Se fortaleció en el Señor

«Pero David se fortaleció en el Señor su Dios» (1 Samuel 30:6, NBLA)

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Anteayer dejamos a David atrapado en su propia telaraña de mentira, ¿se acuerdan?, reclutado por Aquis para marchar contra Israel, la esquina sin salida. Hoy vemos a Dios destejerla con una delicadeza que da escalofríos, y el hilo suelto lleva a David derecho a las cenizas de Siclag, donde tocará el fondo más hondo de todos sus años de desierto. Desde ese fondo, por fin, el fugitivo va a volver. Y el plan de lectura nos regala el comentario perfecto, porque hoy mismo leemos el Salmo 46, Dios es nuestro refugio y fortaleza.

Entendiendo el pasaje

El capítulo 29 es el destejido. Los ejércitos filisteos desfilan hacia Jezreel y los príncipes descubren a David en la retaguardia de Aquis. La protesta de ellos es inmediata, y el argumento que usan es una canción vieja, ¿no es este David, del que cantaban en las danzas, Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles? La misma canción que encendió los celos de Saúl y le costó a David el exilio ahora lo rescata de pelear contra su propio pueblo. Aquis lo despide deshaciéndose en elogios, David protesta, ¿por qué no puedo ir a pelear contra los enemigos de mi señor el rey?, y nunca sabremos qué habría hecho de haber marchado. Dios no permitió que lo supiéramos. Por ser expulsado, David llega a Siclag al tercer día, con el rastro de los saqueadores todavía fresco.

Y Siclag es ceniza. Los amalecitas, el enemigo que Saúl no exterminó, arrasaron la aldea y se llevaron cautivas a las mujeres y a los niños, aunque con un detalle de misericordia enorme, no mataron a nadie, la medida que David no daba en sus incursiones le fue dada a él. David y sus hombres lloran hasta quedarse sin fuerzas, y entonces llega el golpe final, la tropa habla de apedrearlo. Ahí, con todo perdido y hasta los suyos en contra, el narrador escribe la frase cumbre del desierto, pero David se fortaleció en el Señor su Dios. Y la fortaleza toma forma concreta de inmediato, llama a Abiatar con el efod y consulta al Señor, su primera consulta en dieciséis meses. La respuesta rompe el largo silencio, persíguelos, porque de cierto los alcanzarás y rescatarás. En el camino, la providencia los dirige, un esclavo egipcio moribundo, abandonado por su amo amalecita, que revivido con comida y agua los guía al campamento. David recupera absolutamente todo, esposas e hijos incluidos, nada les faltó. Y en el arroyo Besor, donde doscientos hombres agotados habían quedado cuidando el bagaje, los perversos del grupo se niegan a compartir el botín. David responde con un estatuto que quedó en Israel para siempre, la parte del que pelea y la del que cuida el bagaje serán iguales, porque todo esto «el Señor nos ha dado». Cierra el capítulo enviando regalos a los ancianos de Judá, el pueblo que pronto, por fin, lo hará rey.

Tres verdades bíblicas

1. Dios desteje lo que sus hijos enredaron

Repasa los hilos del capítulo 29, la desconfianza de unos generales paganos, una canción de hace años y un calendario de tres días exactos. Con ese material improbable, Dios sacó a David de la esquina que David mismo construyó, y lo hizo antes de que David orara una sola palabra. Mientras el fugitivo marchaba mudo hacia una batalla imposible, la gracia ya estaba trabajando. Esa es la esperanza para el que hoy está enredado en consecuencias de sus propias decisiones. No puedes destejer lo que armaste, y no hace falta, porque el Dios que te ama teje mejor de lo que tú enredas, y suele empezar el rescate antes de que llegues a pedirlo.

2. El fondo revela hacia dónde vuelves

El narrador armó el contraste a propósito. La misma semana, dos reyes tocan fondo con el cielo en silencio. Saúl camina de noche hacia una médium y escucha su sentencia. David, sobre las cenizas de Siclag y con su propia gente hablando de piedras, se fortalece en el Señor su Dios y manda llamar el efod. La crisis no crea el rumbo del corazón, sino que lo destapa. Y fíjate que fortalecerse en el Señor tiene pasos concretos, David recuerda quién es su Dios, busca los medios que Dios dio, consulta y obedece la respuesta completa. Cuando arda tu Siclag, y alguna vez arderá, la pregunta ya estará respondida por tus hábitos de hoy, hacia dónde corres, a Endor o al efod.

3. El que vive de gracia legisla con gracia

El pleito del Besor retrata dos teologías al respecto del botín. Los perversos razonan por mérito, nosotros peleamos, ellos no, que no reciban nada. David razona por gracia, nadie ganó nada aquí, todo «el Señor nos ha dado», así que la parte del que peleó y la del que ya no podía dar un paso serán iguales. El hombre que acababa de ser rescatado sin merecerlo convirtió la gracia recibida en estatuto permanente. Así se reconoce a los que de verdad entendieron el evangelio, en cómo tratan a los agotados, a los que estan trabajados y cargados. El que sabe que todo le fue dado, ve las necesidades de otros de una manera diferente y eso refleja el evangelio.

Señor, refugio y fortaleza nuestra, gracias por los destejidos que hiciste antes de que oráramos, y por la gracia que trabaja mientras nosotros enredamos. Forma en nosotros desde hoy los hábitos del efod, para que el día que arda nuestra Siclag corramos hacia Ti. Y ya que todo nos ha sido dado, enséñanos a repartir como David, con la gracia que recibimos. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 29-30, 1 Corintios 10, Ezequiel 8, Salmos 46-47

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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