Señales y dureza
Hemos estado siguiendo una historia que se parece mucho a esa pelea de boxeo que mencionamos hace unos días. Moisés fue al ring, recibió golpes, quedó tendido en la lona y Faraón celebró como si hubiera ganado. Pero luego, en la esquina del ring, Dios le recordó quién es él y por qué Moisés estaba ahí. Ahora llegamos al momento en que el Entrenador le da las instrucciones finales antes de volver a la lona. Y esta vez, la pelea va a ser muy diferente.
Entendiendo el pasaje
Dios le dice algo a Moisés que debió haberlo dejado sin palabras: «Te he puesto como Dios ante Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta». Piensa en lo que esto significa. El mismo hombre que hace poco decía «¿quién soy yo?», el pastor de ovejas que no se sentía capaz ni de hablar, ahora es establecido por Dios como la máxima autoridad frente al hombre más poderoso del mundo. Faraón se consideraba un dios, pero ahora Dios le pone enfrente a alguien que habla con su autoridad. La jerarquía se invierte por completo.
Pero hay algo más que Dios le revela y que es crucial para entender lo que viene: «Yo endureceré el corazón de Faraón». Esto puede resultar difícil de procesar. ¿Dios endurece corazones? Lo que el texto nos muestra es que Dios no obliga a Faraón a ser malo. Faraón ya era rebelde, ya se había opuesto a Dios, ya había esclavizado a su pueblo. Lo que Dios hace es usar esa dureza con un propósito: multiplicar sus señales y prodigios para que toda la tierra sepa quién es el Señor. El endurecimiento de Faraón no frena el plan de Dios, lo sirve. Y el capítulo cierra con una frase que debería llenarnos de asombro después de todo lo que hemos visto: «Y Moisés y Aarón hicieron tal como el Señor les mandó; así lo hicieron».
Tres verdades bíblicas
- Dios pone a sus instrumentos débiles por encima de los poderes del mundo — Veníamos siguiendo a un Moisés lleno de excusas. «¿Quién soy yo?», «no soy elocuente», «envía a otro». Y ahora este mismo hombre es establecido como «Dios ante Faraón». El arco es impresionante. Dios no esperó a que Moisés se sintiera listo. Lo puso en posición de autoridad en medio de su debilidad. Y esto es consistente con la manera en que Dios obra a lo largo de toda la Escritura. Él escoge lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte. Si tú sientes que no tienes lo necesario para lo que Dios te ha puesto a hacer, estás exactamente donde Moisés estaba. Y mira dónde lo puso Dios.
- La resistencia humana contra Dios termina sirviendo a sus propósitos — Faraón encarna algo que vemos desde Génesis: la resistencia del hombre contra Dios. Como en Babel, donde la humanidad desafió al Señor y Dios respondió con juicio. Faraón se niega a obedecer, y Dios usa esa negativa para desplegar su poder de una manera que toda la tierra lo vería. Hay un propósito doble aquí: Dios se glorifica en su misericordia con Israel al sacarlos de la esclavitud, y se glorifica en su justicia contra la opresión al juzgar a Egipto. Las dos cosas van juntas. Dios no es misericordioso a costa de su justicia ni justo a costa de su misericordia. En la cruz vemos esto con toda claridad: la justicia de Dios satisfecha y la misericordia de Dios derramada en un mismo acto.
- La obediencia que Dios espera no requiere que entendamos todo el plan — Después de cinco objeciones, de reclamos, de frustración, de sentirse fracasado, Moisés por fin hace lo que Dios le pidió. «Hicieron tal como el Señor les mandó». Moisés no tenía todas las respuestas. No sabía cuántas plagas vendrían, no sabía cuánto duraría la confrontación, no sabía cómo terminaría todo. Pero obedeció. Y eso es lo que Dios espera de nosotros. No que tengamos el mapa completo, sino que demos el siguiente paso en confianza. Dios ya tiene los detalles resueltos. A nosotros nos toca obedecer y confiar.
Reflexión y oración
Este capítulo marca el inicio de algo grande. Dios está a punto de desplegar su poder sobre la nación más poderosa de la época, y lo va a hacer a través de un pastor de ovejas de ochenta años y su hermano. La soberanía de Dios está por encima de todo gobierno humano, de toda resistencia y de toda oposición. Faraón va a descubrir que su trono no es tan alto como él pensaba.
Señor, gracias porque tú pones a tus hijos en lugares de autoridad que no merecemos ni entendemos. Gracias porque la resistencia del mundo contra ti no frena tus planes sino que los sirve. Danos la obediencia de Moisés y Aarón, que hicieron tal como tú mandaste aunque no tenían todas las respuestas. Que confiemos en que tú tienes los detalles resueltos. En el nombre de Jesús, amén.
