Pactos que no prescriben

«En los días de David hubo hambre durante tres años consecutivos, y David buscó el rostro del Señor» (2 Samuel 21:1, NBLA).

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Hoy entramos al último tramo de la serie, la casa esperada. Los capítulos 21 al 24 son un epílogo que sale de la cronología y mira el reinado entero desde arriba, ordenado como un espejo, dos historias de juicio nacional en los extremos, dos listas de valientes hacia adentro, y en el centro dos poemas de David. El libro cierra ordenando sus temas, y nosotros vamos a cerrar con él. La puerta de entrada es un hambre de tres años, y la causa va a resultar ser un archivo que todos creían cerrado.

Entendiendo el pasaje

El capítulo tiene dos mitades. La primera es dura y hay que decirlo de frente. Ante el hambre prolongada, David busca el rostro del Señor, y la respuesta lo manda a un pacto de siglos atrás, Saúl había masacrado a los gabaonitas, el pueblo al que Josué juró protección, y esa sangre sin expiar contaminaba la tierra. Lo que sigue pertenece a la justicia retributiva de aquel mundo y lo registramos con sobriedad, siete descendientes de Saúl fueron entregados y ejecutados, un juicio ajeno a nuestra sensibilidad que el texto reporta sin convertir en modelo. En medio de la dureza, dos luces. David exceptúa a Mefiboset, por el pacto con Jonatán. Y Rizpa, madre de dos de los ejecutados, monta guardia sobre una roca durante meses, del comienzo de la siega hasta las lluvias, espantando de día las aves y de noche las fieras. Su duelo mueve al rey, David recoge también los huesos de Saúl y Jonatán y les da a todos sepultura honrosa en la tumba familiar, y entonces Dios atiende las súplicas por la tierra. La segunda mitad son cuatro batallas contra los gigantes filisteos, con un David ya viejo que queda extenuado y es rescatado por Abisai, y la decisión de sus hombres, no saldrás más con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel.

Tres verdades bíblicas

1. Los pactos no prescriben delante de Dios

Mira los dos pactos del capítulo. El de Josué con Gabaón tenía siglos, y Dios seguía contándolo vigente cuando Saúl lo pisoteó. El de David con Jonatán tenía décadas, y seguía salvándole la vida a Mefiboset. Dios toma en serio la palabra empeñada mucho después de que el calendario la archiva, la suya y la nuestra. Revisa entonces las palabras que has jurado. El pacto de tu matrimonio, y la promesa que le hiciste a alguien que ya ni siquiera te la puede cobrar. Para Dios siguen vivas todas, y honrarlas tarde es infinitamente mejor que dejarlas rotas. Y una frase más, para descansar, el Dios que no olvida pactos ajenos tampoco olvida el suyo. El pacto que te sostiene está sellado en Cristo, y ese tampoco prescribe.

2. El duelo digno de Rizpa movió la mano del rey

Detente en esta mujer. Una concubina sin poder y sin tribunal donde apelar montó guardia sobre una roca con un saco de cilicio, meses enteros, cuidando los cuerpos de sus hijos. Su fidelidad silenciosa terminó cambiando la conducta del reino entero, porque cuando le contaron a David lo que Rizpa hacía, el rey honró a los muertos y la tierra encontró paz. Hay dolores que no puedes resolver, y la manera en que los cargas puede ser la predicación más elocuente de tu vida. Si llevas un duelo largo o una injusticia que nadie te ha reparado, mira a Rizpa. La dignidad persistente delante de Dios no es pasividad. Es un testimonio que las personas ven, y que Dios ve primero.

3. Tu lámpara no es solo tuya, deja que otros peleen contigo

El gigante de este capítulo estuvo a punto de matar a David, y lo salvó Abisai. Después sus hombres le pusieron el límite que él no se ponía solo, no saldrás más con nosotros, no sea que apagues la lámpara de Israel. El muchacho que derribó a Goliat tuvo que aprender que los gigantes de esta etapa los matarían otros, hombres entrenados a su lado, y el texto lo confirma, cada gigante de este capítulo cae por mano de un valiente formado junto a David. Aceptar tus límites honra a Dios tanto como pelear tus batallas, porque tu vida no te pertenece solo a ti, hay gente que depende de esa lámpara. Y la tarea de la madurez es formar a los Abisai, en tu casa y en tu iglesia, y luego tener la humildad de dejarlos pelear.

Reflexión y oración

Dios recuerda la palabra empeñada mucho después de que tú la archivaste.

Señor, gracias porque tu memoria de los pactos no se parece a la nuestra, y porque el pacto que nos sostiene está sellado en tu Hijo. Ayúdanos a honrar las palabras que hemos jurado, aunque sea tarde. Dale a los que cargan duelos largos la dignidad de Rizpa, y a los que ya no pelean todas las batallas, la humildad de formar y soltar. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

2 Samuel 21, Gálatas 1, Ezequiel 28, Salmos 77

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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