Manos a la obra

«Y lo he llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de arte.» (Éxodo 31:3, NBLA)

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A mediados del siglo XV, un escultor italiano abandonó un enorme bloque de mármol extraído de las canteras de Carrara porque consideró que la piedra tenía defectos. Varios artistas fueron consultados después y ninguno aceptó el encargo. Pasaron veinticinco años hasta que un joven que no llegaba a los treinta lo tomó como proyecto para la Catedral de Florencia. En 1504, el «David» de Michelangelo Buonarroti fue exhibido en la Piazza della Signoria y se convirtió en una de las esculturas más impresionantes que la mano humana haya producido. Se necesitó una destreza fuera de lo común para convertir una piedra descartada en una obra maestra. Ahora bien, si eso se requiere para una escultura, ¿cuánto más para construir el lugar donde Dios haría habitar su presencia?

Entendiendo el pasaje

Éxodo 31 marca un giro en la narrativa. Hasta ahora Dios venía dando instrucciones a Moisés sobre el diseño del tabernáculo, el mobiliario, las vestiduras y la consagración de los sacerdotes. Todo eso eran planos. Ahora llega el momento de construir, y para eso se necesita mano de obra calificada. Dios llama por nombre a dos hombres, Bezalel hijo de Uri y Aholiab hijo de Ahisamac, y les encomienda liderar toda la construcción. Lo notable es cómo los describe, como llenos del Espíritu de Dios en sabiduría, inteligencia, conocimiento y toda clase de arte. No eran sacerdotes ni profetas. Eran artesanos. Y Dios los llenó de su Espíritu para que trabajaran con madera, metal y tela.

El capítulo cierra con algo que a primera vista parece desconectado pero que tiene todo el sentido. En medio de las instrucciones para construir, Dios insiste en guardar el día de reposo. Ni siquiera la obra más sagrada del pueblo justificaba saltarse el descanso que él había establecido.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios llena de su Espíritu para trabajar, no solo para predicar — Bezalel es el primer hombre en toda la Biblia del que se dice explícitamente que fue lleno del Espíritu de Dios. Y el propósito no fue profetizar, ni liderar ejércitos, ni hacer milagros. Fue para tallar madera, fundir metales y bordar telas. Eso cambia la manera en que entendemos el servicio a Dios. Existe una separación peligrosa en la mente de muchos creyentes entre lo que se hace en la iglesia y lo que se hace fuera de ella. Pero este pasaje derriba esa pared. Desde Génesis, Dios le dio al ser humano un mandato cultural, el llamado a cultivar, crear, producir y administrar lo creado. Ese mandato no desapareció con la caída. Lo que vemos aquí es a Dios llenando de su Espíritu a hombres comunes para que cumplan ese mandato con excelencia y para su gloria.
  2. Toda habilidad que tenemos viene de la mano de Dios y existe para darle gloria — Bezalel y Aholiab no se hicieron expertos por accidente. Dios los había capacitado, probablemente desde sus años en Egipto, con habilidades que en ese momento parecían comunes pero que ahora tenían un propósito específico. Y el versículo 6 agrega algo más, y es que Dios puso sabiduría en el corazón de todo sabio de corazón, es decir, dispuso al resto del pueblo que ya tenía alguna habilidad para que participara en la obra. Cuando trabajamos con excelencia en cualquier área, estamos extendiendo la gloria del Dios que puso esas capacidades en nosotros. Pablo les dijo a los corintios «ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios».
  3. Ni siquiera la obra más sagrada justifica ignorar el descanso — Justo cuando el pueblo está por comenzar la construcción del tabernáculo, Dios les recuerda que deben guardar el sábado. La instrucción es enfática, con advertencia de muerte incluida. Y la razón que da es reveladora, porque el reposo sería una señal entre Dios y su pueblo, así como la circuncisión era señal del pacto con Abraham. El pueblo de Dios sería conocido no solo por su trabajo sino por su capacidad de parar. Dios sabe que el trabajo tiene el potencial de convertirse en ídolo, y el descanso por mandato nos protege de ese peligro. Para nosotros hoy, aunque no guardamos el sábado de la misma manera que Israel, el principio permanece. Reunirnos el primer día de la semana para celebrar la resurrección de Cristo y adorar juntos no es opcional. Es la señal de que sabemos que nuestra vida no se define por lo que producimos sino por el Dios al que pertenecemos.

Reflexión y oración

Tal vez esta mañana estás por salir a un trabajo que sientes ordinario o repetitivo. Este pasaje te dice que no hay tal cosa como un trabajo insignificante cuando se hace para la gloria de Dios. Bezalel tallaba madera y Dios lo describió como lleno de su Espíritu. Lo que tú haces hoy con tus manos y con tu esfuerzo puede ser un acto de adoración si lo haces consciente de que sirves al Señor.

Padre, gracias porque nos has dado habilidades y talentos que vienen de tu mano. Perdónanos por las veces que hemos separado nuestra vida cotidiana de nuestra vida espiritual, como si fueran cosas distintas. Ayúdanos a trabajar hoy con excelencia, sabiendo que todo lo que hacemos es delante de ti y para tu gloria. Y danos también la sabiduría de descansar, confiando en que tú sostienes lo que nuestras manos no alcanzan. Amén.

Lecturas del plan

Éxodo 31, Juan 10, Proverbios 7, Gálatas 6

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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