El libro de Hageo es una ventana que nos ha permitido ver el proceso de reconstrucción del templo de Dios y todos los problemas que se presentaron en el camino. Hemos visto como el pueblo aplazó el llamado a reconstruir y luego como después de poner manos a la obra se desanimaron nuevamente porque el templo no les parecía tener una gloria mayor que aquel que había construido el Rey Salomón.

Pero más allá de ver las fallas en el proceso, hemos podido ver a un Dios actuando soberanamente, no solo llamando al pueblo al arrepentimiento sino proveyendo su gracia para que ellos pudieran seguir sirviendo con alegría de corazón.

En esta ocasión Hageo vuelve a hablar al pueblo por tercera vez y de nuevo para corregirlos. ¿cuál es el límite de la paciencia de Dios? ¿qué tan obstinado era el pueblo de Israel? ¿cuánto nos parecemos a ellos? Esas preguntas seguro vienen a nuestra mente y lidiaremos con ellas a lo largo de nuestro texto.

Dividiremos nuestro texto por tanto en 3 encabezados: la acusación (vv 10 -14); el llamado al arrepentimiento (vv 15-17) y la promesa de restauración (vv 18-19)

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