Canto de júbilo

«El Señor es mi fortaleza y mi canción, y ha sido mi salvación; este es mi Dios, y lo alabaré, el Dios de mi padre, y lo enalteceré». (Éxodo 15:2, NBLA)

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«¿Sufre alguien entre ustedes? Que haga oración. ¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas.» La música ha sido usada a lo largo de la historia como una forma de expresar lo que el corazón lleva adentro. Cantamos cuando estamos tristes y cuando estamos alegres, cuando estamos angustiados y cuando tenemos esperanza. Hoy llegamos a uno de los cánticos más antiguos y hermosos de toda la Escritura: el cántico de Moisés después del cruce del mar Rojo. El pueblo rescatado ahora canta. Y lo que canta nos enseña cómo debe ser nuestra adoración.

Entendiendo el pasaje

Ayer vimos cómo Dios mostró su gloria al abrir el mar, salvar a su pueblo y destruir al ejército egipcio. Ahora viene la respuesta. Moisés compone un himno que no es una simple explosión emocional, sino una pieza cuidadosamente construida que sigue una progresión clara: primero alaba a Dios por lo que es, luego por lo que ha hecho al vencer a sus enemigos, y finalmente por lo que hará al cumplir sus promesas. El cántico abre y cierra con la misma frase: «Cantaré al Señor porque se ha engrandecido grandemente; ha arrojado al mar al caballo y a su jinete». Y entre esas dos declaraciones hay una teología completa de la adoración.

Lo que hace especial a este cántico es que aunque Moisés habla en primera persona, él no es el centro. «El Señor es mi fortaleza y mi canción, y ha sido mi salvación.» Es personal, sí, pero el foco está en Dios. No es «mira lo que soy», sino «mira lo que él ha hecho». Y al final, María toma un pandero, reúne a las mujeres y llama a todo el pueblo a repetir el estribillo. Cientos de miles de personas entonando un mismo cántico con júbilo. El pueblo que semanas atrás se quejaba y reclamaba, ahora canta.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios es digno de ser alabado por lo que es y lo que ha hecho en nosotros — Moisés menciona motivos concretos para su alabanza: Dios dio a conocer su nombre, lo fortaleció en medio de su debilidad, fue su salvación y ha sido fiel a su pacto. Son razones personales, pero no centradas en él sino en Dios. Una de las grandes tragedias de la iglesia moderna ha sido convertir los cánticos en expresiones emocionales que solo se concentran en el hombre, en cómo se siente, en sus necesidades más inmediatas, pero no en la majestad del Señor. Adorar con entendimiento es levantar nuestra voz con una comprensión clara de la obra de Dios en nosotros. Piensa en lo que el Señor ha hecho, de dónde te ha rescatado, cómo te ha guardado en su fidelidad. Esos son motivos para alabar y exaltar al Señor.
  2. Nuestro mayor enemigo ya fue derrotado — La segunda parte del cántico compara el poder de Dios con el de sus enemigos y la conclusión es contundente: «¿Quién como tú entre los dioses, oh Señor? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad?». Dios no necesitó ni siquiera de sus dos manos para derribar a Egipto. Cuando el enemigo creyó haber vencido, Dios solo sopló y trajo la victoria. Para nosotros esa victoria ha sido confirmada en Cristo. Pablo lo dice así: «Habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de él» (Colosenses 2:15). Y también: «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? A Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 15:55-57). El pecado y la muerte creyeron haber vencido a Cristo en la cruz, pero el Señor triunfó sobre ellos al resucitar. Y en la eternidad, el motivo de nuestro canto seguirá siendo el mismo: «El Cordero que fue inmolado es digno» (Apocalipsis 5:12).
  3. Dios es digno de ser alabado por lo que hará al cumplir sus promesas — El cántico no termina mirando hacia atrás. Los versículos 13 al 18 miran hacia adelante: «Tú los traerás y los plantarás en el monte de tu heredad. El Señor reinará para siempre». El pueblo todavía no había entrado al desierto, pero ya cantaba de las promesas que Dios cumpliría. Iban a necesitar recordar este cántico durante la travesía. Una de las cosas que uno puede notar en los himnos de siglos pasados es que casi todos incluían una estrofa sobre la vida venidera o el retorno de Cristo. Hoy nos desconectamos fácilmente de esa realidad futura porque el aquí y el ahora requiere menos fe. Pero la verdad es que en este mundo nunca vamos a experimentar la plenitud de Dios, por lo que somos llamados a anhelar esa esperanza y cantar de ella. La vida cristiana es un camino a veces desértico en el que vamos a necesitar recordar que el Dios que ha obrado en el pasado no dejará caer ninguna de sus buenas promesas hacia el futuro.

Reflexión y oración

Si Dios nos ha dado la voz y los motivos de nuestro canto, nuestra respuesta debe ser cantar. No como algo secundario o de relleno, sino como parte central de nuestra vida de fe. Cantar es proclamar lo que creemos. Es recordar lo que Dios ha hecho, celebrar lo que Cristo logró en la cruz y anhelar lo que viene. Con este cántico cerramos el primer gran bloque de Éxodo: el pueblo ha sido rescatado. Lo que viene ahora es el desierto, donde aprenderán a conocer al Señor que los sacó de Egipto. Pero antes de caminar, cantaron. Que nosotros hagamos lo mismo.

Señor, tú eres nuestra fortaleza y nuestro cántico. Tú has sido nuestra salvación. Perdónanos por las veces que nuestra adoración se centra en nosotros y no en ti. Ayúdanos a cantar con entendimiento, recordando lo que has hecho, celebrando la victoria de Cristo y anhelando el día en que te veremos cara a cara. Que nunca perdamos los motivos de nuestro canto. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

Éxodo 15, Lucas 18, Job 33, 2 Corintios 3

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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