Llevamos varios días hablando de sacrificios y ofrendas, y quizás alguien piense que Levítico se queda en lo ritual, en lo que pasa dentro del tabernáculo. Pero hoy Levítico sale del tabernáculo y se mete en la calle. Levítico 6 arranca hablando de robos, estafas y mentiras para cubrir el engaño. Y lo que Dios tiene que decir al respecto no deja espacio para ambigüedades.
Entendiendo el pasaje
Levítico 6 tiene dos partes. La primera (versículos 1 al 7) cierra la sección sobre los sacrificios que hemos venido recorriendo desde el capítulo 1. La segunda parte comienza las instrucciones detalladas para los sacerdotes sobre cómo administrar cada ofrenda, algo que ya nos conecta con lo que viene en los próximos días. Hoy nos vamos a concentrar en esa primera parte porque tiene algo que necesitamos escuchar.
Mira cómo empieza el texto. Dice «cuando alguien peque contra el Señor» y lo que describe a continuación son pecados cotidianos. Alguien que engañó a su prójimo con un depósito, alguien que robó, alguien que encontró algo perdido y juró en falso que no lo tenía. Cosas que suceden en los negocios, en las relaciones, en el día a día. Y Dios los llama lo que son, una infracción contra él mismo. El texto no dice «cuando alguien peque contra su prójimo». Dice «contra el Señor». Para Dios, robarle al vecino es ofenderlo a él directamente.
Tres verdades bíblicas
- Toda injusticia contra el prójimo es un pecado contra Dios — Nosotros tendemos a separar las cosas. Ponemos los «pecados contra Dios» en una categoría y los «pecados contra las personas» en otra. Pero Levítico 6 no hace esa distinción. Cuando engañas a alguien en un negocio, cuando te quedas con algo que no te pertenece, cuando mientes para cubrir una ventaja que tomaste, estás pecando contra el Señor. Y la razón va más allá de que cada persona lleva la imagen de Dios. Lo que una persona posee es una extensión de quién es. Su propiedad es su medio de sustento, lo que alimenta a su familia, lo que le permite vivir con dignidad. Por eso el robo está mal por donde se le mire, ya sea que lo cometa un individuo o una institución. Dios protege la propiedad del otro porque tocar lo que es de alguien es tocar su vida. Eso es lo que hace que la contraparte bíblica del robo no sea simplemente «no robes», sino algo mucho más amplio. Pablo lo expresó así en Efesios, «el que robaba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad». Mira la progresión. De robar a trabajar, de trabajar a compartir. Dios no solo prohíbe tomar lo ajeno, nos lleva hasta la generosidad. Y Proverbios lo remata cuando dice que el que da al pobre le presta al Señor. Así de conectados están Dios, el prójimo y lo que hacemos con lo que tenemos.
- El arrepentimiento bíblico tiene manos y pies — Una vez más aparece la restitución en Levítico. El que robó tiene que devolver lo que tomó, más una quinta parte adicional. El que estafó tiene que reparar el daño con creces. Y solo después de eso trae su ofrenda al sacerdote. Dios no acepta un arrepentimiento que se queda en las emociones. Sentirse mal por lo que hiciste no es lo mismo que repararlo. Las lágrimas no devuelven lo robado. Por eso el arrepentimiento bíblico siempre se mueve, siempre va hacia alguien, siempre incluye hacer lo que se pueda para enmendar lo que se rompió. Zaqueo lo entendió perfectamente cuando dijo que devolvería cuatro veces lo que había defraudado. Nadie se lo pidió, pero él sabía que el encuentro con Jesús tenía que llegar hasta su billetera.
- Con Levítico 6 cerramos un primer capítulo de esta serie — Vale la pena ver el camino recorrido. Holocausto, entrega total. Ofrenda de cereal, gratitud. Sacrificio de paz, comunión. Ofrenda por el pecado inadvertido. Ofrenda por la culpa. Y hoy, justicia con el prójimo. Todo este sistema respondía a la pregunta que planteamos el primer día, ¿cómo se acerca un pueblo pecador a un Dios santo? Dios mismo proveyó el camino. Pero esa es solo la primera parte de la historia. Ahora vamos a entrar en la consagración de los sacerdotes, las personas que Dios apartó para mediar entre él y su pueblo. Después vendrán las leyes de santidad y las fiestas de Dios. Todavía hay mucho por recorrer.
Reflexión y oración
Levítico 6 nos recuerda que nuestra fe no se puede encerrar dentro de un templo. Lo que hacemos con nuestro prójimo tiene un peso delante de Dios. No existe una versión de la vida cristiana donde adoramos a Dios el domingo y estafamos al vecino el lunes. Dios conecta ambas cosas y nos pide que las tratemos con la misma seriedad.
Padre, perdónanos por las veces que hemos separado nuestra relación contigo de nuestro trato con los demás. Perdónanos cuando hemos pensado que basta con sentir culpa sin reparar el daño. Danos la valentía de ir, devolver, enmendar y caminar con integridad. Gracias porque en Cristo tenemos el sacrificio que cubre nuestra culpa, pero enséñanos a vivir como personas que se toman en serio la justicia con el prójimo. Amén.
