1a de pdero

Texto: 1 Ped 3:13-22
Predicador: Jacobis Aldana
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Introducción: La lógica humana nos enseña que “si alguien hace el bien, le va bien”, y eso suena muy justo; sin embargo ¿qué sucedería si esto no llega a ser así?

Algunas personas padecen como consecuencia de sus actos; pero otros pueden llegar a padecer siendo inocentes; a esto se le suele llamar injusticia; pero desde la perspectiva divina es llamado: bienaventuranza.

Pedro sigue desarrollando a manera de conclusión la forma en que los cristianos deben responder a los padecimientos. Si alguien nos hace mal, debemos devolverle bien; si alguien nos maldice, debemos bendecirlo; pero hay algo más que podemos hacer para glorificar al Señor cuando padecemos haciendo el bien y esto es imitar e identificarnos con el Señor Jesucristo. De modo que si nos persiguen o sufrimos como cristianos, podemos estar seguros que al final nosotros seremos librados; esa es nuestra esperanza.

Pablo recoge muy bien este pensamiento en la siguiente cita:

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 2 Cor 4:7-10

En esta última sección del capítulo 3 veremos la manera en que debemos reaccionar si es que por la voluntad de Dios llegamos a padecer haciendo el bien y también miraremos el ejemplo del Señor Jesucristo. Son estas las dos grandes secciones que consideraremos.

Padeciendo haciendo el bien (v 13-17)

El apóstol Pedro inicia esta sección con una nota de esperanza: “¿Quién nos podrá hacer daño si hacemos el bien”? No debe pensarse que no seremos atribulados si hacemos el bien, pues más adelante el autor nos va a dejar claro que eso es muy posible; lo que debemos tener en nuestra mente es que por más atribulados que estemos, jamás podrán dañar nuestra esperanza; ni siquiera la muerte nos podrá separar del amor del Señor. Pablo también afírmese pensamiento en los versículos finales del capítulo 8 de Romanos. Nada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús.
Pero ¿Qué haremos mientras tanto? Sabemos que seremos redimidos al fin, pero ¿cómo debemos reaccionar mientras los demás nos hacen sufrir en este mundo aun cuando vamos caminando de manera correcta? Eso es lo que se va a desarrollar en el resto de versículos.

Notemos que el apóstol continúa diciendo: Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Es decir, es seguro que nadie les va a quitar la esperanza, pero si llegan a padecer, sepan que son bienaventurados.

Estas palabras recuerdan lo dicho por el Señor Jesucristo en el sermón del monte:  Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mt 5:11-12)

Pedro quiere recordar a los lectores que esto no es una cosa nueva. Que si ellos comienzan a padecer por causa de la justicia, no deben sentirse sorprendidos o infelices como seguramente eran considerados, sino que eran felices. Esto es exclusivo del cristianismo y la razón, tal como veremos más adelante, es porque los padecimientos nos identifican con nuestro Señor.

No tener temor

Muchos hermanos a los que Pedro escribe podían estar sintiendo mucho temor, lo cual es normal. Ellos estaban en una sociedad que los aborrecía y que haría lo posible hasta por quitarles la vida, quizás lo mejor era huir o dejar de ser cristianos por causa del miedo, en eso pensaban; pero Pedro les dice: “No teman”.

Es interesante porque Pedro se vale de unas palabras contenidas en Isaías 8:12-14 en las que Acaz, Rey de Judá se encontraba en una encrucijada al ver que Siria e el reinado del Norte, Israel habían venido contra él; así que el pensó hacer una alianza con los asirios para defenderse; pero el Señor lo exhorta para que no lo haga sino para que confíe en él; para que no tenga miedo:

 No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.  Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén (Isa 8:12-14)

De la misma manera, los creyentes son exhortados a no tener miedo a sus enemigos sino a temerle a Dios. También somos llamados a santificar al Señor en nuestros corazones; eso no quiere decir que podamos hacer más santo al Señor, sino que lo ponemos a él aparte; por encima de todo.

Muchas veces las pruebas y la maldad de la gente que nos rodea nos atemoriza y somos entonces propensos a perder nuestra confianza en el Señor; pero siempre debemos confiar en que él está al control de todo y que por más que padezcamos, el Señor al final hará su voluntad a favor de nosotros

Preparados para la defensa

Pedro preveía que muchas personas al ver la actitud de los hermanos ante las tribulaciones; que siendo Cristo la causa de su padecimiento ellos permanecían firmes en la fe, indagarán acerca de la razón por la que ellos se mantenían así, así que él les recomienda estar preparados para ese momento porque puede ser una buena oportunidad para predicar a Cristo.

Los cristianos deben siempre estar preparados para cuando sus detractores demanden una explicación acerca de su fe inquebrantable aun cuando el mundo va en contra y cuando eso llegue, deben hacerlo con mansedumbre (hacia los hombres) y reverencia (hacia Dios, esto es, presentándolo a él como Santo, justo y verdadero). Eso fue lo que pasó con Nicodemo cuando fue a ver a Jesus de noche; y el Señor no rehusó en hablar a Nicodemo acerca del plan celestial de redención.

Nosotros tenemos una esperanza y no debemos avergonzarnos de ella. Saulo era un perseguidor de la iglesia y pronto tuvo que encontrarse con el Señor de aquellos a quienes perseguía. Una buena conducta en medio de los padecimientos, puede convertirse en algo que atraiga a aquellos que nos oprimen y es allí cuando debemos presentar a Cristo correctamente.

Teniendo una buena conciencia

Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo

Mientras los cristianos padecen, es importante que mantengan una buena conducta. Esta expresión se refiere a tener un buen juicio interno, o no sentirse acusado de nada malo. Esto es importante por dos razones:
a) Para mantenernos tranquilos delante del Señor. Muchas personas que padecen viven turbadas acerca de si han hecho algo malo y si lo que padecen es consecuencia de ello; pero debemos siempre procurar descansar en la justicia y el perdón de nuestro Señor y en que realmente no hay nada malo que nos acuse.

  1. b) Por otro lado, es importante tener buena conciencia para que los que nos acusan sean avergonzados; bien sea delante de los demás que aprecian que no hay razones para que nos acusen o también delante del Señor, en el día del juicio, cuando él dé a cada uno según sus obras.

Pedro concluye esta sección diciendo: Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. La idea es la siguiente: finalmente, hagamos mal o bien, vamos a padecer; y si es la voluntad que así sea, mejor es que sea haciendo el bien que haciendo el mal.

Esto debe estar en nuestros corazones. Puesto que alguien pudiera razonar así —Si siendo cristiano padeceré haga bien o mal, entonces no me esfuerzo haciendo el bien y fin del problema—  el peligro de esa afirmación, es que padecer haciendo el mal, no tiene ninguna garantía mientras que quien padece haciendo el bien tendrá recompensa del Señor.

Tomando el ejemplo de Cristo (18 -22)

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu

¿Cuál es la diferencia entre alguien que padece haciendo el bien sin ninguna causa y un cristiano? Es Cristo la diferencia.

Todo lo que hemos dicho quedaría sin sentido si nosotros no lo vemos a la luz de los padecimientos de Cristo. La razón por la cual un creyente padece haciendo  lo bueno, pero aun así retiene su esperanza, es porque hay algo allí que le identifica con el Señor Jesus.

Notemos el flujo de pensamiento del autor: Cristo obedece a Dios y padece como cordero (una sola vez) por causa de los pecados, no de él sin ajenos; luego fue muerto incluso en la carne, su padecimiento fue hasta el extremo de la muerte, sin hacer nada malo; pero al final, él fue vivificado en espíritu; es decir, él fue levantado en la resurrección y llevado a Dios. Así también los cristianos, si padecen haciendo el bien, aunque mueran ellos serán vivificados y llevados a la Gloria. No podemos perder de vista esta idea porque es útil para entender el resto del pasaje.

Los padecimientos en Noé

… pero vivificado en espíritu, en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

Este es un pasaje que ha sido motivo de discusión por años. Algunos piensan que Jesus descendió al infierno y luego predicó allí a los ángeles caídos que se revelaron en Génesis 6; pero no parece haber mucho apoyo bíblico para eso. No nos vamos a concentrar en esa discusión para no desviar la atención del texto; más bien ocupémonos del flujo de pensamiento de Pedro y del contexto.

Lo primero que debemos identificar es a qué se refiere Pedro con espíritus encarcelados. Algunos, como dije, creen que se trata de Ángeles caídos  sin embargo, hay evidencia según la cual “espíritu” también puede referirse a humanos: A la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos (Heb 12:23).

De modo que estos espíritus encarcelados  son una referencia a los hombres que vivían en los días de Noé, por cierto encarcelados en el pecado. Ellos desobedecieron mientras se construía el arca, mientras la paciencia de Dios esperaba. Los que colmaron la paciencia de Dios, no fueron ángeles, fueron humanos.

Pero la otra cuestión es: ¿Cómo que cristo les predicó? El texto toma la idea de que el Espíritu que vivificó a Cristo, el que lo levantó de entre los muertos, es el mismo mediante el cual predicó en el tiempo antiguo. La NVI traduce el texto así:
Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida. Por medio del Espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados, que en los tiempos antiguos, en los días de Noé, desobedecieron, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se construía el arca.

Pero ¿cómo fue eso? Bueno; No se trata de que Cristo se halla teletrasportado o alguna cosa por el estilo; sino que el Espíritu de Cristo habitó en Noé en el tiempo antiguo. Esta idea es tomada del mismo Apóstol Pedro:

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,  escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. (1 Ped 1:11)

Noé es identificado como pregonero de justicia (2 Ped 2:5) en el cuál habitó el Espíritu de Cristo.

Con este entendimiento, volvamos ahora a nuestra idea central. Cristo padeció en su muerte haciendo el bien, pero también en el Espíritu padeció junto a Noé mientras era rechazado por gente impía; pero ellos fueron avergonzados. Dios recompensó la paciencia y fe de Noé salvándolo a él y a su familia, mientras que aquellos que desobedecieron fueron  terriblemente avergonzados.

Eso es un ejemplo para nosotros. Los que padecemos también de la misma manera que Cristo o que Noé; el Señor dará recompensa y en ella exaltará a unos y avergonzará a otros.

Un comentario dice lo siguiente:

Se presenta a Noé como ejemplo de alguien que se comprometió a sí mismo a seguir un curso de acción, con el objeto de tener una buena conciencia delante de Dios, aunque ello significara exponerse a un gran ridículo. Noé no temió a los hombres, sino que obedeció a Dios y proclamó su mensaje. La recompensa de Noé por mantener una buena conciencia en medio del sufrimiento injusto fue la salvación de sí mismo y la de su familia, las personas que fueron salvadas por agua, que fueron mantenidas a salvo en medio del diluvio.[1]

 

El bautismo y la buena conciencia

El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

Pedro utiliza ahora la figura del bautismo ligada a la salvación del diluvio. Lo que quiere decir básicamente es que así como unos pocos fueron salvados al resurgir de las aguas; nosotros también lo hemos sido y que así como el bautismo quitó toda la maldad de la tierra y ahora los salvados de las aguas debían dedicarse a vivir con una buena conciencia, nosotros también; no debemos tanto concentrarnos en nuestra vida pasada; sino en vivir con una conciencia buena delante de Dios. No que el bautismo sea quien nos salve; sino que este es un testimonio público, y una respuesta del poder de Cristo en nosotros.

La vitoria de Cristo y la nuestra

Quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.

Finalmente Pedo presenta la victoria y triunfo definitivo de Cristo. ES decir; después de haber padecido la muerte y padecer en el tiempo antiguo; Cristo fue exaltado a la diestra de Dios. Esta es una nota de esperanza a todos los que padecen injustamente: El Señor padeció haciendo el bien y fue exaltado y nosotros también lo seremos.

Conclusiones

  • Hacer el bien y tener una buena conciencia delante de Dios no va a garantizar que no padezcamos, pero si va a garantizar que nadie podrá dañarnos, que Dios cuidará de nosotros.
  • Debemos mantenernos sin temor ante quienes nos acusan y nos hacen mal. Como cristianos tenemos una esperanza que es más grande que nuestros padecimientos
  • Tenemos el gran ejemplo de Cristo y su padecimiento; esa es la razón de ser para mantenernos llenos de ánimo y de esperanza; porque de la manera en que él fue levantado después de padecer; así también lo seremos nosotros.

[1] Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (2006). El conocimiento bíblico, un comentario expositivo: Nuevo Testamento, tomo 4: Hebreos-Apocalipsis (p. 105). Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C.

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