Si has seguido esta serie, había algo que podíamos anticipar, la decadencia de Saúl. Pero al llegar a este pasaje uno no deja de sorprenderse de lo bajo que puede caer una persona cuando pierde de vista a Dios, cegada por su propio parecer y por un deseo injustificado de venganza. Saúl perdió todos los estribos, y después de esta noche no nos queda duda. Una honestidad antes de entrar, el relato es claro y su desarrollo no confunde a nadie, pero los acontecimientos dejan retos interpretativos que no podremos abordar en detalle en los minutos de este devocional. Así que iremos a la idea central y a su relación con el resto de la historia que venimos contando.
Entendiendo el pasaje
Los filisteos concentran sus ejércitos para la guerra grande, y Aquis le anuncia a David que marchará con él, nombrándolo su guardaespaldas, la telaraña de ayer cerrándose (mañana veremos cómo Dios lo saca). Frente al campamento enemigo, Saúl siente un terror que lo deshace, y consulta al Señor. La respuesta es el versículo que hoy nos ancla, silencio por los tres canales. Y aquí conectemos el texto con su historia, porque cada canal mudo tiene expediente. Los profetas callaron porque Saúl desechó dos veces la palabra de Samuel y fue desechado con ella. El Urim calló porque Saúl masacró a los sacerdotes de Nob, y el efod sobreviviente vive ahora en el campamento de David. Y Samuel estaba muerto. El cielo cerrado de esta noche lo construyó Saúl con sus propias manos, canal por canal.
Entonces el rey que años atrás expulsó del país a los espiritistas pide que le busquen una médium, se disfraza, y cruza la noche hasta Endor. Allí jura «por el Señor» que la mujer no será castigada, invocando a Dios para violar la ley de Dios. La mujer grita espantada ante lo que ve, y la figura le repite a Saúl el mensaje de siempre, el Señor ha hecho tal como habló por medio de Samuel, el reino fue arrancado y dado a David por la desobediencia con Amalec, y mañana Saúl y sus hijos estarán entre los muertos. Sobre la aparición, seamos honestos con los límites del texto, no sabemos con certeza si era Samuel o no, y no vamos a especular. Lo que sí sabemos es que Dios prohibió consultar a los muertos declarándolo abominación (Deuteronomio 18:10-12), que la práctica estaba vetada en Israel al punto de que el propio Saúl la había perseguido, y que el mensaje recibido no contiene una sílaba nueva. Nada en este episodio aprueba la práctica, y Crónicas contará esta consulta entre las causas de la muerte de Saúl. El capítulo cierra con el rey desplomado en el piso de la casa de la médium, sin fuerzas y sin haber comido, alimentado por la mujer antes de perderse en la noche.
Tres verdades bíblicas
1. Quien desecha la palabra termina mendigándola
Al comienzo de la serie vimos a Dios romper un silencio de años llamando a un muchacho en Silo, y recordamos el hambre que anunció Amós, la peor de todas, la de oír las palabras del Señor. Hoy esa hambruna tiene rostro, un rey disfrazado mendigando de noche la palabra que despreció de día durante todo su reinado. El silencio de Dios hacia Saúl tenía historia, y la historia era suya. Vuelve a valorar la Palabra abierta sobre tu mesa mientras es tiempo de abundancia, porque el desprecio prolongado de lo que Dios dice tiene esta cosecha, buscarla un día y no hallarla.
2. La desesperación sin arrepentimiento busca atajos y no busca a Dios
Fíjate en lo que Saúl quiere esa noche, una respuesta, no un cambio. Información sobre la batalla, no reconciliación con el Dios que lo desechó. Por eso su desesperación no lo lleva de rodillas al arrepentimiento, sino a una puerta que él mismo sabía prohibida. Y esa puerta sigue abierta hoy con otros nombres. Muchas personas, lamentablemente, buscan ayuda en el ocultismo, la hechicería y la adivinación, prácticas que a veces se disfrazan de Dios con oraciones y vocabulario piadoso, pero que la Escritura asocia con demonios y espíritus de adivinación. Los creyentes debemos mantenernos lejos de todo eso, sin acercarnos ni siquiera por curiosidad, y mucho menos sabiendo que Dios lo aborrece. Cuando el cielo calle en tu vida, el camino nunca será la puerta clausurada. El camino se llama volver.
3. Dios no da palabra nueva a quien no obedeció la vieja
Escucha bien el mensaje de Endor, no trae una sílaba que Samuel no hubiera dicho en vida. El Señor ha hecho tal como habló. La revelación que Saúl mendigaba esa noche era, en el fondo, la obediencia que llevaba quince años posponiendo. Y esa es una palabra filosa para nosotros, porque mucha «búsqueda de la voluntad de Dios» es en realidad una palabra ya escrita, ya conocida y todavía pendiente. Antes de pedirle a Dios que te muestre lo nuevo, pregúntate qué te mostró hace tiempo que sigue sin obedecerse. La palabra pendiente es la puerta de la palabra fresca.
Reflexión y oración
Dios no tenía palabra nueva para Saúl, porque Saúl nunca obedeció la vieja.
Señor, guárdanos de despreciar tu Palabra en los años de abundancia, no sea que un día la busquemos y no la hallemos. Líbranos de los atajos disfrazados, de toda puerta que Tú has prohibido, y cuando tu cielo parezca callado, enséñanos que el camino se llama volver. Y antes de pedirte palabras nuevas, danos valor para obedecer las que ya nos diste. En el nombre de Cristo, amén.
