Devocional para 19 de Diciembre

«Jesús les respondió: “Ni éste pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él”.» (Juan 9:3, NBLA)

Compartir:

Cuando la luz llega al ciego

Ayer vimos a Jesús declarar «Yo soy la luz del mundo». Los fariseos lo confrontaron, lo acusaron de dar testimonio de sí mismo y terminaron queriendo apedrearlo por reclamar ser Dios. Pero Juan no nos deja solo con palabras. Como hemos visto antes, cada declaración de Jesús viene acompañada de una señal que demuestra la verdad de lo que proclama. Si él es la luz del mundo, entonces debe ser capaz de dar vista a los ciegos. Y eso es exactamente lo que sucede en el capítulo 9. Esta es la ilustración perfecta de cómo Cristo ilumina a los que están en tinieblas espirituales.

Entendiendo el pasaje

Jesús y sus discípulos ven a un hombre que había nacido ciego. Los discípulos hacen una pregunta que revela la teología común de la época: «Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?». Asumían que todo sufrimiento es resultado directo del pecado personal. Jesús rompe esa idea. «Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él». Entonces hace algo extraño: escupe en tierra, hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Le dice que vaya al estanque de Siloé y se lave. El hombre obedece y regresa viendo.

Lo que sigue es casi cómico si no fuera tan trágico. Los vecinos no pueden creer que sea el mismo mendigo ciego. Los fariseos están furiosos porque Jesús sanó en día de reposo. Interrogan al hombre, luego a sus padres, luego otra vez al hombre. Los padres tienen miedo de ser expulsados de la sinagoga. El hombre sanado les responde con lógica implacable: «Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada». Los fariseos lo expulsan. Jesús lo busca, se le revela como el Hijo del Hombre y el hombre lo adora. La historia termina con Jesús diciendo: «Vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos». Los fariseos preguntan «¿Acaso también nosotros somos ciegos?». Jesús responde: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porque dicen: “Vemos”, su pecado permanece».

Tres verdades bíblicas

1. No todo sufrimiento es resultado directo de pecado personal – Los discípulos asumían que la ceguera era castigo por pecado. Pero Jesús corrige esa teología. Este hombre no estaba ciego por su pecado o el de sus padres, sino para que Dios fuera glorificado en su sanidad. Esto es importante porque muchas veces caemos en la misma trampa. Vemos a alguien sufriendo y asumimos que debe haber hecho algo malo, como los amigos de Job. O peor, cuando nosotros sufrimos, nos atormentamos buscando qué pecado causó esto. Sí, vivimos en un mundo caído donde el pecado trae consecuencias. Pero no toda enfermedad, no todo problema, no toda dificultad es resultado directo de pecado específico. A veces Dios permite sufrimiento para manifestar su gloria de maneras que no podríamos imaginar.

2. La luz de Cristo expone la ceguera espiritual de los religiosos – La ironía de este capítulo es hasta abrumadora. El ciego físico recibe vista y reconoce a Jesús como el Hijo de Dios. Los fariseos que tienen vista física permanecen ciegos espiritualmente y rechazan a Cristo. Ellos estudiaban las Escrituras, conocían la ley, ayunaban, oraban, pero estaban completamente ciegos a la verdad parada frente a ellos. Su problema no era falta de conocimiento religioso, era orgullo. Decían «vemos» cuando en realidad estaban ciegos. Este es el peligro de la religiosidad sin Cristo. Puedes conocer la Biblia de memoria, asistir a la iglesia toda tu vida, cumplir todos los rituales externos y aún estar espiritualmente ciego. El conocimiento religioso sin humildad para reconocer a Cristo es ceguera espiritual.

3. Cristo busca a los que el sistema religioso rechaza – Lo más hermoso de esta historia es el final. Los fariseos expulsan al hombre sanado de la sinagoga. Lo rechazan, lo marginan, lo excluyen. El texto dice «Jesús oyó que lo habían expulsado, y cuando lo encontró». Cristo lo busca. Le pregunta si cree en el Hijo del Hombre, se le revela y el hombre lo adora. Este es el evangelio en acción. Los sistemas religiosos rechazan a los quebrantados, a los imperfectos, a los que no encajan en sus moldes. Pero Cristo busca precisamente a esos. Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Si te has sentido excluido, Cristo te busca.

Reflexión y oración

Este capítulo te confronta con una decisión. ¿Eres como el ciego que reconoce su necesidad y recibe vista de Cristo? ¿O eres como los fariseos que dicen «vemos» pero permanecen ciegos a la verdad? El problema de los fariseos no era que estuvieran ciegos, era que afirmaban ver. Si reconoces tu ceguera espiritual, si admites que necesitas luz, Cristo puede darte vista. Pero si insistes en que ya ves, en que ya tienes la verdad, en que no necesitas a Cristo, permanecerás en tinieblas. La luz del mundo está aquí. ¿La recibirás o la rechazarás?

Señor Jesús, gracias porque eres la luz que da vista a los ciegos. Abre nuestros ojos para verte tal como eres. Gracias porque buscas a los rechazados, a los quebrantados, a los que el mundo margina. Que podamos adorarte con los ojos abiertos. En tu nombre, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 22-23, Apocalipsis 10, Zacarías 6, Juan 9

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio