1a de pdero

Texto: 1 Ped 4: 12-19
Predicador: Jacobis Aldana
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Padeciendo como cristianos

 

Introducción: — Dios te va a bendecir; usted no nació para sufrir; los hijos de Dios no pueden padecer; la pobreza es una maldición; la gente debe rendirse a nosotros porque somos hijos del Rey —

Es probable que esas sean las proclamas en alguna iglesia en algún lugar hoy. Pero ¿Es eso realmente congruente con las Sagradas Escrituras? ¿Qué es lo que dice Dios?

Muchos se han encontrado sumidos en la frustración, al ver que las promesas que les hicieron en una iglesia fueron falsas. Les prometieron riquezas, salud, dinero y se encontraron con pruebas, luchas y dificultades; pero debemos tener claridad en que la biblia no promete eso.

Por el contrario, lo que encontramos en la Palabra de Dios es que seremos perseguidos por causa del nombre de Cristo. En el evangelio de Juan se lee lo siguiente:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros….Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán….Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Juan 15:18, 20, 21)

El hecho de vivir en un mundo que no conoce a Dios, ya convierte a los cristianos en objeto de persecución; pero eso no es el fin de todo. La manera en que nosotros padecemos es algo que en lugar de ser visto como algo negativo, la biblia lo presenta como algo verdaderamente positivo para nosotros. Esa es la gran paradoja del cristianismo: padecer en cristo es ser bienaventurado, morir es vivir, el sufrimiento es motivo de gozo. Todo esto sólo es entendido cuando somos alumbrados por la enorme obra de Cristo en la Cruz a nuestro favor y de como por medio de múltiples padecimientos ganó para nosotros una salvación tan grande.

Pero hay una realidad mucho más amplia; no importa si se es o no un creyente, el mundo es causa de aflicción. Unos padecen como consecuencia de sus malas acciones, esas tarde o temprano traerán su retribución justa; pero otros padecen haciendo el bien y la voluntad de Dios, el punto es que nadie puede escapar en este mundo del sufrimiento.

En este pasaje, Pedro termina con unas palabreas de ánimo para sus hermanos a fin de que no se sorprendan por las múltiples pruebas y tribulaciones, que le sobrevienen porque ellas fueron anunciadas por Cristo; que deben asegurarse de padecer como verdaderos cristianos y no haciendo lo malo porque lo uno trae recompensa pero lo otro trae juicio.

El pasaje lo dividiremos en dos grandes secciones y una reflexión final: (1) Padeciendo pero obedeciendo a Dios, (2) Padeciendo pero desobedeciendo a Dios y una reflexión sobre el sufrimiento

Padeciendo pero obedeciendo a Dios

Pedro comienza esta última sección recordando a los hermanos que no deben sorprenderse por el fuego de prueba que les ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese.  Es probable que algunos hermanos se estuvieran preguntando: — ¿Cómo es posible que habiendo sido comprado por la sangre de Cristo y siendo herederos de la Gloria de Dios en Cristo y siendo escogidos por Dios, tengamos que padecer tanto?— Pero pedro quiere que ellos recuerden que eso no es nuevo, que ya el Señor lo había anunciado y que debían tomarlo como algo en lo cual podían y debían regocijarse. Es probable que Pedro tenga en su memoria el momento en que fue advertido por el Señor te que le negaría y que sería zarandeado como el trigo (Lc 22:31) pero que el Señor había rogado para que él fuera guardado.

Las pruebas y las tribulaciones son deben ser nada nuevo para el cristiano. Siempre solemos preguntarnos — Por qué me pasa a mí; por qué tiene que ser de esta forma — Pero debemos entender que todo eso es permitido por Dios con un propósito más amplio. El mismo Pedro lo describe así:

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Ped 1:6-7)

Todo el propósito detrás de los padecimientos, es llevarnos a una identificación con Cristo.

Los padecimientos nos identifican con Cristo

 

Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.

Este es un tema predominante en todo el desarrollo de la carta de Pedro. Los cristianos cuando padecen se identifican con el Señor Jesucristo en el sentido en que ellos nos ayudan a ver que después del padecimiento siempre viene el cumplimiento de nuestra esperanza.

Pedro habla con propiedad de esto porque el mismo lo experimento:

Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio, regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su Nombre. Hec 5:41

Después de enfrentar una férrea persecución y ser llevados ante el concilio, los discípulos fueron confrontados, presentando valientemente el evangelio, y salieron de allí llenos de gozo por padecer a causa de Cristo.

Esa es la misma idea que Pedro quiere dejar en la mente de sus lectores. No debe pensarse en el sufrimiento que produce gozo como algo masoquista. No. No se trata de hallar placer en sufrir mientras imaginamos al Señor, esa idea asusta. Se trata de que al padecer por causa de Cristo, afirmamos nuestra certeza de saber que cuando seamos librados de ese sufrimiento vendrá gran recompensa.

Es como cuando una mujer está de parto. No es que le cause placer el dolor de parir, sino que sabe que luego de ese dolor vendrá la alegría de ver a un hijo; pues bien, nuestra esperanza es mucho mayor que cualquier cosa que podamos imaginar en esta tierra y los padecimientos contribuyen a que podamos contemplarla de manera mucho más vivida.

Si padecemos por causa de Cristo es porque el Espíritu está en nosotros

 

Pero poder pensar en nuestra esperanza mientras padecemos por causa del Señor no es todo lo que produce padecer como cristianos; también la certeza de que el Espíritu de Dios está en nosotros.

El Espíritu Santo obra particularmente en medio de los padecimientos. Esa es parte de su función  en nosotros: consolarnos. Cuando un cristiano padece, puede experimentar la obra de la tercera persona de la trinidad en su vida trayendo paz y quietud a su corazón e incluso un gozo incomparable; eso es una gran bienaventuranza.

Pablo experimento eso cuando fue puesto en el calabozo de la cárcel de Filipo junto a Silas; en medio de todo el sufrimiento, él podía cantar al Señor y eso no es más que la evidencia del glorioso Espíritu de Dios en su vida.

La tribulación o la prueba nunca a apartarán a un verdadero creyente, sino que harán que la obra del Espíritu sea más activa y su gozo en el Señor sea mayor.

Padeciendo, pero desobedeciendo a Dios

Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno

El apóstol ha estado hablando acerca de padecer como cristianos que obedecen la palabra de Dios y nos ha mostrado los enormes beneficios y bienaventuranzas a las que trae lugar; pero ¿Qué pasa cuando se padece, pero no precisamente por causa de Cristo?

Parece ser que algunos hermanos a los que Pedro escribe, comenzaron a sentirse presionados por el grado de persecución que experimentaban, así que comenzaron a reaccionar de manera incorrecta. Robando, e incluso haciendo daño físico a quienes les oprimían; por supuesto, esto no es la manera correcta de padecer. Ellos quizás pensaron — si haciendo el bien de todos vamos a padecer, es mejor padecer y hacer justicia por nuestra propia cuenta— pero este razonamiento no tomaba en cuenta las consecuencias de ambos próceres; que evidentemente alguien que padece haciendo lo malo, no puede esperar sentirse bienaventurado o identificarse con Cristo.

Los padecimientos no nos dan a nosotros excusa u ocasión para el libertinaje-. Debemos ser fieles a Dios quien al fin y al cabo es el que juzgará nuestras acciones.

Así que Pedro vuelve nuevamente a su punto: nadie se avergüence de padecer como cristiano, sino que debe glorificar a Dios por ello. Ante los ojos del mundo padecer por causa de Cristo puede parecer ridículo, pero es una buena, oportunidad para dar gloria a Jesus el cual padeció de la manera más absurda ante los ojos del mundo, pero ciertamente Gloriosa ante los ojos del Padre.

Una reflexión sobre el sufrimiento

Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

Pedro emplea una nota reflexiva al respecto de los que padecen haciendo la voluntad de Dios y los que no.

Dios ha decidido empezar el juicio por los justos, esto es, los creyentes que han sido justificados por medio de la fe en el Señor Jesus, pero que han afirmado su fe a través de pruebas y tribulaciones como un juicio disciplinario, y si esto es así para los creyentes, los que hacen la voluntad de Dios, ¿cuál será el fin de lo que no obedecen? Es una pregunta retórica que nos lleva a pensar en que si es severo el jucio de pruebas para los creyentes que al final serán salvos, cuánto más lo será para los que no creen puesto que los creyentes por lo menos tienen esperanza.

Pedro complementa su planteamiento con una cita tomada de Proverbios 11:31:

Y:
Si el justo con dificultad se salva,
¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?

Si para el que hace la voluntad de Dios, el que ha creído en Cristo el camino de la salvación está lleno de pruebas y tribulación, para los impíos y pecadores, los que no tienen al Señor, es realmente algo terrible. De modo que sí hay diferencia entre el que padece haciendo la voluntad de Dios y el que no.

Vale la pena padecer por causa del Señor y haciendo su voluntad hasta el fin.

Una recomendación final

 De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien

Esta recomendación final del apóstol Pedro es un consejo con mucha fuerza. Es una conclusión de todo lo que ha dicho en esta sección pero al mismo tiempo es una palabra de ánimo aun cuando enfrenten la más terrible de las aflicciones; la muerte. En otras palabras, confiar en el Señor y que sea lo que él disponga.

Esto evoca las palabras del Señor en la cruz cuando a punto de expirar su alma exclamó: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Juan Hus, el gran mártir de comienzos del siglo XVI después apelar ante el papa para presentar su causa y ser librado de la muerte sin hallar respuesta; los obispos designados por el concilio le privaron de sus hábitos sacerdotales, lo degradaron, le pusieron una mitra de papel en la cabeza con demonios pintados en ella, con esta expresión: «Cabecilla de herejes».

Al ver esto, él dijo:<<Mi Señor Jesucristo, por mi causa, llevó una corona de espinas. ¿Por qué no debería yo, entonces, llevar esta ligera corona, por ignominiosa que sea? En verdad que la llevaré, y de buena gana>>. Cuando se la pusieron en su cabeza, el obispo le dijo: «Ahora encomendamos tu alma al demonio.» Pero Juan Hus respondió «Yo encomiendo mi alma en tus manos, oh Señor Jesucristo! Mi espíritu que Tú has redimido

Que el Señor nos ayude.

Conclusiones

  • Las pruebas y las tribulaciones no son nada nuevo para el creyente. No debemos vivir de falsas esperanzas sino aferrarnos a la inquebrantable palabra de Dios.
  • Padecer por causa de Cristo y haciendo la voluntad de Dios traerá como consecuencia el gozo de identificarnos con Cristo y también la confirma ción del Espíritu Santo en nosotros.
  • Debemos preguntarnos si realmente estamos padeciendo haciendo la voluntad de Dios o si estamos haciendo lo malo porque podemos enfrentar un gran juicio delante del Señor; de modo que es mil veces mejor padecer como cristianos haciendo el bien, que padecer haciendo lo malo ante los ojos del Señor.

 

 

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