¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?
Respuesta: Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte (a), no me pertenezco a mí mismo (b), sino a mi fiel Salvador Jesucristo (c), que me libró del poder del diablo (d), satisfaciendo enteramente con preciosa sangre por todos mis pecados (e), y me guarda de tal manera (f) que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer (g) antes es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación (h). Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna (i) y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según su santa voluntad.

2. Pregunta: ¿Cuántas cosas debes saber para qué, gozando de esta consolación, puedas vivir y morir dichosamente?
Respuesta: Tres: (a) La primera, cuán grande son mis pecados y miserias (b). La segunda, de qué manera puedo ser librado de ellos. (c) Y la tercera, la gratitud que debo a Dios por su redención.(d)

Con esta dos preguntas inicia el Catecismo de Heidelberg, manual con el cual muchos creyentes fieles han sido formados en la fe en todo el mundo. Estas dos respuestas son muy precisas: todo el sentido de la vida Cristiana está en vivir para Cristo pero ello implica un conocimiento del pecado, de la redención y la gratitud que debemos a él.

Ese es gran parte del tema de Pablo en este capítulo de su carta.
Recordemos que el Apóstol se encuentra respondiendo a la pregunta de si acaso como entre más pecado hay más gracia, entonces podemos vivir en el pecado para que la gracia abunde. La respuesta a esto ha sido enérgica. Y Pablo ha presentado su argumento apelando a lo que significa la unión con Cristo.

Todo cristiano debe saber que, si él ha creído en Cristo, entonces ha ocurrido una unión milagrosa en la que participa de la muerte y también resurrección de Cristo, por lo cual, el pecado, con todos sus efectos e implicaciones ha quedado muerto y ahora en su lugar Cristo a formado una nueva criatura, un nuevo hombre.
Entonces ¿Cómo debe vivir ese hombre nuevo? ¿Y si realmente el pecado está muerto, por qué seguimos pecando? Es posible que estás y otras preguntas estén rodeando vuestras mentes y esperamos que la Palabra sea suficiente para responderlas.

Los versículos que estudiaremos hoy representan la manera en que el creyente debe aplicar la verdad que representa la unión con Cristo. En los primeros versículos se muestra lo que la unión con Cristo es teológicamente y como eso es definido. Dicho de otra manera, los primeros versículos (1-7) son el planteamiento de la doctrina y los siguientes (11-14) don la doctrina aplicada.

Esto es muy importante toda vez que la santidad, el vivir para Dios y todo lo que la vida Cristiana implica en la práctica, no puede darse de manera aislada. Es decir, no se puede vivir para Dios si no se sabe lo que eso significa. Eso es básicamente el legalismo, es piedad externa sin comprensión. Así que, el orden aquí es correcto: primero entendemos el concepto teológicamente y luego ya estamos preparados para hacerlo práctico.

Así que, vamos a observar nuestro texto a la luz de dos encabezado: (1) La convicción de nuestra unión con Cristo; (2) la unión con Cristo practicada

1. La convicción de la unión con Cristo

Durante los primeros 10 versículos vimos como Pablo se concentró en informar sobre la doctrina de la unión con Cristo. En varias ocasiones aparece la palabra ‘sabéis’ o ‘sabiendo’ (al menos en tres ocasiones; sin embargo, la palabra ‘así mismo’ indica cómo hay una progresión, es decir: Ya que saben todo esto o ahora que entienden todo esto, entonces CONSIDEREN.

La palabra CONSIDERAD, implica algo como ‘razonar’ o como diríamos en nuestro entorno ‘echarle lógica’. Esta palabra está asociada a creer. A formar una convicción profunda basada en lo que sabemos.

El gran mal de muchos creyentes es que conocen las doctrinas correctas, pero no las creen y eso es lo que pasa con esta en particular. Se puede estar en lo correcto al creer en la unión con Cristo, sin embargo, no creer en esa doctrina. Y tanto mal hacen los que creen lo que no conocen como los que no creen lo que conocen.
El conocimiento de las doctrinas es importante. Mi pueblo perece por falta de conocimiento, dijo Dios a Oseas, pero el pie lo también perece cuando no cree lo que conoce.

  1. No reine el pecado
    Ahora bien, si creemos lo que conocemos, entonces procuremos que no reine el pecado en nuestro cuerpo mortal. 

    Hay dos cosas bien relevantes aquí:
    Nosotros ya no poseemos el dominio del pecado en nosotros, él ya es un enemigo derrotado. Y usted dirá ¿Entonces por qué peco? Y esa es tal vez una de las razones por la que le cuesta creer está verdad, la respuesta es, ese pecado ya no se produce como antes, ya no está en el alma, no es tampoco un hombre viejo peleando con un nuevo, ¿Entonces dónde? En ‘nuestro cuerpo mortal’. Es por eso que nuestro cuerpo no heredará los cielos, será transformados. Pablo se ocupa de esto en el siguiente capítulo (Rom 7:14).

    • ‎ La segunda cosa que vemos aquí y en la que debemos creer, es que ya hemos sido completamente liberados del dominio del pecado en nosotros, no tenemos ninguna razón para creer que nos controla. La gran mentira que el enemigo de nuestras almas quiere que creamos es que NO PODEMOS vencer el pecado, que es más fuerte que nosotros, pero digo de nuevo, eso es mentira porque no somos sus esclavo su dominio ha sido derrotado y ahora vivamos conforme a esa libertad

    Pienso en los periodos de las guerras de los siglos pasados, cuando el país estaba bajo el dominio de los españoles, todo lo que tuvo que suceder fue que conocieran que el imperio se había debilitado, y cuando las noticias llegaron, entonces pudieron iniciar el camino hacia la libertad, pues bien, el pecado no ha sido debilitado, él ha sido desterrado completamente de su dominio en nosotros y esa es una verdad hermosa.

    La imagen entonces de nosotros ante el pecado es como la de un gran animal que es amarrado a un pequeña vara en la tierra, el animal se queda allí porque no sabe que la estaca es débil y él puede arrancarla, así es el creyente cuando peca, cuando no sabe que ha sido libertado de ese dominio.

  2. No presentéis vuestros cuerpos
    Pero alguien pensará — bueno, si el cuerpo es el culpable, pequeños, al fin y al cabo si lo de adentro está asegurado, que importa lo de afuera— ese pensamiento era el de.los Corintios en el capítulo 6. Algunos de ellos influenciados por el dualismo platónico creían que el cuerpo era un caparazón destinado al desecho y por tanto podían hacer de él cuanto quisieran y Pablo les recuerda que, contrario a lo que ellos pensaban, el cuerpo era el templo del Espíritu. 

    Pero ¿Por qué Dios simplemente no libró del pecado todo y asunto arreglado? ¿Por qué solo el alma u no el cuerpo? Hay dos razones por las que yo creo que esto es así. Una está en el texto y la otra implícita en la biblia.
    Esto es así porque muestra nuestra necesidad de un Salvador. En el capítulo 8 veremos como el Señor nos ayuda en nuestra debilidad y nos ayuda a orar como conviene. Nosotros damos gloria a Dios al mostrar nuestra dependencia de él para nuestra santificación.
    2. ‎la otra tiene que ver con el texto mismo y es que Dios muestra su justicia y gracia al mundo por medio de nosotros. Tal como lo veremos en el siguiente encabezado.

  3. ‎La unión con Cristo practicada

Contrario a presentar nuestro cuerpo al pecado, ahora que somos libres, se nos llama a ser instrumentos o herramientas para mostrar la justicia Divina.
Un cristiano santo exhibe la santidad de Dios. Un cuerpo que puede resistir el pecado, que lucha contra él, manda un mensaje a los incrédulos, el mensaje de un Dios poderoso y fiel y eso da gloria a si nombre.
Nuestra luz alumbra en nuestro cuerpo y así los hombres glorifican a Dios al ver nuestras obras. La santidad de nuestros cuerpos hace que seamos como antorchas encendidas en lugar oscuro.

  1. Porque no estamos bajo la ley

Pablo vuelve de nuevo al argumento principal. “El pecado no es nuestro Señor” y eso es gracias a que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia.

La ley no podía librarnos del pecado ni romper su yugo, al contrario, todo lo ir hacia era volverlo más evidente, pero la Gracias de Dios abundó y nos libró. Bendito sea su nombre.

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