¿Qué pide el Señor de ti?

«Y ahora, Israel, ¿qué pide el Señor tu Dios de ti, sino que temas al Señor tu Dios, que andes en todos sus caminos y le ames, y que sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?» (Deuteronomio 10:12-13, NBLA)

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Después de recordarle a Israel todo lo que ha hecho mal, Moisés hace la pregunta que cualquiera temería. ¿Y entonces qué quiere Dios de mí? La respuesta sorprende, porque no es la lista aplastante que esperaríamos.

Entendiendo el pasaje

Moisés acaba de contar el becerro de oro y la renovación del pacto con las segundas tablas. Y entonces formula la gran pregunta del capítulo, ¿qué pide el Señor de ti? La respuesta resume toda la vida con Dios en cuatro verbos, temer, andar, amar y servir, todo con el corazón entero. No es una carga nueva que se les echa encima, es la respuesta de gratitud a un Dios que ya los rescató, y todo, dice Moisés, para el bien de ellos mismos. Pero el caudillo sabe que el problema nunca fue saber qué pide Dios, sino tener con qué cumplirlo, y por eso lanza la imagen más penetrante del capítulo, circuncidad el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz. El estorbo de Israel no estaba afuera, estaba en un corazón duro. Y el capítulo cierra mostrando el carácter de Dios que debía marcar al pueblo, un Dios grande que no hace acepción de personas, que ama al huérfano, a la viuda y al extranjero, y que manda a los suyos amar al extranjero porque ellos también lo fueron en Egipto.

Tres verdades bíblicas

1. Lo que Dios pide no es una carga, es una respuesta.

Presta atención los cuatro verbos, temer, andar, amar, servir. Mucha gente cree que Dios exige una montaña de cosas imposibles, que la vida con Él es una lista interminable de requisitos. Pero Moisés lo resume en una vida entregada de corazón, que es la reacción natural de quien ha sido amado primero. Escucha esto, Dios no te pide para aplastarte, te pide para tu bien, así lo dice el versículo. Lo que el Señor busca de ti no es tu rendimiento perfecto, es tu corazón, y cuando se lo das, descubres que sus caminos eran el lugar donde siempre quisiste estar.

2. El que ama de verdad a Dios, ama al que no tiene nada.

Es interesante ver como Moisés describe a Dios al cerrar el capítulo. El Señor de señores, el grande y temible, hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al extranjero dándole pan y vestido. Y enseguida ordena, amad, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en Egipto. Hermano, no puedes decir que amas al Dios que defiende al desamparado mientras desprecias al desamparado que tienes enfrente. Tu fe hacia arriba se mide en tu trato hacia el lado. El migrante que llegó sin nada, la viuda de tu barrio, el que no puede pagarte de vuelta, esos prueban si tu amor a Dios es de verdad o solo de palabra.

3. El problema no es la ley, es tu corazón, y solo Dios puede operarlo.

Moisés les manda circuncidar su corazón, cortar esa dureza que los aleja de Dios. Pero el problema es que un corazón duro no se ablanda a sí mismo, igual que un muerto no se resucita solo. Por eso el mismo libro confesará más adelante que será Dios quien circuncide el corazón de su pueblo para que pueda amarlo. Lo que aquí se manda y el hombre no puede, Dios prometió hacerlo Él mismo. Y lo cumplió en Cristo, porque Pablo enseña que la circuncisión que cuenta es la del corazón, hecha por el Espíritu. El corazón nuevo que Israel necesitaba y no podía darse, Dios lo regala en el nuevo pacto sellado con la sangre de su Hijo. Lo que la ley pedía, la gracia lo concede.

Reflexión y oración

Dios pide tu corazón, y cuando descubres que el tuyo es de piedra, Él mismo se ofrece a darte uno nuevo.

Padre, Tú no nos pides para abrumarnos, sino para nuestro bien, y lo que buscas es nuestro corazón entero. Confesamos que ese corazón es duro y que no podemos ablandarlo solos. Circuncídalo Tú, como prometiste, y danos un corazón nuevo que te ame y que ame al que nada tiene para devolvernos. Gracias porque en Cristo nos diste lo que tu ley pedía y nosotros no podíamos cumplir. Enséñanos a temerte, andar contigo, amarte y servirte con todo. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Deuteronomio 10, Salmos 94, Isaías 38, Apocalipsis 8

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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