El legado de una casa que sirve al Señor
Obed Edom no aparece muchas veces en las Escrituras, pero cuando lo hace, siempre está asociado con la bendición de Dios. Cuidó el arca del pacto en su casa y Dios lo bendijo abundantemente. Ahora vemos el resultado de esa fidelidad: sesenta y dos descendientes suyos sirven en la casa de Dios como hombres capaces y fuertes. Esta no es solo la historia de un hombre fiel, es la historia de un legado generacional que nació de una vida dedicada a servir al Señor.
Entendiendo el pasaje
Cuando David organizó el servicio del templo, necesitaba hombres fieles para las diferentes tareas. Entre ellos estaban los descendientes de Obed Edom, quienes servían como porteros del tabernáculo. El texto destaca que todos ellos eran hombres capaces con fuerza para el servicio. Esto no sucedió por accidente. Fue el resultado de una cultura familiar donde el servicio a Dios era prioritario y se transmitía de generación en generación.
En el huerto del Edén, Dios le dio a Adán y Eva el mandato cultural de llenar la tierra y sojuzgarla. La idea era que el mundo se llenara de la gloria de Dios a través de hombres y mujeres que, unidos en matrimonio, extendieran la imagen de Dios por medio de la procreación. El pecado arruinó eso, pero es hermoso ver cómo en el Señor podemos redimir los estragos de la caída dedicando nuestras vidas al servicio, a la adoración al Dios verdadero y criando hijos que teman al Señor. Obed Edom entendió esto y el fruto de su fidelidad se multiplica en sus descendientes.
Tres verdades bíblicas
1. No podemos salvar a nuestros hijos, pero podemos modelarles el evangelio – La fe no se hereda genéticamente. Cada persona debe responder personalmente al evangelio. Obed Edom no podía transferir automáticamente su relación con Dios a sus hijos y nietos. Sin embargo, lo que sí podía hacer era vivir de tal manera que ellos vieran lo que significa servir al Señor con gozo y fidelidad. Modelar el evangelio significa que tus hijos ven en ti una vida transformada por Cristo. Ven cómo respondes a las dificultades, cómo tratas a otros, cómo hablas de Dios y cómo priorizas su reino por encima de todo lo demás. No puedes obligarlos a creer, pero sí puedes mostrarles lo que Cristo ha hecho en ti.
2. Somos responsables ante Dios por la mayordomía de nuestros hijos – Dios no te dio hijos para que los críes según las tendencias culturales del momento o para que simplemente sobrevivan. Te los confió para que los formes en el temor del Señor. Lamentablemente, muchos han perdido ese sentido de responsabilidad. Delegan la formación espiritual de sus hijos a la iglesia, a la escuela o a nadie. Pero el mandato bíblico es claro, los padres son los principales responsables de enseñar a sus hijos quién es Dios y cómo deben vivir delante de Él. Esto requiere intencionalidad, sacrificio y tiempo. Requiere que estés presente en sus vidas, que ores con ellos, que les enseñes las Escrituras y que corrijas con amor cuando se desvíen.
3. Extender el reino comienza orando por una generación que ame y tema al Señor – Josué dijo «yo y mi casa serviremos al Señor», y esa debe ser nuestra resolución también. Extender el reino de Dios no es solo una tarea misionera en tierras lejanas. Comienza en tu propia casa con tus propios hijos. Cada familia cristiana fiel es un testimonio viviente del evangelio y una semilla para las generaciones futuras. Cuando oras por tus hijos, cuando vives delante de ellos con integridad, cuando prioriza su formación espiritual sobre su éxito académico o deportivo, cuando los enseñas a honrar el día del Señor y la importancia de congregarse, estás invirtiendo en el reino eterno. Los sesenta y dos descendientes de Obed Edom que servían en la casa de Dios comenzaron con un hombre que decidió ser fiel. Tu fidelidad hoy puede tener un impacto que se extienda por generaciones.
Reflexión y oración
El legado más grande que puedes dejar no son tus posesiones materiales ni tus logros profesionales. Es una generación que conoce y ama a Dios. Obed Edom lo entendió y vivió de tal manera que sus descendientes siguieron sus pasos en el servicio al Señor. Hoy tienes la oportunidad de hacer lo mismo con tu familia. No esperes a tener todas las respuestas ni a ser perfecto. Simplemente sé fiel donde Dios te ha puesto y confía en que Él puede usar tu vida para impactar a las generaciones que vienen.
Padre celestial, gracias por el privilegio de ser padres y por la responsabilidad que eso conlleva. Confesamos que muchas veces fallamos en modelar el evangelio delante de nuestros hijos. Ayúdanos a ser fieles en nuestra mayordomía. Danos sabiduría para criarlos en tu temor y reverencia. Que nuestras familias sean lugares donde tu nombre es honrado y donde las futuras generaciones aprendan a servirte. Oramos por nuestros hijos, para que lleguen a conocerte personalmente y te sirvan con todo su corazón. En el nombre de Jesús, amén.