Dos años. Dos años pasaron desde que el copero salió de la cárcel y olvidó a José. Dos años de silencio. Dos años en los que probablemente José se preguntó muchas veces si el copero algún día se acordaría de él. Debió ser desesperante. Pero eso no estaba en las manos de José. Estaba en las manos del Señor. Y un día, sin previo aviso, todo cambió. Faraón tuvo un sueño que nadie podía interpretar, el copero finalmente recordó, y José fue sacado de la cárcel para estar delante del hombre más poderoso de Egipto. Este es uno de esos momentos en los que la narrativa da un giro inesperado, y uno no puede evitar ver la mano de Dios moviendo los hilos de la historia.
Entendiendo el pasaje
Faraón tiene dos sueños la misma noche. En el primero, siete vacas gordas son devoradas por siete vacas flacas. En el segundo, siete espigas llenas son devoradas por siete espigas secas. Ninguno de sus sabios puede interpretarlos. Y es entonces cuando el copero finalmente se acuerda de José. Mira cómo funciona esto: el olvido del copero no fue un accidente, fue parte del tiempo de Dios. Si el copero hubiera hablado antes, José habría salido de la cárcel, pero no habría estado disponible para este momento específico. Todo tenía que encajar.
Ahora bien, cuando José está frente a Faraón, hay algo diferente en su actitud. En la cárcel, después de interpretar el sueño del copero, José le había dicho: «Acuérdate de mí, sácame de aquí». Era comprensible, pero era José buscando su propia salida. Esta vez es distinto. Faraón le dice: «He oído que puedes interpretar sueños». Y José responde: «No está en mí; Dios será quien dé la respuesta». Ya no se presenta desde su necesidad. Se presenta desde la confianza de que Dios está en control. Dos años de espera le enseñaron algo que la prisa nunca le habría enseñado. Y cuando da la interpretación y el consejo de buscar un hombre sabio para administrar la crisis que viene, no dice «contrátame a mí». Simplemente presenta la solución y deja que Dios haga lo demás. Faraón ve en él exactamente lo que necesita, y lo pone sobre todo Egipto.
Tres verdades bíblicas
- Dios usa medios extraordinarios para momentos extraordinarios — Los sueños en esta historia no son un patrón que debamos esperar para nuestras vidas. Dios estaba haciendo algo específico, y usó un medio extraordinario para comunicar su mensaje y conectar los puntos de la historia. No todos nuestros sueños son revelaciones, y no debemos vivir buscando señales en cada cosa que soñamos. Pero sí debemos reconocer que cuando Dios quiere hacer algo, él tiene los medios para hacerlo, aunque sean inesperados. Lo importante no es el medio; es reconocer que Dios está obrando.
- La espera enseña lo que la prisa no puede — Hay un José distinto en este capítulo. Ya no es el joven que dice «acuérdate de mí». Es un hombre que ha aprendido a descansar en las manos del Señor. Dos años de espera le enseñaron a ver el panorama más amplio, a entender que era Dios quien dirigía los hilos, no él. A veces Dios nos pone en salas de espera que no entendemos. Nos desesperamos, queremos forzar las puertas, acelerar los tiempos. Pero la espera produce algo en nosotros que la prisa jamás podrá producir. Te enseña a soltar el control. Te enseña a confiar. Si hoy estás en una espera que no entiendes, considera que Dios puede estar formando algo en ti que solo el tiempo puede formar.
- Dios está en control de todos los eventos de la historia — Esto es lo más asombroso del capítulo. Dios no solo controla la vida de José; controla la historia entera. La abundancia que vendría, el hambre que seguiría, el sueño de Faraón, el olvido del copero, todo estaba siendo tejido para un propósito mayor. Y esa hambre que cubriría toda la tierra era el elemento que conectaría a José con su familia. Jacob y sus hijos también tendrían hambre. Los hilos se están acercando. Es abrumador pensar en esto. Que una sequía y una abundancia, eventos que afectarían a naciones enteras, fueran parte del plan de Dios para reunir a una familia. Eso nos habla de una soberanía que escapa a nuestra comprensión. Dios no solo está en control de tu historia; está en control de todas las historias, y las está tejiendo juntas.
Reflexión y oración
Hay un detalle más que no quiero que pasemos por alto. Cuando José tiene hijos en Egipto, los nombres que les pone revelan su corazón. Al primero lo llama Manasés, que significa «Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y la casa de mi padre». Al segundo lo llama Efraín, que significa «Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción». José veía su sufrimiento como algo que estaba en las manos de Dios, algo temporal, algo que tendría un propósito. Y así fue. El día que cambió todo llegó. No cuando José lo determinó, sino cuando el Señor lo determinó. Él es quien exalta al humilde, Él es quien convierte la humillación en Gloria y ese es el gran mensaje que contiene el evangelio que suena incluso desde esta historia, que un día uno vendría también de la tumba, de las profundidades de la tierra para convertirse en el que sacia el hambre de todos aquellos que vienen a Él. El verdadero Rey que es al mismo tiempo el pan de vida.
Padre, gracias porque tú controlas los tiempos que nosotros no podemos controlar. Gracias porque la espera no es vacía cuando estamos en tus manos. Ayúdanos a confiar como José aprendió a confiar, a dirigir las miradas de otros hacia ti y no hacia nosotros, y a descansar sabiendo que tú estás tejiendo una historia más grande de lo que podemos ver. En el nombre de Jesús, amén.
