Jesús continua ilustrando la manera correcta en que la ley debe ser observada. Hasta el momento ha abordado cuestiones cruciales como el homicidio, el adulterio y el divorcio, pero en lo siguiente el Señor quiere resaltar la importancia de todos los elementos de la ley, y que ninguno aspecto puede ser considerado de menor importancia.

Los fariseos habían convertido los juramentos en un verdadero sistema de engaño, pues habían modificado la escencia del mandamiento acerca de jurar para poder hacerlo y dar valor a sus palabras aún cuando sabían que no iban a cumplirlas. Pero Jesús de nuevo resalta la manera correcta en que esto debe ser observado: los creyentes deben considerar el valor de sus palabras y procurar siempre cumplir sus promesas, que su sí sea sí y su no, no.

Ciertamente es un llamado a nosotros al buen uso de nuestra lengua, pues con ellas bendecimos y alabamos al Dios de los cielos.

El Señor nos ayude.

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