Tus enemigos serán los de tu propia casa

«Y el Señor dijo de repente a Moisés, a Aarón y a Miriam: “Salgan ustedes tres a la tienda de reunión”. Y los tres salieron» (Números 12:4, NBLA)

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Ayer cerramos un capítulo difícil. El descontento del pueblo por la comida, las quejas, las codornices, las tumbas de la gula. Aquel conflicto nació en los extremos del campamento, en la gentuza extranjera que contagió de murmuración a las tribus. Hoy el conflicto se mueve de lugar. Ya no viene de afuera. Viene de adentro, del corazón mismo del liderazgo, de los hermanos de sangre del propio Moisés. Y este es uno de los pasajes más sensibles del libro, porque ha sido mal usado por algunos para blindar a los líderes de toda crítica. Vamos a leerlo con cuidado.

Entendiendo el pasaje

Miriam y Aarón hablaron contra Moisés. El pretexto fue la mujer cusita con la que Moisés se había casado, una madianita probablemente. Pero el corazón del asunto se ve en el versículo 2, cuando ellos mismos se delatan, «¿Solamente por Moisés ha hablado el Señor? ¿No ha hablado también por nosotros?». La queja por la mujer era cobertura. Lo que estaba debajo era envidia vocacional. Y muy posiblemente había un tercer motivo familiar, porque Aarón era el primogénito y la tradición hebrea daba al mayor la precedencia, pero aquí su hermano menor era el portavoz de Dios.

Lo que pasa después es interesante porque dice que el Señor lo oyó. Inmediatamente bajó en la columna de nube, llamó a los tres a la tienda de reunión, y allí defendió a Moisés con palabras solemnes. Cuando Dios habla con los profetas lo hace por visiones y sueños, pero con Moisés habla cara a cara. Y la pregunta que cierra el reclamo del Señor es punzante, «¿por qué, pues, no temieron hablar contra Mi siervo?». Cuando la nube se levantó, Miriam quedó leprosa. Aarón le rogó perdón a Moisés. Moisés clamó al Señor por su hermana. Dios la sanó pero la dejó siete días fuera del campamento, y todo Israel detuvo la marcha esos siete días. El capítulo 13 abre con la siguiente escena, el envío de los doce espías a la tierra prometida, una historia que vamos a trabajar con calma mañana.

Tres verdades bíblicas

1. El ataque más doloroso es el que viene de los más cercanos

El ataque a Moisés no vino de enemigos extranjeros. Vino de su hermana mayor y de su hermano. La gente que lo ayudó a sacar a Israel de Egipto. Aarón, el sumo sacerdote consagrado por Dios. Miriam, la profetisa que cantó al Señor en la orilla del mar. Los que conocían sus debilidades, los que estuvieron en las trincheras con él. Y cuando uno lee el texto con honestidad, descubre que el motivo declarado (la mujer cusita) era pretexto. El motivo verdadero era envidia. Y la envidia siempre se viste con ropa teológica para parecer respetable. mi querido oyente, la crítica que nace del corazón torcido casi nunca aparece como envidia, aparece como «preocupación legítima», como «discernimiento», como «celo por la doctrina». Y créeme, se sufre más en el ataque del hermano que en la persecución del incrédulo.

2. Dios protege la integridad del liderazgo que él estableció

Aquí necesitamos cuidado pastoral. Este pasaje no enseña que los líderes son infallibles. Moisés no era infalible. De hecho, dentro de pocos capítulos vamos a verlo a él pecar en Meriba y ser disciplinado por el mismo Señor que aquí lo defiende. La Escritura sí tiene caminos para confrontar al líder cuando hay falta legítima. Pablo enfrentó a Pedro en Antioquía cuando este actuó con hipocresía. Pablo le dice a Timoteo que no reciba acusación contra un anciano sino con dos o tres testigos, y que si peca, sea reprendido delante de todos. Hay procesos. Lo que este pasaje denuncia es otra cosa. Denuncia el cuestionamiento que nace de motivos torcidos, la murmuración familiar disfrazada de celo. Si el pastor es esparcido, las ovejas se extravían. Por eso Dios mismo se levanta a defender la obra de y la posición de Moisés. Y aquí hay una doble advertencia. A los que cuestionan, examinen sus motivos, porque el Señor oye. A los líderes, no usen este pasaje como blindaje contra la corrección legítima. La integridad del liderazgo se protege con humildad, no con escudos.

3. La intercesión del agraviado es la sombra de Cristo

La escena más conmovedora del capítulo está al final. Miriam, la que atacó a Moisés, está leprosa. Aarón le ruega a Moisés que interceda por ella. Y Moisés, el agraviado, levanta la voz al Señor con palabras cortas y cargadas, «Oh Dios, sánala ahora, te ruego». El que tendría todas las razones para reclamar venganza se convirtió en intercesor de quien lo había atacado. Y aquí el texto se vuelve premonitorio de lo que sería la forma de actuar de Jesús, el agraviado supremo, intercedió por sus enemigos y quienes le injuriaban, desde la cruz. «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Moisés es figura. Cristo es el cumplimiento. Cuando el siervo de Dios responde con intercesión a la traición, refleja a su Maestro. Y a la inversa, cuando un creyente herido por hermanos elige la oración por encima de la venganza, está caminando el mismo sendero del Señor.

Reflexión y oración

El siervo de Dios herido por sus hermanos tiene dos caminos delante, la amargura o la intercesión, y solo uno se parece a Cristo.

Padre nuestro, en este capítulo se nos muestran muchas cosas a la vez, y todas duelen. El ataque de los más cercanos, la envidia que se viste de teología, la rapidez con que tú defiendes a tus siervos. Guárdanos del corazón murmurador que critica con ropaje espiritual lo que en el fondo es envidia. Guarda a tus pastores y siervos, sostén a los que cargan la obra de tu pueblo, y ayúdanos a usar los caminos que tú mismo nos has dado para corregirnos en amor cuando es necesario. Y cuando seamos heridos por hermanos, danos la gracia de Moisés, que clamó por su hermana antes de exigir su castigo. Que nuestra respuesta a la traición se parezca a la de Cristo, que oró por sus enemigos. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Números 12-13, Salmos 49, Isaías 2, Hebreos 10

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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