Jesús continúa presentándonos los elementos de justicia que deben caracterizar a los hijos del reino. Dicha justicia está caracterizada no sólo por una observancia externa sino interna, del corazón.
La religión en el tiempo de Cristo había rebajado el estándar del mandamiento de Dios, restando valor al a la institución del matrimonio, solo para concentrarse en los motivos egoístas por los cuales poner fin al mismo; así que Jesús presenta el verdadero espíritu de su ley al respecto de esto: Los hombres deben ver el matrimonio con la seriedad que Dios lo ve y comprometerse en fidelidad de la manera en que Dios se compromete con su pueblo.

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