La oración del Hijo por los suyos
Hemos caminado con Jesús a través del Discurso del Aposento Alto. Les ha dado consuelo prometiendo el Espíritu Santo. Les ha dado instrucción sobre cómo vivir permaneciendo en él. Les ha explicado qué esperar del futuro cuando él se vaya. Ahora, en sus últimas horas antes de la cruz, hace lo único que queda: los encomienda al Padre. Juan 17 registra la oración más extensa del Señor Jesucristo en toda la Biblia. Es una ventana al corazón del Hijo, a su relación con el Padre y a su deseo profundo por nosotros. Por eso se le llama la oración sacerdotal: Jesús ora como nuestro sumo sacerdote intercediendo ante el Padre.
Entendiendo el pasaje
La oración tiene una estructura clara en tres partes. Primero, Jesús ora por sí mismo (versículos 1-5). Levanta los ojos al cielo y dice: «Padre, la hora ha llegado; glorifica a Tu Hijo, para que el Hijo Te glorifique a Ti». Habla de la vida eterna que ha venido a dar, de la obra que completó en la tierra, de la gloria que tuvo con el Padre antes de que el mundo existiera.
Segundo, Jesús ora por sus discípulos inmediatos (versículos 6-19). Dice: «Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado». Les pide al Padre que los guarde en su nombre, que los santifique en la verdad, que los proteja del maligno. Reconoce que los está enviando al mundo pero que no son del mundo, así como él no es del mundo.
Tercero, Jesús ora por todos los que creerán en él a través del mensaje de los discípulos (versículos 20-26). «No ruego solo por estos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos». Esta sección nos incluye a nosotros. Jesús oró por ti dos mil años antes de que nacieras. Su oración se enfoca en la unidad: que todos sean uno, como el Padre está en él y él en el Padre. Termina pidiendo que donde él esté, estemos también nosotros para ver su gloria.
Tres verdades bíblicas
1. La vida de los discípulos del Señor está bajo el cuidado constante de Dios – Jesús ora: «Padre santo, guárdalos en tu nombre». Mientras estuvo con ellos, los guardó él mismo. Ahora que se va, los encomienda al cuidado del Padre. Esta oración revela algo hermoso: no estamos abandonados a nuestra suerte. El Padre nos guarda. Jesús dice: «Ninguno de ellos se perdió, excepto el hijo de perdición». El que era genuinamente del Padre permanecerá hasta el fin porque Dios lo guarda. Esto no es excusa para la negligencia sino fundamento para la confianza. Enfrentarás pruebas, persecución, tentación. El mundo te odiará como odió a Cristo. Pero estás bajo el cuidado de Dios. Nadie te puede arrebatar de su mano.
2. El Señor oró por los doce y también por nosotros dos mil años antes – El versículo 20 es asombroso: «No ruego solo por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos». Jesús estaba en ese aposento alto con once discípulos, pero su mirada atravesó los siglos. Te vio a ti. Vio a cada creyente que existiría a través de la historia. Y oró por ti específicamente. Oró por tu unidad con otros creyentes, por tu santificación en la verdad, por tu protección del maligno, por que vieras su gloria. Cuando sientas que nadie ora por ti, recuerda esto: el Hijo de Dios oró por ti antes de que existieras. Y si oró por ti entonces, ciertamente intercede por ti ahora a la diestra del Padre.
3. El deseo de Dios es que sus discípulos reflejen la unidad que hay en la Trinidad – Jesús ora repetidamente por la unidad: «que sean uno, así como nosotros». «Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros». Esta no es unidad organizacional o institucional. Es unidad espiritual que refleja la unidad entre el Padre y el Hijo. Cuando los creyentes están verdaderamente unidos en amor, en propósito, en doctrina, el mundo ve algo que no puede explicar. Esa unidad es testimonio de que el Padre envió al Hijo. Por eso Satanás trabaja tan duro para dividir a la iglesia. Por eso debemos luchar por la unidad sin comprometer la verdad. La unidad que Jesús pide está fundamentada en la verdad, santificada por la Palabra, centrada en Cristo.
Reflexión y oración
Jesús está a horas de la cruz. Podría estar orando por liberación, por escape, por alivio del sufrimiento. En lugar de eso, ora por sus discípulos. Por su protección, su santificación, su unidad, su gozo. Y ora por ti. Esta oración revela el corazón del Buen Pastor que va a dar su vida por las ovejas. Revela al Hijo que glorifica al Padre en todo. Revela al Salvador que nos ama hasta el fin. Toma tiempo hoy para leer Juan 17 completo. Es la oración de Cristo por ti. Deja que esas palabras penetren tu corazón. Él oró por ti. Estás bajo su cuidado.
Padre santo, gracias porque Jesús oró por nosotros. Gracias porque nos guardas en tu nombre, porque nos santificas en tu verdad, porque nos proteges del maligno. Ayúdanos a ser uno como tú y el Hijo son uno. Que nuestra unidad sea testimonio al mundo de que enviaste a Cristo. Guárdanos hasta el día en que veamos tu gloria. Cumple en nosotros todo lo que Cristo pidió en su oración. En su nombre, amén.
