Damos gracias al Señor todos los días por la manera en que el permite que le mensaje de la gracia y las buenas nuevas de salvación se extienden cada día en el mundo entero. Muchas personas a diario encuentran en la Palabra de Dios el mensaje de que somos salvos por la gracia, justificados por la fe solamente y que ninguna obra contribuye a la salvación; sin embargo, también es preocupante como prolifera un entendimiento falso de la gracia que se traduce en vidas alejadas de la piedad y la devoción, esta ‘gracia barata’, como la llaman algunos, es dañina y no es la gracia que viene contenida en el evangelio. Esto es también llamado Antinomianismo, es ir contra la ley o las normas morales que están asociadas a la salvación por la fe.

¿Qué viene después de creer en Cristo? Si somos justificados por la fe, ¿cuál es nuestra nueva condición? ¿Cómo debemos responder al pecado? ¿En qué consiste la nueva vida en Cristo? Es de eso de lo que se ocupa esta nueva sección de libro de Romanos que va desde el capítulo 6 hasta el capítulo 8.

El apóstol Pablo se encarga de mostrar aquí cómo la gracia por medio de la cual somos justificados nos lleva a nosotros a vivir una vida alejada del pecado y para Gloria del Señor.

Contexto: En los capítulos anteriores [del 1 al 5] el Apóstol Pablo manifiesta su deseo de ir a Roma a predicar el Evangelio, argumentando que todos, tanto judíos como gentiles, necesitan la buena nueva puesto que todos están bajo pecado y que no pueden salvarse a sí mismos sino añadir más condenación a la condenación, que en efecto,  la única forma de encontrar redención es por medio de la promesa hecha a Abraham, en la cual, los hombres son declarados justos por creer, esto es, por la fe y no por alguna obra de la ley.

El Apóstol concluye esa primera sección de la carta, mostrando qué, el Señor ha mostrado abundante gracia al mundo a pesar del pecado bajo el cual todos estábamos por causa de la trasgresión de Adán; es una especie de nota de alabanza al concluir que Dios dio la ley para hacer que el pecado abundara aún más, no para justificar a nadie, pero cuando el pecado se hizo más abundante por causa de la ley, el Señor trajo la gracia, la salvación que es por la fe.

Ahora, en el capítulo 6 el apóstol se enfrenta a posibles cuestiones que podían levantarse como un contra argumento a lo que él ha dicho, por lo que se dispone a hacer una muy importante aclaración y es en la que nos ocuparemos en este sermón.

Veremos el texto como la respuesta de Pablo a un interlocutor imaginario, alguien a quien él pone al otro lado, como si hiciera preguntas indagatorias, a las cuales él se adelanta a responder. Así que veremos los 10 primeros versículos del capítulo 6 siguiendo la siguiente estructura:
(1) La pregunta, (2) La respuesta y (3) el argumento de la respuesta

La pregunta

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

Como dijimos, el apóstol Pablo plantea esta pregunta como la que pudiera estar en la mente de personas que malinterpretarían su mensaje. Ya lo había hecho en el capítulo 3:8, donde, de manera similar se anticipaba a quienes podían pensar que al dar más lugar a la justicia de Dios por causa de sus pecados, ellos eran al fin de cuentas “no culpables” sino por el contrario, quienes fomentaba que Dios recibiera más Gloria, y en esa ocasión, la respuesta de Pablo es exactamente la misma que veremos aquí.

Hay al menos dos motivos por las que Pablo se auto interroga aquí: la primera es la más obvia, Pablo no quería que los hermanos gentiles mal interpretaran su mensaje y comenzaran a vivir un evangelio libertino; pero, por otro lado, Pablo quiere evitar que los judíos descalifiquen su mensaje, pues ellos acusaban frecuentemente a Pablo de ser alguien que eliminaba las obras de los creyentes y como libertino (Hechos 21: 17-36). Incluso, en Jerusalén, los judíos intentaron matar a Pablo por ser alguien que promovía el quebranto de la ley:

En el versículo 28 de Hechos 21 leemos: Dando voces: !!¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar.

Así que el Apóstol lo que busca es precisamente evitar que este tipo de pensamiento se forme en la mente de sus lectores y desacreditar así su mensaje y ministerio.

El mismo apóstol Pedro dio testimonio que muchos malinterpretaban el mensaje de Pablo y lo torcían para su propio bien  (2 Ped 3:16)

Pero la respuesta de Pablo es enérgica…

La Respuesta

En ninguna manera, Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

En ninguna manera.  Esta es tal vez la respuesta más enérgica que pudiera conocerse en el idioma de Pablo. De hecho, el apóstol la usa en varias ocasiones en la misma carta para hacer una negación enfática.

Pablo sugiere que la idea de un cristiano, justificado por la fe y reconciliado con Dios viviendo en pecado flagrante es algo inconcebible, ¡Ni siquiera lo pienses!

Y pablo presenta el argumento general de por qué eso no es posible y dice: porque los que hemos muerto al pecado ¿cómo viviremos en él? En otras Palabras, si alguien al pecado no puede vivir para él al mismo tiempo; eso es una contradicción de términos.

En un sentido amplio, creer en Cristo es morir al pecado, practicar el pecado es vivir para el pecado y no se puede estar muerto y vivo al mismo tiempo en una misma naturaleza [puede que alguien esté vivo biológicamente y muerto espiritualmente, pero aquí son dos naturalezas distintas en cuestión] eso es un absurdo. Como no se puede concebir que una puerta esté abierta o cerrada al mismo tiempo, o que la sal sea blanca y negra al mismo tiempo.

Pero este concepto es demasiado grande, así que lo que hace Pablo es desarrollar este pensamiento en lo que resta del versículo

El Argumento de la Respuesta

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

El apóstol continua el desarrollo de su argumento con algo que él asume que los hermanos de Roma sabían. O no sabéis, esta es una de las verdades esenciales de la fe cristiana, que en el momento en que estamos bautizados, damos evidencia externa de nuestra fe y al mismo tiempo es un simbolismo de lo que sucede con nosotros en relación a Cristo.

Debemos aclarar que pablo no está diciendo que el bautismo nos sepulta con Cristo, él dice que los que han sido bautizados, esto es, los que han dado testimonio público de su fe añadiéndose a la familia cristiana, estos son sumergidos en Cristo.  Tal como mencioné, el bautismo es una señal externa y al mismo tiempo una analogía de lo que sucede con nosotros espiritualmente.

De acuerdo con esto, el bautismo [entendido como un acto necesariamente por inmersión] ilustra algo que sucede con los creyentes y es que, por fe, y en el espíritu, son sepultados juntamente con Cristo.

Como diría el pastor John MacArthur:

Al confiar en Jesucristo como Señor, nosotros, fuimos llevados, por un milagro divino inexplicable, dos mil años atrás en la historia, por así decirlo, y se nos hizo participar en la muerte de nuestro Salvador y que fuéramos sepultados juntamente con él, lo cual es una prueba irrefutable de que hubo una muerte y el propósito de esto es hacernos pasar por la muerte con la que se paga el castigo por nuestro pecado.

Esto es realmente maravilloso. Pero también tiene algunas implicaciones aún más profundas que conviene que nosotros examinemos en detalle.

DE paso, es lamentable señalar que mochos creyentes no saben esto.  Es una verdad que desconocen, no pueden comprender cual es el grado de unión que tienen con Cristo, porque su ejercicio religioso está centrado en obras y no en una confianza inquebrantable en Cristo Jesús

La unión con cristo implica identidad con él

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección

Pablo ronda de nuevo por el centro de su argumento para decirnos ahora que, así como fuimos partícipes de la muerte por el bautismo, también lo fuimos de la resurrección por el mismo bautismo. Es decir, así como el bautismo es una sepultura en agua de la que luego salimos, así nuestra unión a Cristo en su muerte necesariamente implica una resurrección, la cual es entendida en una vida totalmente nueva.

Es decir, no podemos decir simplemente que nos unimos a Cristo solo en cuanto al pago por nuestros pecados, pero ahora vivimos nuestra propia agenda, nuestra propia vida. No. La muerte está ligada a la resurrección y ambas se dan EN Cristo Jesús.

La muerte con Cristo implica una identidad completa con él en todo el sentido.  Pablo describe en 1 Corintios 6 lo que significa esta unión no solo en muerte sino en Vida con Cristo:

 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.

Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.

Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.  Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Co 6:13:20)

Nuestra unión con Cristo es real, no solo en cuanto al pago de nuestros pecados sino en cuanto al tipo de vida que llevamos, no podemos separar una cosa de la otra. Estamos ligados íntimamente a él si realmente creemos que él murió por nosotros, estamos llamados a vivir para él.

La unión con Cristo implica que el pecado está muerto

 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

Otra implicación de esa unión con Cristo en su muerte es que el hombre viejo fue crucificado y el cuerpo de pecado destruido.

Hay una verdad gloriosa aquí, pero delicada. Nosotros éramos gobernados por una naturaleza de pecado que nos conducía al mal y nosotros no podíamos hacer nada. Vemos eso en Efesios 2:1-3. Nosotros éramos esclavos y hacíamos siempre lo que es de pecado, pero al creer en Cristo, ese dominio fue muerto y crucificado de modo que ahora no se enseñorea más de nosotros.

Nosotros no somos una lucha entre un hombre viejo y uno nuevo, no. Somos una nueva creación en Cristo y el hombre viejo fue destruido. Eso no significa que con él murió toda forma de pecado y que nunca más un cristiano pecará, no, Lo que significa más bien es que ya no hay un dominio sobre él, ahora es libre y puede vivir para Dios, no hay resistencia. Puede desear las cosas de Dios, puede aborrecer toda forma de pecado, ahora podemos odiar el pecado en lugar de amarlo. [más adelante en el capítulo 7 veremos entonces dónde se produce la lucha con el pecado]

La otra implicación de esta declaración es en el sentido en que, habiendo muerto con Cristo por la fe, ya la ley de la muerte no tiene potestad sobre nosotros. El que ha muerto ha sido justificado del pecado, ya la deuda ha sido saldad y al resucitar ya la ley no puede reclamar más muerte contra nosotros.

El caso Romell Broom en el estadio de Ohio en EEUU ha sido un caso muy controvertido. En el 2009 el hombre fue hallado culpable de violación y condenado a la pena de muerte por inyección letal; sin embargo, luego de dos horas de intentar encontrar una vena que soportara el líquido mortal decidieron dejarlo; lo curioso, es que sus abogados han apelado la sentencia, argumentando, entre otras cosas, que intentar juzgar a su cliente con pena de muerte no es posible porque se incurre en la violación al principio de doble incriminación, en el cual una persona no puede ser juzgada dos veces por  un mismo crimen.

Este caso no es perfecto, pero ilustra el hecho de que al haber sido nosotros castigados junto con Cristo en la muerte, ya no hay ahora algo en nuestra contra; ¡Aleluya!

¿No es esto grandioso? Sin embargo, ¿significa que podemos vivir como queramos? ¡En ninguna manera!

Y esta es la tercera implicación de nuestra unión con Cristo en su muerte.

La unión con Cristo implica que vivimos ahora para Dios

Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive.

La gran conclusión de Pablo es esta: Puesto que estamos unidos a Cristo por la fe y puesto que hemos resucitado para no morir más, lo que resta es hacer lo que él hizo: vivir para Dios.

LA razón por la que hemos resucitado espiritualmente es porque ahora somos llamados a vivir para aquél que nos llamó.

No podemos tomar a Cristo como el comodín útil para nuestra redención, pero desligarlo de lo que implica haber resucitado con él, lo cual es vivir para él.

El versículo 11 aplica estas palabras directamente a nosotros: Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Es a esto a lo que se refería Pablo cuando decía: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Es esta la manera en que debemos considerar nuestra nueva condición; hemos muerto al pecado, pero hemos muerto para vivir por aquél por quien morimos.

Nuestra redención no está desligada de nuestra santidad y si no ha santidad, podemos estar seguros de que nunca hubo redención o algún tipo de unión con Cristo.

No podemos ver la unión con Cristo solo en términos de lo que recibimos, sino también en lo que damos por él y para él.

Síguenos: