Estamos en los versículos finales del discurso del Señor y su preocupación es que sus oyentes obedezcan a sus palabras y entren por la puerta estrecha al reino. El Señor ha advertido que dicha puerta está seguida un camino angosto en el que además corremos el peligro de ser engañados por los falsos profetas. Pero ese no es el único peligro al que los creyentes son expuestos. También está el peligro de engañarse a sí mismos.

Ese en ese sentido en que el Señor advierte a sus oyentes que así como se debe examinar la vida y mensaje de los falsos profetas para identificarlos, todo creyente debe examinarse a sí mismo a fin de determinar si se encuentra o no en el camino de la salvación, si su fe es congruente con su conducta y si está viviendo o no de acuerdo con los parámetros del Reino.

Síguenos: