1a de pdero

Texto: 1 Ped 2:4-10
Predicador: Jacobis Aldana
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En los versículos anteriores, vimos como Pedro terminaba diciendo que la santidad consiste en un anhelo por crecer espiritualmente; por anhelar como niños la leche espiritual no adulterada, pero también de anhelar ir siendo edificados en el Señor Jesucristo.

Los cristianos que padecen, no solo tienen una esperanza futura en Cristo Jesus la cual deben esperar en santidad, sino que deben procurar crecer espiritualmente, sabiendo que incluso en medio de los padecimientos tenemos privilegios únicos por medio de los cuales podemos ser confortados.

En los versículos que estudiaremos, peso hace uso de diversas figuras o símbolos, para referirse al papel de Cristo como una piedra viva, que al mismo tiempo produce un efecto en aquellos que continuamente se acercan a él. La santidad es por tanto, el deseo de mantenernos cerca de Cristo, por medio del cual crecemos y somos edificamos en la verdad y al mismo tiempo somos consolados en medio de nuestros padecimientos.

Desarrollaremos nuestro texto a la luz de tres encabezados: (1) Los privilegios de acercarnos a la Piedra Viva. (2) El privilegio de no tropezar en la piedra viva y (3) Los privilegios de anunciar las virtudes de la Piedra Viva.

Los privilegio de acercarnos a la Piedra Viva (vv 4-5)

Estos versículos están liga dos a la declaración anterior del Apóstol, quien por cierto no ha cambiado de tema. El versículo 2  dice: Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.  La idea de Pedro es que el cristiano debe anhelar crecer en su salvación, pero dicho crecimiento no vendrá sino como resultado de acercarse a Cristo.

Acercándose a la piedra viva

Jesús es presentado en este versículo como una Piedra Viva. Nos es la primera vez que vemos esto en las Escrituras. También Pablo se refirió a lo mismo en Efesios 2:20 y la idea es paralela. Cristo es una piedra angular pero una que está viva, probablemente para referirse a la resurrección de Cristo.

Está piedra, tal como veremos más adelante, es una piedra angular sobre la cual un edificio llamado iglesia está siendo edificado. Es una piedra que fue rechazada por los hombres; es decir, al examinarla, la desecharon como si no fuera útil, esto es lo que sucedió exactamente con los judíos los cuales le despreciaron y desecharon como el Mesías; pero deja claro Pedro y también las Escrituras, que él era una piedra escogida por Dios.

Estas palabras son de mucho aliento para los hermanos que estaban atravesando por persecución. Si cristo, siendo el hijo de Dios fue despreciado, no importa si nosotros lo somos por su causa si somos escogidos por Dios. No podemos esperar que el mundo nos complazca; sino todo lo contrario, el mundo nos aborrecerá, pero debemos conformarnos con la idea de que si a Cristo lo despreciaron los hombres, no somos nosotros mayores que Cristo.,

Nosotros como piedras vivas

Ya vimos como Cristo es presentado como una piedra Viva y la idea e mostrar que los creyentes pueden acercarse a Cristo y al hacerlo ellos también son convertidos en piedras vivas. En eso consiste el “Espíritu vivificante de Cristo.

Esa manera de acercarnos a él, no es en el sentido de la salvación; sino en el sentido en que nos acercamos a Dios para tener una comunión estrecha con él. En la medida en que nos acercamos a Cristo somos convertidos también en Piedras vivas.

Pero a diferencia de Cristo, el cual es una Piedra Viva pero angular, nosotros como piedras vivas más bien somos pre sentados como las piezas necesarias para la construcción de un edificio llamado “casa espiritual” o Iglesia.

En el Antiguo Testamento Dios sólo habitaba en el templo y sólo podía encontrársele allí, más ahora, en Cristo, todos nosotros somos parte de eso templo, somos miembros de esa cas espiritual.

Esto es muy alentador. Los cristianos que se acercan a Cristo ya no tienen necesidad de un templo físico en el que ofrecer sacrificios continuamente por sus pecados; sino que ahora ellos son el templo; pero más aún, son también los sacerdotes de ese templo.

Recordemos que en el A.T sólo los sacerdotes podían ofrecer sacrificios, pero ahora, después que el velo se ha roto, todos nosotros somos parte de una familia sacerdotal según Cristo.

En el A.T todos los sacerdotes debían provenir de la tribu de Leví (Números 3:11-13); pero Cristo ha inaugurado, por así decirlo,  una “nueva familia sacerdotal” y nosotros somos parte de esa familia.

Nuestros sacrificios no son corderos, ni machos cabríos ni nada físico en u altar, sino más bien alabanza continua, adoración y servicio a Dios a través de nuestro servicio a los demás hermanos. En ese sentido,  todo cristiano es un sacerdote y nadie tiene más acceso a Dios que otro. Todos tenemos exactamente el mismo privilegio en Cristo Jesus.

Las Escrituras hablan de algunas cosas que debemos llevar a Dios como una ofrenda de adoración y gratitud. Estas son algunas:

Salmo 51:17

Romanos 12:1

Romanos 15:16

Filipenses 4:18

Hebreos 13:15

Hebreos 13:1

La confesión de pecados

La vida entregada a Dios

Las personas que traemos al Señor

La ofrenda para la obra

La alabanza a Dios

El hacer el bien y la ayuda mutua.[1]

Esto debe animarnos en términos prácticos. Saber que somos sacerdotes no sólo es u privilegio; sino una gran demanda.

En resumen tocante a este punto: nuetro deseo de crecer en nuestra salvación, debe llevarnos a acercarnos a Cristo, la Piedra Viva de un nuevo templo, del cual, nosotros somos las piedras con el que el templo es construido, pero también los sacerdotes que ministran en ese templo. Cuanto aliento trae esto a alguien que padece.

Las pruebas suelen hacernos olvidar nuestra posición en Cristo, pero en él hemos sido convertidos en algo sumamente glorioso: Casa espiritual y sacerdotes.

El privilegio de no tropezar en la piedra viva (vv 6-8)

En los siguientes versículos; el apóstol Pedro busca mostrar cómo es que Cristo es realmente una piedra Viva en el que, mientras unos son vivificados, otros caen y tropiezan para condenación.

El apóstol también quiere mostrar cómo Cristo nos ha vivificado para ser alentados en medio de las pruebas, pero como él mismo se encargará de hacer justicia contra aquellos que le han despreciado. Sufrir por la cusa de Cristo es sumamente difícil, pero la otra opción que tenemos es tropezar en la Piedra Viva en lugar de ser vivificados por él.

Usando tres pasajes del Antiguo Testamento (Isaías 28:16; Salmo 118: 22; Isaías 8:14)

Escogida por Dios para ánimo nuestro

El primer texto es aplicado a los creyentes. Cristo es una Piedra preciosa escogida desde el principio y que en él crea no será avergonzado.

Nosotros, los que hemos creído en Cristo Jesús no seremos avergonzados. No importa cuánto padezcamos en esta tierra, al final dará el Señor a cada uno su recompensa y la nuestra será la glorificación.

Piedra de tropiezo para los que no creen

Por otro lado; no creer en Cristo, rechazarlo, atraerá una terrible condenación. Como bien señala el evangelio de Juan:

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Jn 3:18)

Los hombres no serán juzgados por todos sus pecados sino por uno sólo; no haber creído en Cristo. Por supuesto, todos sus demás pecados importan en el día del juicio, pero ellos no son más que el resultado del mayor pecado; rechazar a Cristo. Es el mismo Señor quién señala:

 Y cuando él [ Espíritu Santo] venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado (Jn  16:8-11)

De la misma manera en que los hombres serán justificados sólo por creer en Cristo Jesús; los demás serán condenados por rechazar a Cristo.

Eso es lo que hace la diferencia en el mundo: Los que creen y los que no creen en Cristo.

La Palabra ha dado testimonio de Cristo, pero los desobedientes, y probablemente Pedro se esté refiriendo inmediatamente a los judíos, rechazan la Palabra y no la obedecen y el destino para todo el que desecha a Cristo es tropezar en él y luego la condenación.

No debe pensarse que Dios destinó a estas personas a perderse. Nosotros creemos que Dios ha ordenado la salvación de los creyentes y los ha predestinado desde antes de la fundación del mundo; pero en cuanto a los incrédulos, ellos son condenados por su propio pecado e incredulidad y Dios no es responsable de ello. Como bien señala Matthew Henrry:

Al rehusar creer en Jesucristo, los incrédulos han desechado la única Roca firme donde poder establecer la verdadera esperanza, pues han pensado que era inservible para su mentalidad y para sus planes equivocados. Pero serán confundidos, pues «Dios, en castigo por su incredulidad, permite que vayan a tropezar y a destrozarse contra la piedra, que había sido puesta para su salvación» (Salguero, quien cita Mt. 11:6; Lc. 2:34). Por tanto, la frase final del versículo 8, que dicte textualmente: «… para lo cual también fueron puestos», no significa que los incrédulos fueron destinados a ser «desobedientes a la Palabra» (lit. Aun cuando el gr. apeithoúntes, como hemos visto con frecuencia, significa propiamente «que no se dejan persuadir»), sino castigados a estrellarse contra la piedra por haber rehusado creer el mensaje de salvación.[2]

Los que no descansan en la Piedra Viva y preciosa, están condenados a tropezar en ella por la incredulidad de su corazón.

Los privilegios de anunciar las virtudes de la Piedra Viva (vv 9-10)

En estos versículos Pedro vuelve a retomar la idea inicial. Los cristianos son privilegiados por estar en Cristo y esos privilegios deben llevarlos a anunciar la gran verdad de Cristo. Los conceptos que se introducen aquí son revolucionarios. Los títulos linaje escogido, pueblo adquirido por Dios, nación santa  habían sido dados a Israel en el Antiguo Testamento (Exodo 19:6, Deuteronomio 7:6) y lo que quiere decir es que tales privilegios y beneficios espirituales ahora son también las bendiciones de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios.

Linaje escogido

Israel había sido escogido de entre las naciones para anunciar la grandeza de Dios, pero ahora, éste privilegio es entregado a la iglesia. Él de los dos pueblos hizo uno (Ef 2:14) — Y no pretendo discutir aquí el tema de las promesas futuras para el Israel nacional— así que ese pueblo ahora cumple esa función que en ocasiones Israel cumplía y en otras no por causa de su rebeldía y pecado.

Real sacerdocio

Somos sacerdotes reales y eso, tal como dijimos en el principio, es un privilegio, pero también una responsabilidad. Debemos ofrecer a Dios sacrificios al mismo tiempo que proclamar sus verdades y virtudes al mundo que no le conoce. Los sacerdotes vivían una vida de consagración a Dios total; eso no tiene nada que ver con riquezas ni con algún Status espiritual, tiene que ver con el compromiso de vivir como alguien apartado para el servicio a Dios.

Ser rey y sacerdote es algo novedoso. En el A.T los sacerdotes no podían ser real mismo tiempo reyes debido a que los sacerdotes debían ser de la tribu de Leví y los reyes de la Tribu de Judá (o de cualquier otra en algunos casos). Pero en Cristo Jesus, hemos sido constituidos como responsables de ambos oficios.

Esto, de nuevo, no tiene nada que ver con alguna posición de riquezas como la de una realeza del mundo; sino más bien con el compromiso de ser embajadores de Cristo (reyes) y viviendo en santidad ante el mundo (sacerdotes).

Nación Santa

Dios llama a su pueblo a ser santos como él es Santo. La nación de Dios en el Antiguo Testamento fue llamada a esto (Lev 20:17) y los creyentes en este tiempo también son llamados a los mismo a vivir en Santidad como la nación de Dios.

Pueblo adquirido por Dios

En el Antiguo tiempo solamente los Judios eran llamados pueblo de Dios y cualquiera que quisiera pertencer a ese pueblo debía circunsidarse, los gentiles estaban excluisos; per en Cristo, la pared fue quitada y ahora, aquellos que no eran pueblo son llamados a ser parte de la nación de Dios (Oseas 2:23) como resultado de la misericordia del Señor.

Y todo esto; no con el propósito de jactarnos, sino de animarnos en medio de la tribulación al mismo tiempo que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz.

Conclusiones:

  • Los creyentes debemos acercarnos a Cristo, la Piedra Viva para ser vivificados y crecer como loas piedras de una casa espiritual y cómo sacerdotes, consagrados a Dios en plenitud.
  • Cristo es nuestra redención o nuestra condenación; él es la roca en la que el mundo cae o es levantado.
  • Somos reales sacerdotes, un pueblo escogido, una nación santa cuyo propósito es anunciar las virtudes de Dios ante el mundo.

 

[1] Orth, S. (1991). Estudios Bı́blicos ELA: Remando contra la corriente (1ra Pedro) (pp. 56–57). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

[2] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1848). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

Amén.

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