mística, sino más bien como parte de la disciplina del Señor para traer al pecador al arrepentimiento (ver el caso de inmoralidad juzgado en 1 Cor 5: “el tal sea entregado a satanás para destrucción del cuerpo, a fin de que su lama sea salva”).

Los católicos también han usado este pasaje para justificar la confesión ante los sacerdotes, ligándolo al acto de “llamar a los ancianos” (Concilio de Trento, sesión 14, cap. 5) y lo llama “El sacramento de la penitencia”.

Sin embargo, incluso teólogos católicos como Agustín de Hipona (siglo v) y el cardenal Cayetano, en el siglo xv, han sostenido que no se trata de la confesión sacramental —Contradiciendo el mismo dogma católico— Dice Cayetano, en su comentario a esta epístola: «No se trata aquí de confesión sacramental (como consta al decir «confesaos mutuamente»; la confesión sacramental no se hace mutuamente, sino sólo a los sacerdotes), sino que se trata de la confesión por la que mutuamente nos confesamos por pecadores, para que se pida por nosotros, y de la confesión de las diversas faltas en orden a la apaciguación y reconciliación»[4]

La idea es que debe descartarse que se trate de una confesión a un sacerdote porque el texto dice “los unos a los otros” (mutuamente) y los sacerdotes no se confiesan con sus ovejas.

El Poder de la oración Ilustrado

Como toda buena enseñanza de Santiago, siempre hay una ilustración. En este caso el toma el ejemplo de un viejo conocido; Elias. Muchos hermanos podían estar pensando, quizás por el desprecio al que se exponían por parte de una clase de creyentes que se creía superior, que Dios no los oía, o que sólo escuchaba a cierto tipo de personas. Pero deja claro el autor, que Elías era un hombre semejante a nosotros, no un ser sobrenatural ni nada por el estilo, y él vió el poder de la oración en su vida.

Elías oró a Dios para que no lloviera y no llovía y luego oró para que hubiese lluvia, y ciertamente la hubo. Dios por medio de la oración puede afligir y consolar. La oración tiene el poder de humillar al altivo y exaltar al humilde, para algunos deja de llover, pero para otros llueve.

Pero sobre todo, Elias es un ejemplo de oración ferviente, perseverante. Él envió a su criado 7 veces, hasta que subía una nube como el tamaño de la palma de la mano de un hombre.

Los creyentes debemos creer a ese poder y descansar en él. Ni importa en cuanto desánimo nos encontremos. Debemos creer que el Señor obrará con poder.

Moisés clama a Dios, y el mar es dividido; Josué ora, y Acán es descubierto; Ana ora, y nace Samuel; Asa ora, y gana una victoria; Daniel ora, y le son reveladas las setenta semanas; Mardoqueo le ordena a Ester que ayune y ore, y Amán muere en la horca que él mismo había mandado levantar para Mardoqueo; Nehemías ora, y el corazón del rey se ablanda en un minuto; Elías ora, y la lluvia desciende a la tierra; Eliseo ora, y el Jordán es dividido; Eliseo ora, y un niño resucita; la iglesia ora ardientemente, y Pedro es libertado por un ángel; Pablo y Silas oran y cantan, y las puertas de la prisión les son abiertas y caen las cadenas de todos los presos. Hay millares de ejemplos que manifiestan el éxito de la oración.[5]

Una exhortación final

Ningún sermón terminaría bien si no concluye con un llamado al arrepentimiento. Muchos de los hermanos a los que Santiago escribe, estaban pasando por situaciones realmente comprometedoras y debían arrepentirse de su pecado.

Santiago anima a los demás, a alentar a los extraviados a volverse de su erro. De un camino de muerte.

Esta exhortación tiene el mismo sentido de Gálatas 6:1-3:

Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo

Conclusiones:

  • La fe verdadera soporta la prueba
  • La fe verdadera se hace evidente por sus obras
  • La fe verdadera refrena la lengua
  • La fe verdadera se guarda sin mancha del mundo
  • La fe verdadera espera al Señor
  • La fe verdadera persevera en la oración

Si alguno va en camino distinto a la fe genuina, ¡Vuélvase ahora! Detenga sus pies, el camino que parece recto tiene como fin la muerte; si se arrepiente, el Señor le perdonará

 

¡Solo a Dios Gloria!

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[1] Don Whitney  – Del libro “Orando la Biblia”

[2] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1838). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

[3] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1838). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

[4] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1839). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

[5] Lerı́n, A. (2000). 500 ilustraciones (p. 294). El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones.

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