Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

Bendiciones que trasciende generaciones

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Lectura bíblica:

«Y bendijo a José, y dijo: “El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día, el Ángel que me ha redimido de todo mal, bendiga a estos muchachos. Sea perpetuado en ellos mi nombre, y los nombres de mis padres Abraham e Isaac; y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra”.» (Génesis 48:15-16, NBLA)

Nos acercamos al final de Génesis, y es interesante notar un patrón que se ha repetido a lo largo del libro. Cada sección mayor termina con bendiciones y genealogías. Adán a Noé, Noé a Abraham, Abraham a Isaac, Isaac a Jacob. Y ahora llegamos a Jacob bendiciendo a la siguiente generación. Este capítulo es particularmente importante porque explica algo que quizás te habías preguntado: ¿por qué José no aparece como tribu en las listas posteriores de Israel? ¿Por qué en su lugar aparecen Efraín y Manasés? La respuesta está aquí, en Génesis 48.

Entendiendo el pasaje

Jacob está viejo y enfermo. José recibe la noticia y va a visitarlo con sus dos hijos, Efraín y Manasés. Lo que sucede a continuación es extraordinario. Jacob, reuniendo sus fuerzas, se sienta en la cama y hace algo inesperado: adopta a los hijos de José como suyos propios. «Efraín y Manasés serán míos, como Rubén y Simeón», dice. En otras palabras, estos dos muchachos nacidos en Egipto, de madre egipcia, ahora serán contados entre los hijos de Israel. Tendrán parte en la herencia. Recibirán territorio cuando el pueblo entre a la tierra prometida. José no tendrá una tribu con su nombre, pero tendrá dos a través de sus hijos.

José coloca a sus hijos delante de Jacob, poniendo a Manasés, el mayor, hacia la mano derecha de su padre, y a Efraín, el menor, hacia la izquierda. Era lo correcto según la costumbre. Pero Jacob cruza las manos y pone su derecha sobre la cabeza de Efraín. José intenta corregirlo, pensando que su padre se había confundido por su mala vista. Pero Jacob responde: «Lo sé, hijo mío, lo sé». Jacob veía algo que José no podía ver. El menor sería mayor que el mayor. Así había sido con Jacob y Esaú. Así sería con Efraín y Manasés.

Tres verdades bíblicas

  1. José entendió que su verdadera herencia no estaba en Egipto — Piensa en lo que José tenía. Era el segundo hombre más poderoso de Egipto. Sus hijos eran príncipes en la corte de Faraón. Tenían todo lo que el mundo podía ofrecer: educación, riqueza, posición, futuro asegurado. Pero cuando José lleva a sus hijos ante su padre anciano, no busca consejos sobre cómo prosperar en Egipto. Busca algo que Egipto no podía darle: la bendición del pacto. Quería que Efraín y Manasés fueran contados entre los hijos de Israel, no entre los nobles egipcios. José sabía distinguir entre lo temporal y lo eterno. Egipto le dio posición, pero solo Dios podía darle herencia verdadera. ¿Y tú? ¿Dónde estás buscando tu herencia? ¿En lo que el mundo ofrece o en lo que Dios promete?
  2. La bendición patriarcal era una declaración del futuro que Dios cumpliría — Cuando Jacob bendice, no está simplemente expresando buenos deseos. Está declarando lo que Dios hará con estas vidas. Por eso cruza las manos y pone la derecha sobre Efraín, el menor, a pesar de la objeción de José. Jacob está viendo algo que José no ve. La bendición del padre en Israel era más que un acto simbólico; era una palabra sobre el destino de los hijos que Dios mismo respaldaría. Esto nos recuerda el peso de las palabras que los padres pronuncian sobre sus hijos. Lo que dices sobre ellos importa. Tus palabras pueden edificar o destruir. Bendice a tus hijos con palabras que reflejen el carácter y las promesas de Dios. Habla vida sobre ellos, no muerte.
  3. Dios incluye a los que no estaban en el plan original — Efraín y Manasés nacieron en Egipto, de madre egipcia. Estaban fuera del círculo original de los doce hijos de Jacob. Por nacimiento, eran más egipcios que hebreos. Pero Jacob los adopta como suyos: «Serán míos». Y con esa palabra, quedaron incluidos en el pacto, en la herencia, en el pueblo de Dios. Esto explica por qué hay doce tribus aunque José no aparezca como una de ellas: sus dos hijos tomaron su lugar. Dios tiene esta costumbre de incluir a los que parecían estar afuera. Los que no tenían derecho, reciben herencia. Los que estaban lejos, son traídos cerca. Eso es gracia. Eso es evangelio. Nosotros, que estábamos fuera del pacto, que no éramos pueblo de Dios, hemos sido adoptados como hijos. Tenemos parte en la herencia de los santos. No por nuestro mérito, sino por su misericordia.

Reflexión y oración

Un anciano casi ciego cruzando sus manos para bendecir. Dos muchachos nacidos en Egipto siendo adoptados en Israel. Un padre poderoso entendiendo que la verdadera herencia no viene de Faraón sino de Dios. Este capítulo nos recuerda que las bendiciones de Dios trascienden generaciones, que las palabras que pronunciamos sobre nuestros hijos tienen peso, y que Dios se deleita en incluir a los que estaban afuera. Si hoy te sientes excluido, recuerda a Efraín y Manasés. Dios adopta. Dios incluye. Dios da herencia a los que no la merecían.

Señor, gracias porque nos has adoptado como hijos. Gracias porque aunque estábamos lejos, nos has incluido en tu familia. Ayúdanos a valorar la herencia eterna más que las riquezas temporales. Y danos sabiduría para bendecir a nuestros hijos con palabras que reflejen tu carácter y tus promesas. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Génesis 48, Lucas 1:39-80, Job 14, 1 Corintios 2

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.