Aunque mi casa no sea así

«Aunque mi casa no es así para con Dios, sin embargo Él ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todo y seguro» (2 Samuel 23:5, NBLA).

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Penúltimo día de la serie, y el libro nos regala las últimas palabras de David. Ayer lo escuchamos cantar su vida entera, hoy lo escuchamos despedirse, y su despedida junta las dos cosas que este libro nos enseñó a sostener al mismo tiempo, la honestidad sobre lo que somos y la confianza en lo que Dios prometió. Después de las palabras vienen los nombres, dos listas de valientes que cierran con uno que nos va a doler leer.

Entendiendo el pasaje

El capítulo tiene dos partes. La primera es el oráculo final. David se presenta con sus tres títulos, el hombre exaltado, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel, y habla como profeta, «el Espíritu del Señor ha hablado por medio de mí». Su tema es el gobernante que Dios aprueba, el que gobierna a los hombres con justicia y en el temor de Dios es como la luz de la mañana en un amanecer sin nubes, como el resplandor tras la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra. Y justo después de pintar ese ideal, la confesión del versículo base, mi casa no es así, y aun así el pacto. La segunda parte son las listas de los valientes, los tres y los treinta, con hazañas contadas por nombre, Eleazar peleando hasta que la mano cansada se le quedó pegada a la espada, Sama plantado en medio de un campo de lentejas defendiéndolo solo, y en las dos el mismo estribillo, «el Señor dio una gran victoria». En el centro, la historia del agua de Belén. Y el último nombre de la lista, el que cierra el capítulo, es Urías el heteo. El narrador honesto hasta la última línea.

Tres verdades bíblicas

1. Se puede morir en paz aunque tu casa no sea lo que debía ser

Fíjate en lo que David no hace en su lecho. No hace inventario de logros ni maquilla su historia. Acaba de describir al gobernante ideal, luz de mañana sin nubes, y mira su propia casa con los ojos abiertos, la misma casa que nosotros vimos quebrarse durante semanas, y dice la verdad, mi casa no es así. Y en la misma respiración se agarra de lo único firme, Él ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todo y seguro, esta es toda mi salvación y todo mi deseo. Así se muere en paz, y así se vive en paz también. El día que revises tu vida entera con honestidad, y ese día llega, tu descanso no va a salir de tu historial. Va a salir del mismo lugar del que salió el de David, un pacto que Dios firmó y que en Cristo quedó sellado para ti, ordenado en todo y seguro.

2. Ninguno de los que sirven a Dios es anónimo para Él

Las victorias de este libro las dio el Señor, el estribillo lo repite dos veces para que no haya duda. Y las dio a través de hombres cuyos nombres el texto se toma el trabajo de guardar uno por uno, treinta y siete nombres, con sus historias. Eleazar, el de la mano pegada a la espada. Sama, que defendió solo un campo de lentejas, y por esa parcela de comida el Señor dio una gran victoria. Dios consideró que un campo de lentejas defendido con fidelidad merecía quedar en la Escritura para siempre. Tú que sirves en un puesto que nadie aplaude, la sala de niños o la visita al enfermo que nadie ve, tu campo de lentejas también está registrado. Para Dios no existen siervos anónimos, existe gente fiel cuyos nombres Él guarda, y su registro es el único que al final va a importar.

3. Un líder conforme a Dios no se bebe el sacrificio de su gente

La escena del agua es de las más finas del libro. David, en la cueva, suspira por agua del pozo de Belén, su pueblo ocupado por los filisteos, y tres de sus valientes rompen las líneas enemigas para traérsela. Y David no la bebe. La derrama delante del Señor, porque esto es la sangre de los hombres que fueron con riesgo de sus vidas. El antojo de un líder había costado ese riesgo, y David entendió que consumirlo sería indigno, así que lo convirtió en ofrenda. Ahí hay una vara para todo el que tiene gente a cargo. El sacrificio de los que te sirven se honra hacia arriba y se cuida, y el líder que convierte la devoción de su gente en comodidad personal ya empezó a beberse su sangre. Mira lo que tu gente te da, en tu casa, en tu iglesia o en tu trabajo, y pregúntate si lo estás derramando delante de Dios o bebiéndotelo. El Salmo 78 de hoy cierra con Dios escogiendo a David para pastorear a su pueblo, y pastorear siempre fue eso, dar la vida por las ovejas y jamás alimentarse de ellas.

Reflexión y oración

La paz del final no sale de tu historial, sale del pacto ordenado en todo y seguro.

Señor, danos la honestidad de David para mirar nuestra casa como es, y su descanso en tu pacto, que en Cristo es toda nuestra salvación y todo nuestro deseo. Gracias porque guardas los nombres de tus siervos y no olvidas ningún campo de lentejas. Y haznos líderes que derraman delante de ti el sacrificio de su gente, sin bebérselo jamás. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

2 Samuel 23, Gálatas 3, Ezequiel 30, Salmos 78:38-72

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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