Un pueblo que no debía morir

«Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios temían a los Israelitas.» (Éxodo 1:12, NBLA)

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Hoy comenzamos un nuevo recorrido. Después de caminar juntos por el libro de Génesis, entramos a Éxodo, cuyo nombre significa «salida». Y eso es precisamente lo que relata: cómo Dios sacó a su pueblo de la esclavitud en Egipto para llevarlo a adorarle como pueblo libre. Génesis cerró con un ataúd en Egipto y una promesa: «Dios ciertamente los visitará». Éxodo es la respuesta a esa promesa.

Entendiendo el pasaje

Cuando Jacob bajó a Egipto eran apenas 70 personas. Parece impensable que un grupo tan pequeño, sin recursos ni tierras, pudiera llegar a ser algo. Pero Dios le había dicho a Jacob algo muy concreto: «No temas descender a Egipto, porque allí te haré una gran nación. Yo descenderé contigo» (Gn 46:2-4). Y el versículo 7 de nuestro capítulo lo confirma con fuerza: los israelitas tuvieron muchos hijos, aumentaron y el país se llenó de ellos. Egipto no era su destino final, pero era el lugar que Dios había escogido para hacerlos crecer. En los días de José, Faraón les dio la región de Gosén, y allí pudieron cultivar y prosperar. La promesa estaba en marcha.

Pero entonces «se levantó un rey que no conocía a José». Esa frase anuncia la horrible noche. Este nuevo Faraón vio a los israelitas como amenaza e intentó frenarlos de tres maneras distintas, y las tres fracasaron. Los puso como esclavos a construir sus ciudades (todavía no sabemos cómo es que ponerle trabajo a alguien hace que deje de multiplicarse), pero el texto dice con ironía que cuanto más los oprimían, más crecían. Después ordenó a las parteras matar a los varones al nacer, pero estas mujeres temieron más a Dios que a Faraón y preservaron la vida de los niños. Y como último recurso, decretó que todo varón hebreo recién nacido fuera echado al Nilo. Un genocidio. Cada intento produjo el efecto contrario. Esto es como un ju-jitsu celestial: Dios, sin armas, usando la fuerza de su oponente contra sí mismo.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios cumple sus promesas en los lugares menos esperados — Muchas veces pensamos que necesitamos condiciones ideales para ver fruto. Si viviera en otra ciudad, si tuviera otra iglesia, si tuviera otro trabajo… Lo cierto es que Dios hizo crecer a su pueblo en Egipto, un lugar de esclavitud. Ahora bien, hay otro peligro que este texto deja entrever y que es igual de real: acomodarse. Los israelitas sabían que Egipto no era su lugar, pero llevaban generaciones allí. Puede que las comodidades de este mundo nos borren el deseo de anhelar el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios ha prometido. Ya sea que este mundo te resulte hostil o demasiado cómodo, no pierdas de vista que no somos de aquí.
  2. Dios honra a quienes le temen más que a los hombres — Las parteras tenían todo para perder. Desobedecer a Faraón podía costarles la vida. Pero el texto dice que temieron a Dios, y él las bendijo por eso. Este pasaje es prueba de que los creyentes somos llamados a obedecer las leyes humanas solo hasta donde estas no se oponen a la verdad de Dios. Y cuando eso suceda, podemos confiar en su providencia. Muchas veces el temor al hombre nos consume, pero el temor a Dios nos sostiene.
  3. La opresión no puede detener los planes de Dios — Piensa en la iglesia primitiva. Un pequeño grupo de judíos sin influencia comenzó a adorar a un ser resucitado, la religión oficial los persiguió, y de repente ese grupo se extendió por el mundo entero. Todavía resuenan las palabras de Gamaliel en Hechos 5: «Si este plan es de los hombres, perecerá; pero si es de Dios, no podrán destruirlos». Más de dos mil años después, la iglesia sigue en pie. El mismo Dios que multiplicó a Israel en Egipto es el que dijo: edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Reflexión y oración

Solamente el Señor puede sacar bienes de males. Solo él puede hacer que haya fruto en la esterilidad y que un pueblo condenado a desaparecer, por el contrario, se multiplique. Puede que tu adversidad no sea como la de Israel, pero puede ser una relación difícil, un jefe injusto, personas que te dañan sin razón. Descansa en el Señor. No devuelvas mal por mal. Al final, él hará justicia y reivindicará tu causa.

Señor, gracias porque tus planes no pueden ser frustrados por ningún poder humano. Tu fidelidad sostuvo a tu pueblo en Egipto y nos sostiene hoy. Ayúdanos a temerte más a ti que a los hombres, y a no acomodarnos en este mundo al punto de olvidar que nuestro hogar está contigo. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

Éxodo 1, Lucas 4, Job 18, 1 Corintios 5

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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