La angustia que nos lleva a Dios
Esta es la escena de David otra vez frente a un profeta que lo confronta, Gad, quien le presenta tres opciones de juicio por el pecado de haberse enorgullecido cenando al pueblo. Todas implican sufrimiento. David debe elegir, y lo que dice en ese momento nos enseña algo importante sobre el carácter de Dios y sobre cómo debemos responder cuando enfrentamos las consecuencias de nuestra desobediencia.
Entendiendo el pasaje
El censo que David había ordenado no era simplemente un conteo administrativo sino, como ya lo dije, un acto de orgullo y autosuficiencia. Israel había aprendido a lo largo de su historia que su fuerza no dependía de la cantidad de soldados sino de la presencia de Dios. Pero David quiso saber cuántos hombres de guerra tenía, como si esa información le diera seguridad. Incluso Joab, su comandante militar, le advirtió que esto estaba mal, pero David insistió en hacerlo.
Cuando el censo terminó, David se dio cuenta de su error. La convicción de pecado llegó, y Dios envió al profeta Gad con tres opciones de juicio por su impertinencia: tres años de hambre en la tierra, tres meses huyendo de sus enemigos o tres días de pestilencia enviada directamente por Dios. David no podía escapar de las consecuencias de su pecado, pero en medio de esa angustia toma una decisión notable. Prefiere caer en las manos de Dios que en las manos de los hombres porque conoce el carácter de Dios. Dios es misericordioso incluso cuando disciplina, mientras que los hombres pueden ser crueles sin medida.
Tres verdades bíblicas
1. Desobedecer a Dios trae como consecuencia angustia – David dice «estoy en gran angustia», y esa angustia no vino de la nada. Fue el resultado directo de su desobediencia. Cuando pecamos, algo se rompe en nuestro interior y la paz se evapora. Podemos intentar ignorarlo, distraernos o justificarnos, pero la angustia permanece porque Dios diseñó nuestra conciencia para que reaccione al pecado. Esa incomodidad no es castigo caprichoso sino la alarma que nos advierte que algo está mal. Si hoy sientes angustia en tu corazón, pregúntate si hay algún área de desobediencia en tu vida. No ignores esa señal porque Dios te está llamando de regreso.
2. Cuando la angustia aparece, debemos correr al Señor – Mira la respuesta de David. No intenta minimizar su pecado ni busca excusas. No culpa a otros. Corre directamente a Dios. Incluso cuando sabe que el juicio viene, prefiere estar en las manos de Dios que en cualquier otro lugar, y esa es la mentalidad correcta cuando enfrentamos las consecuencias de nuestras malas decisiones. Muchos hacen lo opuesto cuando pecan y enfrentan las consecuencias. Se alejan de Dios, se esconden, se amargan. Pero David nos enseña que Dios es el lugar más seguro incluso cuando estamos bajo su disciplina porque sus misericordias son muchas. Si estás experimentando dolor por tus propias decisiones, no te alejes sino acércate a Dios. Su misericordia es mayor que tu pecado.
3. La misericordia de Dios es mayor que la de los hombres – David conocía la diferencia entre caer en manos humanas y caer en manos de Dios. Los hombres pueden ser implacables, pueden guardar rencor, buscar venganza y disfrutar del sufrimiento ajeno. Pero Dios, incluso cuando disciplina, lo hace con compasión. La disciplina de Dios siempre tiene un propósito redentor. Nunca es excesiva, siempre está medida por su amor. Cuando enfrentas consecuencias por tus acciones, recuerda que si has confiado en Cristo estás en las manos de un Padre amoroso. Él no te está destruyendo sino moldeando. No te está rechazando sino restaurando.
Reflexión y oración
La angustia puede ser una maestra terrible pero efectiva. Te muestra que algo está mal, te obliga a confrontar la realidad de tu pecado y te empuja hacia Dios. David experimentó esa angustia y tomó la decisión correcta al elegir la misericordia de Dios sobre cualquier otra opción. Hoy puedes hacer lo mismo. Si hay angustia en tu corazón, no la anestesies sino úsala como trampolín para correr a Dios.
Padre celestial, gracias porque incluso en medio de nuestras consecuencias tus misericordias son muchas. Confesamos que muchas veces nuestra angustia es resultado de nuestra desobediencia. Perdónanos y ayúdanos a correr hacia ti en lugar de huir. Sabemos que caer en tus manos es el lugar más seguro incluso cuando enfrentamos tu disciplina. Moldea nuestros corazones y restáuranos. En el nombre de Jesús, amén.