Devocional para el 11 de noviembre

«Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetación útil a aquellos por los cuales también es cultivada, recibe bendición de Dios. Pero si produce espinos y abrojos, es reprobada, está próxima a ser maldecida, y terminará por ser quemada.» (Hebreos 6:7-8, NBLA)

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El fruto revela la raíz

El autor de Hebreos acaba de confrontar a su audiencia por su falta de madurez espiritual. Deberían ser maestros, pero necesitan que alguien les enseñe de nuevo que se les enseñaran los rudimentos de la fe. Y ahora les da una dura advertencia acerca de su salvación. Este capitulo 6 de Hebreos ha sido objeto de mucho debate entre los cristianos por siglos, pero nos ayuda venir desarrollando ya una idea, lo que nos permite tener mucha mas claridad sobre el contexto y la naturaleza de la advertencia aquí contenida. Así que creo que tenemos lo necesario para entender la idea principal y el llamado De Dios a cuidarnos del autoengaño.

Entendiendo el pasaje

El autor describe a personas que han estado expuestas a cosas increíbles. Han sido iluminados, han gustado del don celestial, han sido hechos partícipes del Espíritu Santo, han gustado la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero. Luego les dice que es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento si recaen, porque están crucificando de nuevo al Hijo de Dios y exponiéndolo a vituperio público, es decir, si niegan y rechazan al único que puede convencerlos de pecado ¿cómo van a ser convencidos?, pero la pregunta más inquietante que surge es ¿están hablando de cristianos genuinos que pueden perder su salvación?

La clave está en la analogía agrícola que usa para ilustrar su punto. El autor compara dos tipos de terreno que reciben la misma lluvia. Ambos son regados por la misericordia de Dios. La lluvia cae sobre buenos y malos sin distinción. Pero el fruto que cada terreno produce revela qué tipo de planta realmente es. Una tierra produce vegetación útil para quienes la cultivan y recibe bendición de Dios. La otra produce espinos y abrojos, es reprobada, está próxima a ser maldecida y terminará quemada.

Esa misma lluvia de bendición riega ambos terrenos. Las personas descritas en los versículos 4 al 6 han experimentado cosas reales. Han estado en la iglesia, han oído la predicación, han visto milagros, han participado en la comunidad del Espíritu. Pero la exposición a estas cosas no garantiza la salvación genuina. Puedes tener un entendimiento intelectual del evangelio, puedes hasta emocionarte con él, pero si tu vida no produce el fruto del arrepentimiento y la perseverancia, tu “gustar” nunca fue genuino. Israel también gustó el maná en el desierto, pero su corazón estaba lejos de Dios.

Tal como hemos visto ya, destinatarios de la carta estaban en peligro de verdad. Bajo la presión de la persecución, algunos estaban considerando apartarse completamente de Cristo. Así ue el autor les advierte: si hacen eso, si rechazan deliberadamente al único que puede salvarlos después de haber conocido la verdad, no hay otro sacrificio por los pecados. Estarían declarando públicamente que Cristo no es suficiente. Y eso evidenciaría que su profesión de fe nunca fue genuina. El fruto habría revelado la raíz.

Tres verdades bíblicas

  1. Examínate continuamente. Pablo escribió en 2 Corintios 13:5: «Examínense para ver si están en la fe». La autoconfianza espiritual es peligrosa. Puedes haber crecido en la iglesia, conocer la doctrina, participar en la comunidad cristiana, y aún así nunca haber nacido de nuevo. El autor de Hebreos asume que algunos en su audiencia están en esa categoría. Han gustado cosas buenas pero nunca han sido verdaderamente transformados. ¿Dirías que tu vida está marcada por el arrepentimiento genuino, la fe perseverante y el fruto creciente? Si te das cuenta de que has estado jugando a la religión, hoy es el día de arrepentirte de verdad.
  2. El fruto auténtico viene de raíces auténticas. La analogía es muy precisa y útil para entender el texto. Ambos terrenos reciben la misma lluvia, pero solo uno produce fruto útil. La diferencia está en la naturaleza del terreno mismo. Del mismo modo, dos personas pueden sentarse bajo la misma predicación, participar en los mismos actos de adoración, estar expuestas a las mismas bendiciones espirituales. Pero solo aquellos en quienes Dios ha hecho una obra genuina de regeneración producirán el fruto de una vida nueva. Si tu vida no muestra evidencia creciente de santidad, arrepentimiento continuo, de amor por Dios y su pueblo, de deseo por su Palabra, de lucha contra el pecado, necesitas preguntarte seriamente si alguna vez has creído de verdad. Porque como hemos dicho, el fruto revela la raíz. Por el fruto se conoce el árbol.
  3. Los verdaderos creyentes pueden estar seguros, pero no deben ser perezosos. Después de esta advertencia durísima, el autor cambia de tono en el versículo 9: «Pero en cuanto a ustedes, amados, estamos convencidos de cosas mejores, las que pertenecen a la salvación». Está persuadido de que muchos en su audiencia son genuinos. Y les recuerda que Dios no es injusto para olvidarse de su obra y del amor que han mostrado. Luego añade: «Deseamos que cada uno muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena certeza de la esperanza, a fin de que no sean perezosos». Los que son de Dios perseverarán porque Dios guarda su promesa. Pero esa seguridad no elimina las advertencias. Las advertencias son parte de los medios que Dios usa para mantenernos perseverando. No seas perezoso espiritualmente pensando que ya llegaste. Sigue corriendo la carrera hasta el fin.

Reflexión y oración

Examina tu vida. ¿Estás produciendo fruto o espinos? ¿Tu profesión de fe está respaldada por una vida de perseverancia? Dios es fiel a su promesa, pero esa fidelidad no elimina tu responsabilidad de examinar si realmente estás en la fe.

Padre, esta advertencia es seria y necesaria. Examina nuestros corazones. Muéstranos si hemos estado jugando a la religión o si realmente hemos nacido de nuevo. Ayúdanos a perseverar, a no ser perezosos, a seguir produciendo fruto hasta el fin. Gracias porque tú guardas a los tuyos, y porque tu Palabra nos advierte para que no nos autoengañemos. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

2 Reyes 24, Hebreos 6, Joel 3, Salmos 143

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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