Devocional para el 5 de diciembre

«Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo.» (1 Juan 4:1, NBLA)

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La fe que discierne

¿Cómo sabes si alguien realmente conoce a Dios? Juan nos ha mostrado varias señales: reconocen su pecado y se arrepienten, obedecen los mandamientos, aman a sus hermanos con acciones concretas. Ahora añade otra marca igual de importante: tienen una confesión de fe sólida. Los que son de Dios tienen el Espíritu de Dios, y ese Espíritu produce un entendimiento correcto de quién es Cristo. En cambio, los que no están en luz hablan de las cosas del mundo y viven conforme a él.

Entendiendo el pasaje

Pareciera que Juan estuviera dando vueltas sobre lo mismo, pero hay una progresión clara en su enseñanza. Todas las marcas que ha mencionado están conectadas. Si tienes el Espíritu de Dios, amarás a Dios. Si amas a Dios, le obedecerás. Si amas a Dios, amarás a tus hermanos. Y si tienes el Espíritu, confesarás verdades correctas sobre Cristo. Todo gira alrededor de una realidad central: el amor que tenemos a Dios y el amor que tenemos unos con otros.

Los falsos maestros de los que Juan habla negaban la encarnación real de Cristo. Decían que Jesús no había venido verdaderamente en carne. Esto no era un detalle teológico menor, era atacar el corazón del evangelio. Si Cristo no vino en carne, no pudo morir por nuestros pecados. Si no murió realmente, no hay redención. Por eso Juan es tan directo: «Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios.» La verdad sobre Cristo es la línea divisoria entre la luz y las tinieblas.

Tres verdades bíblicas

1. El cristianismo es una fe objetiva, no emocional

El cristianismo no es una religión donde cada quien cree lo que quiere. Los que son de Dios confiesan verdades concretas acerca de Cristo: que es el Hijo de Dios, que vino en carne, que murió por nuestros pecados, que resucitó al tercer día. Estas verdades son objetivas y comprobables. Los falsos maestros en el tiempo de Juan enseñaban mentiras atractivas. Probablemente eran elocuentes, impresionaban con su supuesto conocimiento espiritual. Pero negaban lo esencial sobre Cristo. El deber de los creyentes es evaluar lo que se enseña. Si alguien predica algo contrario a la verdad sobre Cristo, no importa cuán carismático sea o cuántos seguidores tenga. Debes atreverte a decir: «Este hombre no anda conforme a la verdad, por lo tanto no es del Señor.» El discernimiento no es opcional, es parte de andar en la luz.

2. Los verdaderos creyentes permanecen en Cristo

Muchos confunden la salvación con repetir una oración o levantar la mano en un evento. Es cierto que el cristianismo parte de confesar a Cristo como Señor, pero la verdadera marca del creyente es que permanece. No solo confiesa a Cristo en un momento de emoción, sino que anda en él, en su verdad, día tras día. El Espíritu que el Señor ha hecho morar en el creyente produce permanencia. Los que son del Señor permanecen con él. Cuando viene la prueba, no abandonan la fe. Cuando aparece una enseñanza nueva y atractiva que contradice el evangelio, no la abrazan. Permanecen porque el Espíritu los guarda. Esta es la diferencia entre una decisión emocional y una conversión genuina: los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin.

3. Todas las marcas del creyente fluyen del mismo Espíritu

Aquí está la belleza de lo que Juan enseña. No puedes separar la verdad que confiesas de la vida que vives. Si dices que tienes el Espíritu pero niegas verdades fundamentales sobre Cristo, estás mintiendo. Si dices que tienes el Espíritu pero no amas a tus hermanos, también mientes. Todo está conectado porque todo proviene de la misma fuente: el Espíritu de Dios morando en ti. Por eso Juan puede decir que tener el Espíritu se hará evidente en que amas a Dios, obedeces sus mandamientos, y amas a los hermanos. No son tres cosas separadas que debes lograr, son el fruto natural de una vida en la que Dios habita. Cuando Dios vive en ti, produces el fruto que le agrada.

Reflexión y oración

Examina tu fe. ¿Está fundamentada en verdades objetivas sobre Cristo o en experiencias emocionales que vienen y van? ¿Permaneces en la verdad incluso cuando no es popular? ¿Tu confesión de fe se traduce en amor genuino por tus hermanos? El Espíritu de Dios produce todas estas cosas en ti.

Padre, gracias porque tu Espíritu nos guía a toda verdad. Perdónanos cuando hemos sido negligentes en discernir el error o cuando hemos tolerado enseñanzas falsas por miedo a parecer intolerantes. Ayúdanos a permanecer firmes en la verdad sobre Cristo y a vivir esa verdad amando a nuestros hermanos. Haznos fieles hasta el fin. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 5:1-6:11, 1 Juan 4, Nahúm 3, Lucas 19

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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