Texto: 1 Ped 3:1-7
Predicador: Jacobis Aldana
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Introducción: Un reciente informe de la Superintendencia de Notariado y Registro [de Colombia]  indica que los divorcios en el país siguen en aumento.

De cada diez parejas que se casan, tres se divorcian y un porcentaje muy alto de las que se separan lo hacen en los primeros tres años, incluso muchas de ellas ya tienen un niño pequeño.

Estas cifras inquietan, pues la separación, a pesar de ser una opción legítima, constituye un evento de gran impacto en la vida de la mayoría de las parejas que se ven abocadas a esta decisión. Es una situación compleja que tiene efectos legales, económicos, sociales, familiares y, sobre todo, emocionales.

Aunque en general el hecho no se toma como un inconveniente menor, hoy parece haber muchas razones, además de las tradicionales, como la infidelidad y las dificultades sexuales, que llevan a que las parejas se separen cada vez más temprano.

Por un lado, hombres y mujeres tienen unas altas expectativas acerca de lo que significa compartir la vida con alguien, basados, en muchos casos, en una idea de bienestar personal que con frecuencia choca con algunas dificultades propias de la convivencia.

De otra parte, el deseo de hacer que coincidan los proyectos de unos y otros, la autonomía para tomar sus propias decisiones –que incluye también el manejo del dinero y el tiempo libre– y el uso de la tecnología en la que cada vez más las personas están inmersas lleva a que rápidamente uno o los dos miembros de la pareja llegue a la conclusión de que la persona con la que se casó no es la indicada. >
(Artículo  publicado por el diario el Tiempo y escrito por  María Helena López; psicóloga familiar)

Este artículo publicado en un medio de amplia circulación en Colombia, deja ver el estado lamentable con el que la Familia y el matrimonio son diagnosticados en un entorno secular.

Los esposos cristianos deben procurar reflejar la relación de Cristo con su iglesia y una manera de hacerlo, es mantener una manera de vivir que glorifique al Señor, de acuerdo con el modelo de las Escrituras, donde hombres y mujeres asumen gozosa y responsablemente su rol.

Algunos hermanos que padecen porque su conyugue no es creyente, deben afrontar tal situación como una buena oportunidad para ganarlos por causa de un testimonio que sea consecuente con el mensaje del evangelio.

Siempre que hay problemas de incompatibilidad, la salida que el mundo propone es el divorcio. Pero Dios, el cual instituyó el matrimonio, también dejó las directrices para que este funcione de manera correcta, aun cuando por causa del pecado las cosas no marchen de manera ideal.

Contexto: Pedro continúa su argumentación al respecto de cómo deben los creyentes responder ante la opresión por parte del mundo. Vimos en los versículos anteriores, que los cristianos deben someterse a los gobernantes y a las autoridades, que deben también someterse a sus amos o patronos; y en esta sección (vv 1-7) el Apóstol se dirige a las esposas, las cuales deben someterse a sus maridos y también se dirige  a los esposos los cuales deben amar y a tratar con ternura a sus mujeres.

Hay dos secciones claramente diferenciadas en el texto que hoy estudiaremos: (1) Un mensaje a las esposas  (v 1-6) y un mensaje a los esposo (v 7).  Las mujeres se les menciona que deben ganar a sus esposos [no cristianos] no con belleza física simplemente, sino con una belleza interna, a del corazón y a los hombres se les exhorta a tratar a sus mujeres, no con dureza sino con ternura, sabiamente.

La verdadera belleza que requieren las esposas (v 1-6)

Pedro inicia esta sección con la palabra  asimismo y da la idea de conexión (tal como mencionamos) con la sección anterior. No se trata de que las mujeres deben someterse como esclavas a sus esposos, sino más bien se refiere a ellas como un grupo particular a quien también se dirige.

Muchas hermanas podían estar padeciendo porque sus esposos eran inconversos. En los tiempos en los que la carta es escrita, la religión de los esposos era generalmente la de toda la familia, pero en ocasiones, algunos maridos dejaban que sus esposas asistieran a las sinagogas o posiblemente a las reuniones cristianas, probablemente por creer que tenía algo de valor moral; sin embargo es posible que estuvieran padeciendo una férrea persecución; ¿cómo debían entonces responder estas hermanas? ¿Debían abandona a sus maridos? ¿O acaso debían buscar complacerlos viviendo de manera mundana como era la costumbre, que los maridos fueran retenidos por la exhibición belleza despampanante de sus mujeres?

Ganar a sus esposos con una belleza interna

… Estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

La sugerencia de Pedro es que las esposas cristianas deben intentar ganar a sus esposos manteniendo una conducta de acuerdo a la Palabra de Dios. Esto es, estando sujetas y conduciéndose con una conducta casta y respetuosa.

Para que una mujer cristiana pueda impactar a su esposo a fin de ganarlos para e Señor, no es suficiente usar palabras solamente; sino con sus hechos.

Esta idea de la  sujeción puede sonar absurda en medio de una sociedad cada vez más orientada a rechazar los estereotipos. Pero la idea de la sujeción, por supuesto, no significa que la mujer sea menos que el hombre; más bien es se trata de orden. De la misma manera que Cristo se somete al Padre sin ser menos Dios (1 Cor 11:1-3); así el hecho de que las esposas deban someterse a sus esposos no es porque sean inferiores sino por causa del orden.

La palabra considerando  traduce; observar de cerca, mirar detenidamente. La cercanía de los esposos hace que sea más propicio para ganar al inconverso con una buena conducta de castidad y respeto, que con sermones interminables.

Muchas mujeres cristianas no guardan un equilibrio sabio en cuanto a su relación matrimonial. Buscan de manera desproporcionada agradar a Dios (lo cual no es malo) pero descuidando su matrimonio y siendo malos testimonios a sus maridos.

No es fácil considerar lo que la Escritura dice cuando el mundo presenta una imagen completamente diferente, pero distorsionada de la mujer. Como si el verdadero éxito de su feminidad fuera revelarse e irrespetar a sus maridos; pero Dios es nuestra ayuda y Cristo nuestro ejemplo. Así como Cristo pudo someterse por amor a los que vino a salvar; las mujeres deben reflejar tal sumisión, a fin de que sus esposos sean ganados para Cristo.

Por tanto, no se trata de responder con la misma moneda, o devolviendo mal por mal, sino asumiendo al actitud de Cristo. Desde luego, si la vida y la integridad física están en peligro latente, se asume que el conyugue ya no consiente en vivir con la pareja y es apenas prudente una separación, pero la esposa debe hacer todo cuanto esté a su alcance por agradar a su esposo, cristiano o no, con sus acciones.

La belleza interna agrada a Dios

La costumbre de la época era intentar “aguantar” a los hombres exhibiendo una belleza física externa; eso no es muy diferente a ahora.

En un mundo gobernado por el materialismo y la vanidad, ese parece seguir siendo un método eficaz, pero para el mundo, no según Dios.

Hay tres cosas que Pedro menciona aquí y donde se concentraba la vanidad de las mujeres de la época: Peinados ostentosos, Joyas y perlas y vestidos costosos. Isaías condenó esto en su tiempo en las mujeres de Israel (Is 3:18-24).:

Aquel día quitará el Señor el atavío del calzado, las redecillas, las lunetas, 19los collares, los pendientes y los brazaletes, 20las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos, 21los anillos, y los joyeles de las narices, 22las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, 23los espejos, el lino fino, las gasas y los tocados. 24Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura.

Una evidencia de la condición rebelde y pecaminosa de Israel era la vanidad de sus mujeres; habían abandonado a Dios y ahora querían llamar la atención sobre ellas.

Pablo también mencionó lo mismo en 1 Tim 2:9; haciendo énfasis en que la mujer debe ataviarse (arreglarse, adornarse) pero de ninguna manera debe ser tan extravagante su arreglo que llame la atención sobre sí misma. Esa actitud agrada l mundo; pero no a Dios.

En el contexto, la mujer también muestra respeto hacia sus maridos incluso por la manera en que se viste; eso es un elemento principal de su conducta.

Muchas mujeres, arrastradas por la corriente de este mundo, se han ido detrás de la vanidad y la pompa. Por supuesto, la mujer no debe descuidar su aspecto físico (Sara es un ejemplo de una mujer modesta, pero era considerada hermosa) sino ser gobernada por el pudor y la modestia; ambas, una actitud del corazón que determina las motivaciones acerca de la manera en que se visten.

Las mujeres deben examinar su ropa en el espejo y preguntarse, no cómo el mundo la ve, sino por qué se pone lo que se pone, cuál es la intención de su corazón. Una mujer que se viste de tal manera que la intención de su corazón es atraer las miradas de otros hombres, es una mujer que no está respetando a su esposo.

De esta manera,  el pudor y la modestia no es un tipo de ropa, es una conducta interna. Una mujer puede vestir faldas y no ser modesta; entonces, como dije, se trata de una disposición del corazón que busca agradar a Dios y no a los hombres.

Ser afable y apacible traduce: humilde, amable, tranquilo, sencillo algo que no es bullicioso o escandaloso.

Esa es la verdadera belleza con la que deben vestirse las mujeres de Dios, siguiendo el ejemplo de las santas mujeres del pasado.

Ejemplos de belleza interna

Para cerrar su petición a las hermanas; Pedro recurre al ejemplo que dieron las mujeres del pasado siendo sujetas a sus maridos y dando así Gloria a Dios esperando pacientemente.

Sara es presentada aquí, no como un ejemplo de perfección, pero si como un buen modelo de una mujer santa (apartada para Dios) y sujeta a su marido, al cual llamaba señor. Por supuesto, no porque fuera su esclava, pero si porque era la manera respetuosa de dirigirse a él.

Esto no debe entenderse como algo dogmático. Pedro no está diciendo que las esposas deben decir a su esposo “señor” como si fueran sus empleadas domésticas. Más bien la intención del autor es mostrar el respeto que la mujer debe mostrar a su marido aún en la manera de referirse a él todo enmarcado en el amor y la delicadeza característica de las mujeres.

La sabiduría que requieren los esposos

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

Después de 6 versículos refiriéndose a las esposas, Pedro dirige la mirada ahora a los esposos cristianos y hay algunas ligeras diferencias.

Cuando Pablo se refiere a los matrimonios, parece dedicar más tiempo en hablar a los esposos que a las esposas; la razón es que Pablo intentaba invitar al esposo a reflejar a Cristo en su relación con la iglesia como resultado del Fruto del Espíritu. En el caso de Pedro, dedica menos espacio a hablar a los hombres, probablemente porque ellos no tenían tanto problema con sus esposas, puesto que casi por regla la religión que profesaban los esposos era la de las esposas, y siendo el contexto de la carta de Pedro distinto al de Pablo en el sentido de la sujeción, entonces las instrucciones son más bien en otro sentido.

Sabiduría para sujetarse

La palabra igualmente  es en armonía con asimismo (v1). De la misma manera que la mujer debe sujetarse, el hombre cristiano debe también someterse a Cristo.

Ser la cabeza del hogar, no es un asunto de autoritarismo. El hombre debe reflejar a Cristo así como él es la cabeza de la Iglesia. Eso significa que debe sacrificarse en amor por su esposa y liderar reflejando al salvador; proveyendo para ella. El esposo cristiano debe ser tal que para las esposas someterse a ellos sea una causa de mayor gozo.

Sabiduría en la convivencia

Los hombres deben considerar dos cosas esenciales en las mujeres:

(1) que ellas tienen la misma dignidad que ellos delante del Señor. Ser mujer nunca es ser menos sino ser completamente igual en dignidad. Ellas son también coherederas de la gracia de vida.

(2) Las esposas aunque son iguales son diferentes. Ellas son vaso más frágil, eso no habla de debilidad sino de constitución. Las mujeres evidentemente suelen ser más delicadas y los hombres deben considerar eso. Muchos hombres tratan con dureza a sus mujeres, como si fueran hombres, olvidando que sus sentimientos, tratos y demás actitudes suelen ser más delicadas.

El hombre cristiano debe dar honora su esposa considerando o entendiendo estos dos aspectos y no conducirse con ellas de manera ruda.

Sabiduría para una buena relación con Dios

Para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

Este pasaje es importantísimo. Lo que dice es que Dios se ocupa de ser  el veedor del buen trato de los esposos a las esposas. Cuando un hombre creyente no trata con sabiduría a su esposa, su relación con Dios es interrumpida. La oración es estorbada.,

De la manera en que si alguien tiene algo contra una persona, ni siquiera debe ofrendar hasta no ponerse en paz (Mt 5:24) los esposos deben considerar su buen trato a las esposas.

Un matrimonio en continua discordia, es un matrimonio lejos de la comunión con el Señor.

Conclusiones:

Se dice de Mónica, la madre del gran teólogo del siglo V Agustín qué:

En aquella región del norte de África, donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero no la golpeaba nunca, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió: “Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues….no peleamos”. Patricio fue convertido al cristianismo en el año 371 y ¡también la suegra de Mónica! Una mujer considerada colérica y de fuerte temperamento.

El mundo hoy ve en el divorcio la salida para un matrimonio que no va de acuerdo con los parámetros de los involucrados, pero en el Señor hay una guía y modelo perfecto para que lo que Dios unió no lo separe el hombre; para que el matrimonio sea un reflejo de la relación de Cris to con su iglesia.

Los matrimonios deben tener a Cristo en el centro de su relación. Así, las esposas  tendrán un modelo para someterse gozosamente a sus esposos a fin de ganarlos (si no son cristianos) y los esposos tendrán un modelo para lidiar sabiamente con ellas  y glorificar ambos su nombre y mostrar su evangelio


 

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