Texto: 1 Ped 1: 13- 2: 3
Predicador: Jacobis Aldana
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Introdución: En 1844 el filósofo Alemán y promotor del pensamiento ateo, dijo lo siguiente: “La religión es el opio de los pueblos”.  La cita aparece en la publicación de Marx Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel y aunque ha sido objeto de estudio por largos años, parece que a lo que Marx se refería era a una crítica acerca de cómo la religión hacia que los hombres se mantuvieran en este mundo sin preocuparse realmente por lo que les rodeaba, refiriéndose a las injusticias sociales y de clases (probablemente). Dijo también:  “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma” para Marx, las personas que tenían una religión era como si estuvieran drogadas, como si su mundo no existiera.

Por supuesto, la idea de Marx es una caricatura de la religión que el aborreció; sin embargo, hay un aspecto positivo allí: para Marx, la religión le daba a los hombres una esperanza —según la falsa— y por eso vivía tan tranquilo; lo que eso quiere decir es que lo que el hombre cree afecta su conducta.

Olvidándonos de Marx; es cierto que nuestras actitudes determinan nuestras acciones. La manera en que nosotros enfrentamos los problemas, por ejemplo, determinará la manera en que reaccionamos a ellos., De la misma manera, la actitud de quienes retienen la esperanza de ser librados del sufrimiento, condicionara sus acciones; pero contrario a lo que pudiera pensarse, quien tiene la esperanza en Cristo, no va a reaccionar de manera fatalista esperando a que el día legue. No. Antes por el contrario, la persona que espera en Cristo persevera en la santidad y vivir para agradar a Dios.

Ese es el tema de Pedro en la porción que consideraremos. Los creyentes que sufren han sido escogidos por Dios para nacer de nuevo y tener una esperanza futura, segura y que produce gozo; pero mientras esa esperanza se manifiesta, esos creyentes de crecer en santidad.

Pedro anima a los creyentes a prepararse para vivir en obediencia al adoptar una nueva manera de pensar. El precio que se pagó por la redención de los creyentes demanda reverencia y obediencia. Ésta involucra purificarse uno mismo y practicar la vida santa.

Esperar en santidad (v 13-17)

En este texto el Apóstol Pedro conecta la enseñanza de que hemos sido elegidos para una nueva vida de parte de Dios y que eso debe traducirse en algo práctico. El uso de las palabras por tanto  dejan ver el cambio en la manera de dirigirse a los suyos tomando un tono más imperativo.

Pedro utiliza cinco exhortaciones para llamar a los hermanos que estaban a punto de padecer persecución a que deben esperar pacientemente en el Señor mientras practican una vida Santa.

De los 5 verbos dos de ellos son mandatos expresos o imperativos ( Esperad sed santos) y los otros tres son participios que están ligados a las acciones principales.

La idea del Apóstol es esta: —Deben prepararse mentalmente y estar lúcidos para esperar al Señor. Y también, deben dejar de conformarse a los deseos pasados para ser Santos—

Ceñid los lomos de vuestro entendimiento

La frase ceñid los lomos  es usada con frecuencia en las escrituras. Se trata de una práctica en la que un hombre, que usualmente vestía túnicas largas, recogía el largo de la falda para amarrarlo a su cintura con un cordón y así tener mayor libertad de movimiento en su trabajo o para correr. Ceñir los lomos es sinónimo de prepararse o disponerse diligentemente para algo. En este caso, disponer el entendimiento. De hecho, la NVI traduce: “dispónganse para actuar con inteligencia”

Las batallas del creyente en el sufrimiento se dan mayormente en su mente. Lo que Pedro les está diciendo es: “prepárense sicológicamente para lo que vienen”. No cabe duda que el sufrimiento es algo que debemos lidiar con mucho entendimiento; sobre todo sabiendo que hemos sido escogidos por Dios y que al final todo obrará para bien en nosotros (Rom 8:28). Es cierto que es más fácil decirlo que hacerlo, pero una buena actitud traerá como resultado una conducta correcta.

Sed sobrios

Los creyentes no sólo deben preparar su mente; también es necesario estar lúcidos. El alcohol suele hacer que las personas pierdan la razón y actúen de manera incoherente y vergonzosa, pero Pedro exhorta a los hermanos a estar siempre lúcidos, teniendo dominio propio y no reaccionado de manera alocada.

Muchas personas cuando enfrentan el sufrimiento suelen tomar actitudes descontroladas, pero eso no debe hacer parte de alguien que espera pacientemente en el Señor.

Esperen en Jesucristo

El propósito de esa  preparación mental no es otro que mantener clara nuestra esperanza en el Señor. Las pruebas pueden hacer que perdamos el foco y suframos más de lo necesario al mirar esto temporal y partir la mirada de Cristo; pero debemos pedir al Señor que siempre nos de la sabiduría y el entendimiento suficiente para aguardar firmes en la fe.

No os conforméis a este mundo

El resultado de toda esa preparación mental que hemos mencionado anteriormente, es que seremos cristianos que en medio del sufrimiento no sólo esperan al Señor con paciencia, sino que los esperan siendo santos. Viviendo como hijos obedientes y no en la ignorancia de la cual fueron rescatados.

La característica de la nueva vida es que nuestra manera de pensar y nuestras acciones son distintas. El cristiano genuino no se porta como mundano cuando padece, no vuelve atrás; todo lo contrario, se mantiene cada vez más firme aguardando la esperanza de la gracia del salvador.

Dios da a sus hijos la capacidad de poder resistir el día malo; ellos son nacidos según Cristo, son hijos de su obediencia y habrá de permanecer hasta el final.

Sed Santos como Dios es Santo

Por otro lado, la razón para esperar en santidad, es la misma santidad de Dios. El entendimiento correcto de la naturaleza de Dios, al menos la que él ha revelado, hará que sus hijos anhelen ser cada vez más semejantes a él. Sabemos que la santidad absoluta no será posible de este lado del cielo, pero “Sed” debe ser una prerrogativa, una prioridad en un cristiano, aun cuando padece.

El costo de la santidad

Los hijos de Dios que andan en este mundo como peregrinos (v17) deben andar con temor, no solo por entender la santidad de Dios, sino por entender también cuál es el precio por el cual fueron comprados y de donde fueron rescatados.

Esperar la salvación del Señor es un gran motivo futuro para andar en santidad, pero al mirar hacia atrás vemos dos motivos más: Nuestros pecados y también vemos a Cristo y su sacrificio

Nuestra vana manera de vivir

Pedro estaba preocupado porque algunos hermanos a causa del sufrimiento contemplaran la posibilidad de volver al mundo, a su vieja vida y es por eso que los exhorta a recordar que esa era una ida vana y de esclavitud. Era una vida conforme a la naturaleza pecaminosa que mora en ellos.  David dijo: He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. (Sal 51:5).

El costo de nuestra redención

Pero si a ellos se les ocurría mirar atrás para contemplar con anhelo su vieja vida, debían también recordar que atrás también murió el Señor para pagar un alto precio para redimirlos. Este es el gran motivo de nuestro deseo de santidad: el alto costo de nuestra redención.

El puritano Tomas Watson dijo al respecto lo siguiente:

Gran poder se vio en crearnos de la nada, pero un poder más grande se ve en ayudarnos cuando éramos peor que nada. Costó más para redimirnos que para crearnos. En la creación hubo sólo el hablar una palabra, Salmo 148:5; en la redención hubo derramamiento de sangre, 1 Pedro 1:19. La creación fue obra de los dedos de Dios, Salmo 8:3; la redención fue la obra de Su brazo, Lucas 1:51. En la creación, Dios nos dio a nosotros mismos; en la redención, Él se nos dio a nosotros. Por la creación, tenemos vida en Adán; por la redención, tenemos vida en Cristo, Col. 3:3. Por la creación, tuvimos derecho a un paraíso terrenal; por la redención tenemos el título de propiedad a un reino celestial. Cristo cambia el séptimo día de la semana al primero, ya que nos recuerda nuestra redención, lo cual es una obra más gloriosa que la creación.

Esta redención fue efectuada antes de la fundación del mundo y eso nos recuerda el compromiso eterno de Dios con nuestra salvación. Si él nos amó aún sin nacer, ¿cómo no nos habrá de guardar hasta el fin? El plan de redención pasado efectuado a favor de nosotros, fortalece nuestra esperanza futura.

Considerar el alto costo de la redención nos lleva a tener una gran razón para conducirnos con temor entre los que nos rodean, una gran razón para vivir para la Gloria de Dios.

Los resultados de la santidad

La santidad que viene como resultado de la esperanza y de mirar hacia a tras nuestro rescate y la obra de cirsto, tiene un resultado evidente en nuestras vidas: Amor a nuestros hermanos (1:22-25); arrepentimiento de pecado  (2:1) y un anhelo por crecer espiritualmente (2:3)

Amor los unos a los otros

Una vida santa no sólo es el deber en cuanto a nuestra relación con Dios, sino también con nuestro prójimo. La NVI traduce el versículo 22 así: Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos, ámense de todo corazón los unos a los otros. La verdadera santidad purifica nuestras intenciones y deseos y eso evidentemente hace que la relación nuestra los unos con los otros sea conforme a la voluntad de Dios.

Todo este amor, esta purificación, ese nuevo nacimiento, es el resultado del poder de la Palabra que ha obrado en nosotros a través del evangelio. Su Eterna palabra obró en nosotros, sigue obrando y obrará por siempre.

Arrepentimiento de pecado

Es cierto que aunque entendemos la necesidad de ser santos, no somos perfecto; sin embargo, debemos caminar en esa dirección. El creyente genuino continuamente esta practicando la santidad y la evidencia es una vida de arrepentimiento continuo.

Anhelo por crecer espiritualmente

La vida de santidad que viene por la palabra, no es un estado definitivo, es un camino y los creyentes deben anhelar caminar en él. Todo cristiano debe desear la palabra de Dios con la cual puede no solo conocerle sino consolar su alma y fortalecerse en la fe.

Así como un niño anhela y desea el alimento de su madre el cual es esencial para un crecimiento normal; así los creyentes deben anhelar la Palabra de Dios; Este texto también traduce (NVI):

Deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación, ahora que han probado lo bueno que es el Señor.

Nuestra carrera de fe no ha terminado con la redención, de hecho apenas comienza, pero la palabra es nuestro sustento.

Conclusiones:

  • Los creyentes debemos prepararnos mentalmente para el sufrimiento; dicha preparación involucra sobriedad y entendimiento de nuestra esperanza en Cristo Jesus, de esta manera nos mantendremos firmes hasta el fin.
  • Los creyentes también debemos crecer en santidad mientras aguardamos la venida del Señor, entendiendo de dónde hemos sido rescatados y el precio que fue pagado por nuestra culpa.
  • Finalmente, los creyentes debemos anhelar el camino de la santidad, con una actitud continua de arrepentimiento de pecados, amor al prójimo y también de crecer y fortalecernos cada vez más en la fe.

Amén.

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