Abraham acaba de vivir un capítulo intenso. Rescató a Lot, venció a reyes poderosos, se encontró con Melquisedec, y rechazó las riquezas que el rey de Sodoma le ofrecía. Ahora, en la quietud después de la batalla, Dios le habla: «No temas, Abram, yo soy tu escudo y tu recompensa será muy grande».
Pero Abram tiene una pregunta. Una pregunta honesta que llevaba tiempo guardada en su corazón: «Señor Dios, ¿qué me darás, si yo estoy sin hijos?». Las promesas eran grandes, pero seguía sin tener descendencia. ¿De qué servía una recompensa si no tenía a quién dejarla? Lo que sigue es uno de los pasajes más importantes de toda la Biblia, citado por Pablo mas adelante en el Nuevo Testamento para explicar cómo somos salvos y fundamental para entender el evangelio.
Entendiendo el pasaje
Dios no reprende a Abram por su pregunta. Lo saca de su tienda, le muestra el cielo nocturno y le dice: «Mira hacia los cielos y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas… Así será tu descendencia». Y entonces viene el versículo que cambiaría la historia de la teología: «Y creyó al Señor, y Él señor s leo contó por justicia».
Abram no hizo nada para merecer esa declaración, él simplemente lo creyó. Tomó a Dios por su palabra. Y esa fe le fue contada como justicia. Siglos después, el apóstol Pablo tomaría este versículo en Romanos 4 y Gálatas 3 para explicar que la salvación nunca ha sido por obras, sino por fe. Abraham es el padre de todos los que creen, no porque fue perfecto, sino porque confió en las promesas de Dios.
Pero Abraham tiene otra pregunta: «Señor Dios, ¿cómo sabré que la he de heredar?». Y aquí Dios hace algo extraordinario. Le pide que traiga animales: una novilla, una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino. Abraham los parte por la mitad y coloca las mitades una frente a otra. Este era un ritual antiguo para sellar pactos. Cuando dos partes hacían un acuerdo solemne, ambas caminaban juntas entre los pedazos de los animales. El significado era mas o menos esto: «Que me suceda como a estos animales si no cumplo mi parte del pacto».
El relato continua mostrando un un sueño profundo que cae sobre Abram y mientras él duerme, aparece una antorcha de fuego que pasa sola entre los pedazos, pero en lugar de caminar los dos por el medio e los pedazos como indicaba la costumbre, solo Dios lo hace, Abram solo observa, Este no es un pacto bilateral donde ambas partes se comprometen. Es un pacto unilateral donde Dios asume toda la responsabilidad. Él está diciendo: «Si este pacto se rompe, yo pagaré el precio».
¿Ves hacia dónde apunta esto? Es Dios quien toma la iniciativa de hacer un pacto con Abram porque es lo único que garantiza que el plan se cumplirá. Nosotros somos los que rompemos el pacto una y otra vez, pero Dios nunca falta a sus promesas. Y por supuesto, no puedo dejar de mencionar la preciosa escena que esto prefigura, en la cruz, Dios pagó el precio de nuestra infidelidad. La antorcha encendida del juicio de Dios que pasó entre los animales partidos traspasaría al Hijo de Dios, el que sería partido como un cordero por nosotros por nosotros para asegurar nuestra redención.
Tres verdades bíblicas
1. La fe, no las obras, es el medio por el cual somos justificados ante Dios — Abraham creyó, y eso le fue contado por justicia. No trabajó para ganarla, no la mereció por su conducta. Confió en lo que Dios prometió, y Dios lo declaró justo. Este es el corazón del evangelio. No somos salvos por lo que hacemos sino por creer en lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.
2. Dios hace pactos que solo Él puede cumplir — Abram durmió mientras Dios caminaba entre los pedazos. Lo que Dios nos ha prometido no depende de nuestra capacidad de cumplir sino de su propia fidelidad. Si dependiera de nosotros, estaríamos perdidos. Pero Dios asumió ambos lados del pacto. Él promete y Él cumple. Nuestra parte es creer.
3. Dios no se ofende con nuestras preguntas honestas — Abraham preguntó «¿qué me darás si no tengo hijo?» y «¿cómo sabré que la heredaré?». Es común que enfrentemos preguntas, nosotros somos seres limitados, no podemos conocer el futuro y nos abrumamos por las experiencias amargas del pasado; así que no debemos fingir que lo entendemos todo cuando estamos inmersos en la duda; eso no significa que no confíes en el Señor, es que no tienes toda la información y el punto es que no necesitas tenerla, somos llamados a confiar en Él y su fidelidad. Si hoy tienes dudas honestas, llévalas a Dios. Él es lo suficientemente paciente para manejarlas.
Reflexión y oración
Génesis 15 es el fundamento de todo lo que creemos sobre la salvación y las promesas De Dios incluso siendo un pasaje tan lejano en el Antiguo Tetsamento. Antes de la ley, antes de los mandamientos, antes de cualquier sistema religioso, Abram fue declarado justo por fe. Y el pacto que Dios hizo esa noche fue sellado con sangre de animales que apuntaba a la sangre del Cordero que vendría. Hoy descansamos en ese pacto. No en nuestra capacidad de cumplir, sino en la fidelidad del Dios que pasó solo entre los pedazos. Si vas a una iglesia, cada vez que participas de la Censa del Señor, eso lo que estas recordando, que somos parte de un nuevo y mejor pacto.
Señor, gracias porque la salvación no depende de nosotros. Gracias porque tú caminaste solo entre los pedazos, asumiendo el costo de nuestra infidelidad. Gracias porque podemos ser satisfechos justos simplemente por creer en ti. Aumenta nuestra fe. Ayúdanos a descansar no en nuestras obras sino en tu fidelidad inquebrantable. Amén.
