Cuando el Sufrimiento Endurece
Hemos visto que Jesús es superior a los ángeles que trajeron la ley. Hemos visto la paradoja de su encarnación, cómo teniendo tal superioridad se hizo hombre para probar la muerte por todos. Hoy el predicador da otro paso en su argumento con e fin de persuadir a sus lectores del gran valor de Cristo y es que Él, Jesús es superior a Moisés. Y esta comparación trae consigo una advertencia que tdos debemos considerar acerca del peligro de endurecernos a la voz de Dios por causa de un sufrimiento mal asimilado.
Entendiendo el pasaje
Moisés era el héroe más grande de Israel. Él liberó al pueblo de la esclavitud, recibió la ley en el Sinaí, construyó el tabernáculo, guió a Israel por el desierto. Para un judío del siglo I, sugerir que alguien era mayor que Moisés era casi blasfemia. Pero el autor lo hace con cuidado, Moisés fue fiel en la casa de Dios como siervo, Jesús es fiel sobre la casa como Hijo. Moisés era parte de la casa, Jesús es quien construyó la casa.
Ahora el autor conecta eso con la situación de persecución que enfrentaban los lectores. El predicador les recuerda el fracaso de Israel en el desierto. Dios los sacó de Egipto con mano poderosa, les mostró su gloria, los alimentó con maná, les dio agua de la roca. Pero cuando llegaron al borde de la tierra prometida y vieron los obstáculos, se rebelaron. Endurecieron sus corazones. Se quejaron contra Moisés y contra Dios. Y como resultado, toda esa generación murió en el desierto sin entrar al reposo que Dios les había prometido. Durante cuarenta años vagaron porque su corazón se endureció en medio del sufrimiento.
Ahora mira cómo esto aplica a la audiencia original de Hebreos y a nosotros. Estos cristianos estaban sufriendo persecución de verdad. Perdían propiedades, enfrentaban cárcel, algunos habían muerto por su fe. El sufrimiento prolongado tiene un efecto insidioso: puede endurecerte. Puedes comenzar a pensar que has ganado el derecho de amargarte, de cerrar tu corazón, de volverse cínico. Es el síndrome de la víctima. El que sufre injustamente y piensa que su dolor le da permiso para endurecerse contra Dios. Pero eso es exactamente lo que pasó con Israel en el desierto, y por eso perdieron la promesa.
Tres verdades bíblicas
- Ten cuidado, el sufrimiento puede endurecerte. Esta es la advertencia directa del texto. El dolor prolongado, la injusticia sin resolver, la pérdida que parece no tener sentido, todo esto puede formar una costra sobre tu corazón. Empiezas a protegerte, a cerrar tu vida emocional, a distanciarte incluso de Dios. Lo ves en las preguntas amargas: «¿Por qué Dios permitió esto? Si él me ama, ¿por qué no interviene?» Israel hizo eso mismo en el desierto. Vieron los milagros de Dios pero cuando vino la prueba, cuestionaron su bondad y su poder. Así que el texto advierte que si sufres por Cristo, ese sufrimiento puede ser la misma prueba que Israel falló. Puedes endurecer tu corazón justo cuando más necesitas mantenerlo blando ante Dios.
- Ten cuidado de no cerrar tu corazón a la voz de Cristo. Si eres de los que subraya la Biblia, este es el texto que deberías marcar: «Si oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones». Nota la urgencia del «hoy». Dios está hablando ahora mismo, en medio de tu situación difícil. Cristo, quien es mayor que Moisés, te está llamando a confiar en él a pesar de lo que ves. Pero hay un peligro y es que puedes dejar de escuchar. Puedes cerrar tus oídos porque duele demasiado seguir creyendo. El predicador advierte que lo que le pasó a Israel puede pasarte a ti. Ellos vieron las obras de Dios por cuarenta años pero se extraviaron en su corazón. No permitas que el sufrimiento te haga sordo a la voz de Cristo. Él es quien te construyó, quien te sostiene, quien te llevará al verdadero reposo que viene.
- Somos la casa de Dios si retenemos nuestra confianza. El versículo 6 dice: «Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza». Ser parte de la casa de Dios bajo Cristo es infinitamente superior a ser parte de la casa bajo Moisés. Moisés los llevó a una tierra física. Cristo te lleva a la nueva creación eterna. Moisés les ofreció un descanso temporal. Cristo te ofrece el reposo de Dios mismo. La pregunta es si retendrás firme tu confianza en medio de la prueba. El sufrimiento te está preguntando si realmente crees que el Señor Jesucristo es digno de seguir, si vale la pena perderlo todo por Él.
Mañana veremos más sobre este reposo que nos espera y cómo la Palabra de Dios nos ayuda a no fallar como falló Israel. Pero hoy examina tu corazón. ¿Te está endureciendo el dolor? ¿Estás cerrando tu corazón a la voz de Cristo porque crees que has sufrido suficiente? Eso fue lo que perdió a Israel. No permitas que te pierda a ti.
Padre, el sufrimiento es real y duele. Reconocemos la tentación de endurecernos, de protegernos cerrando nuestro corazón incluso a ti. Pero tú eres digno de confianza. Cristo es mayor que Moisés y nos lleva a un reposo mejor. Ayúdanos a mantener blando nuestro corazón ante ti, a escuchar tu voz hoy, a retener firme nuestra confianza hasta el fin. En el nombre de Jesús, amén.
