Lo que Dios hizo después de mudarse

«Entonces el Señor llamó a Moisés y le habló desde la tienda de reunión.» (Levítico 1:1, NBLA)

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Ayer cerramos Éxodo con la imagen más gloriosa de todo el libro. La nube descendió, la gloria llenó el tabernáculo y Dios se mudó al centro del campamento de Israel. Fue el cierre de una historia que comenzó con un pueblo esclavo llorando en Egipto y terminó con la presencia de Dios habitando entre ellos. Pero esa historia no terminó ahí. Hoy abrimos Levítico, y lo primero que leemos es que Dios habla. Se ha mudado y ahora tiene algo que decir.

Entendiendo el pasaje

Levítico comienza con esta frase «El Señor llamó a Moisés y le habló desde la tienda de reunión.» ¡Qué en el cambio! En Éxodo, Dios hablaba desde el monte Sinaí, rodeado de truenos, relámpagos y fuego. El pueblo temblaba a la distancia. Ahora habla desde una tienda que está plantada en medio del campamento, a metros de donde las familias cocinan, los niños juegan y la vida cotidiana sucede. Dios se ha acercado. Y lo primero que hace desde esa cercanía es enseñarle a su pueblo cómo vivir con él.

Eso es Levítico. Muchos le tienen miedo a este libro, y con razón, porque a primera vista parece una lista interminable de leyes, sacrificios y regulaciones que no tienen nada que ver con nosotros. Pero necesitamos desmitificar este libro. Levítico no es un código de reglas arbitrarias. Es la respuesta a una pregunta que cualquiera se haría después de Éxodo 40. Si Dios es santo y ahora vive en medio de un pueblo pecador, ¿cómo funciona esa convivencia? Cada ley, cada sacrificio, cada instrucción que vamos a encontrar en las próximas semanas responde a esa pregunta desde un ángulo distinto.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios habla desde la cercanía, ya no desde la distancia — Hay algo que cambia cuando la voz que te instruye viene de alguien que vive contigo y no de alguien que te habla desde lejos. En Sinaí, Dios entregó la ley en medio de truenos y fuego. El pueblo temblaba a la distancia. Ahora habla desde la tienda de reunión, en medio del campamento. Es el mismo Dios, la misma autoridad, pero la relación ha cambiado. Dios se ha mudado y quiere que su pueblo aprenda a vivir en su presencia. Eso es lo que vamos a recorrer juntos en las próximas semanas. Levítico se mueve en cuatro momentos que iremos descubriendo paso a paso. Cómo acercarse a Dios, que es lo que veremos esta semana con los sacrificios. Quién puede representar al pueblo ante Dios. Cómo debe vivir el pueblo en santidad. Y cuál es el ritmo de vida que Dios diseñó para los suyos.
  2. Levítico es una guía de convivencia con Dios, no un manual de reglas — Piensa en lo que pasa cuando alguien se muda a vivir contigo. Hay cosas que hay que hablar, hay ajustes que hacer, hay formas de funcionar que se necesitan establecer. Eso es exactamente lo que Dios hace aquí. La gloria ha llenado el tabernáculo, Dios está en casa, y ahora le enseña a su pueblo cómo funciona la vida junto a él. No son reglas caprichosas. Son instrucciones de un Dios santo que quiere estar cerca de un pueblo que todavía tiene mucho que aprender. Cuando leemos Levítico con esos ojos, deja de ser un libro aburrido y se convierte en una ventana al carácter de Dios, un Dios que se toma la molestia de enseñar con paciencia porque quiere que la relación funcione.
  3. Acercarse a Dios siempre cuesta algo — Lo primero que Dios enseña en Levítico es el holocausto, la ofrenda que se quema entera sobre el altar. El que la traía no se quedaba con nada. Todo el animal era consumido por el fuego. Era la ofrenda de entrega total. Y eso nos dice algo que atraviesa toda la Escritura, y es que acercarse a Dios requiere que algo muera, que algo se entregue por completo. Israel aprendió eso con toros y carneros. Nosotros lo vemos cumplido en Cristo, que se ofreció a sí mismo de manera total y definitiva. Él es el holocausto perfecto. Lo que los israelitas hacían una y otra vez con sus animales, Cristo lo hizo una sola vez y para siempre.

Reflexión y oración

Hoy empezamos un camino nuevo. Levítico nos muestra que Dios quiere vivir con nosotros y se toma en serio enseñarnos cómo hacerlo. Cada capítulo que vamos a recorrer tiene algo que decirnos sobre quién es Dios, sobre lo que él espera de los suyos y sobre cómo Cristo cumplió todo lo que este libro anticipa. Acompáñanos en este recorrido.

Padre, gracias por acercarte. Gracias porque no te quedaste en la montaña hablando desde la distancia, sino que te mudaste al centro de tu pueblo. Gracias porque en Cristo te has acercado aún más, y por tu Espíritu vives hoy en nosotros. Danos ojos para ver en Levítico tu carácter, tu santidad y tu gracia. Amén.

Lecturas del plan

Levítico 1, Juan 20, Proverbios 17, Filipenses 4

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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