Aguas abiertas, otra vez

«Conságrense, porque mañana el Señor hará maravillas entre ustedes» (Josué 3:5, NBLA)

Compartir:

Después de años de espera, el pueblo por fin levanta el campamento y se mueve hacia el Jordán. Pero al llegar a la orilla se topan con un problema enorme. El río está desbordado, en plena crecida de la cosecha, con una corriente que nadie puede vadear ni cruzar a nado. Y hablamos de una nación entera en marcha, con mujeres, niños, animales y todo lo que cargan. No hay puente ni barcas, no hay forma humana de pasar. Y aun así, avanzan.

Entendiendo el pasaje

Josué manda al pueblo prepararse, y después de una pausa de tres días llega la orden de marchar. Fíjate en el dato que el narrador suelta casi de pasada. El Jordán en esa época se sale de su cauce (3:15). Era un torrente de varios metros de profundidad, con una corriente turbulenta. Dios pudo haberlos llevado en la estación seca, por un vado poco hondo, pero escogió a propósito el momento más imposible. ¿Para qué? Para que aprendieran, de una vez, que la tierra se tomaría solo por el poder de su Dios. El centro de todo debía ser el arca del pacto, que representaba la presencia de Dios en medio de ellos. El arca iría delante, como quien explora y abre el camino, y el pueblo tenía que seguirla a cierta distancia, con los ojos puestos en ella.

Y entonces Dios anuncia lo que va a pasar antes de que pase. En cuanto los sacerdotes que llevan el arca metan el pie en el agua, el río quedará cortado (3:13). Que lo anuncie de antemano sella su origen, porque esto es obra de Dios y de nadie más. Y ocurre exactamente como lo dijo. El arca se detiene en medio del cauce, sobre tierra seca; las aguas se amontonan río arriba, y la nación entera pasa al otro lado. Es el mar Rojo otra vez. El mismo Dios que abrió el mar para sacarlos de Egipto ahora abre el Jordán para meterlos en la tierra. Por eso el texto lo llama «el Señor de toda la tierra» (3:11); hasta el agua le obedece.

Tres verdades bíblicas

1. La fe da el siguiente paso aunque no vea el camino completo

Mira el momento exacto en que ocurre el milagro. El agua no se abre cuando Josué lo ordena, ni cuando el pueblo lo desea. Se abre cuando los sacerdotes, cargando el arca, meten el pie en la corriente (3:15-17). Tuvieron que dar el paso primero, con el río todavía rugiendo delante. Así trabaja la fe. Da el siguiente paso sobre lo que Dios ya dijo y deja el resto en sus manos, «porque por fe andamos, no por vista» (2 Co. 5:7).

Como dijo un comentarista, muchas veces Dios abre su mano un dedo a la vez. Rara vez te muestra el plan completo. Te muestra el siguiente paso y espera que lo des confiando en él. Y tú que estás parado frente a algo que no sabes cómo vas a resolver, quizá Dios no te esté pidiendo el mapa entero. Te está pidiendo que metas el pie en el agua.

2. Sigue la presencia que va delante

El pueblo tenía una sola instrucción para cruzar, seguir el arca. No debían adelantarse ni ponerse a calcular la ruta. Tenían que fijar los ojos en la presencia de Dios que iba abriendo el camino, y caminar detrás. Y ahí se decide todo, hacia dónde miras. Si Israel hubiera mirado el río, no habría dado un paso. Miraron el arca, y cruzaron.

Aquella arca ya no va delante de nosotros, pero Alguien mayor sí. Jesús, que prometió no dejarnos ni abandonarnos nunca (He. 13:5), va delante abriendo el camino. Nuestra parte no ha cambiado, seguirlo con los ojos puestos en él.

3. Dios es el Señor de toda la tierra, y su meta contigo es Cristo

Aquí conviene una recomendación honesta, para no leer mal este capítulo. Lo que pasó en el Jordán fue un prodigio único. Dios no está prometiendo que va a partir todos los ríos que se te atraviesen, ni que quitará cada obstáculo con un milagro. A veces lo hace; muchas veces no, y nos toca seguir adelante con los medios de siempre. Por eso, frente a un río que no se abre, la pregunta no es cuándo actuará Dios, sino qué te está enseñando sobre sí mismo.

Y lo que enseña es enorme. Que él es el Señor de toda la tierra, que gobierna hasta el agua, el tiempo y cada circunstancia de tu vida. Que ordena todas las cosas para un fin, y ese fin es hacerte cada vez más parecido a su Hijo (Ro. 8:28-29). El Jordán era apenas el primer paso de un camino largo que, al final, apunta al descanso que da Cristo. Por eso corremos esta carrera «puestos los ojos en Jesús» (He. 12:2), el que va delante de nosotros como el arca iba delante de Israel.

Reflexión y oración

El mismo Dios que partió el mar y el Jordán va hoy delante de ti; tu parte es dar el paso y seguirlo.

Padre, Señor de toda la tierra, tú haces maravillas y abres camino donde no lo hay. Hoy nos consagramos a ti y fijamos los ojos en ti, que vas delante. Gracias porque en Cristo tenemos a quien nunca nos deja ni nos abandona, y que ordena cada cosa de nuestra vida para hacernos más como él. Danos fe para meter el pie en el agua y dar el siguiente paso, aunque todavía no veamos todo el camino. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Josué 3, Salmos 126-128, Isaías 63, Mateo 11

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio