Ayer vimos a Abraham salir de Ur por fe, sin saber adónde iba pero confiando en quien lo llamaba. Hoy aparece en escena un personaje que habíamos olvidado: Lot, el sobrino que había salido con él desde el principio. Lot también fue a Egipto, también recibió las bendiciones de Dios junto a Abraham. Pero pronto veremos que hay una diferencia fundamental entre ambos. Uno camina por fe, el otro escoge por vista. Y esa diferencia marcará destinos muy distintos.
Este capítulo nos prepara para algo que vendrá más adelante en Génesis: la destrucción de Sodoma y Gomorra. Para entender cómo Lot terminó en medio de esas ciudades, necesitamos ver cómo llegó allí. Todo comenzó con una elección que parecía buena pero que escondía pozos de asfalto.
Entendiendo el pasaje
La bendición de Dios había sido tan abundante sobre Abraham y Lot que la tierra ya no podía sostenerlos juntos. Sus rebaños eran demasiados, sus pastores comenzaron a tener conflictos. Era necesaria una separación. Abraham, con una generosidad que solo puede venir de quien confía plenamente en Dios, le da a su sobrino la oportunidad de escoger primero. «Si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda».
Mira lo que hace Lot. El texto dice que «alzó sus ojos y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella tenía riego, como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto». Desde arriba, aquella tierra lucía perfecta. Verde, fértil, abundante. Sus ojos quedaron satisfechos con lo que veían. Y sin pensarlo mucho, escogió para sí toda la llanura del Jordán y fue poniendo sus tiendas hasta llegar a Sodoma.
El texto agrega un detalle ominoso: «Los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra el Señor en gran manera». Lot no lo sabía, o quizás no le importó. Sus ojos habían visto tierra buena, y eso bastó para tomar su decisión. Más adelante, en Génesis 14, descubriremos que aquel valle que parecía el huerto del Edén estaba lleno de pozos de asfalto. Cuando vino la guerra, esos pozos se convirtieron en trampas mortales. La tierra que lucía perfecta escondía peligros que Lot no pudo ver desde la distancia.
Ahora mira lo que sucede con Abraham. Después de que Lot escoge lo que parecía ser la mejor parte, Dios le habla: «Alza ahora tus ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente; porque toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre». Lot alzó sus ojos y escogió por lo que vio. Abraham alzó sus ojos porque Dios le dijo que mirara, y recibió una promesa que superaba con creces la llanura del Jordán. Uno escogió por vista; el otro recibió por fe.
Tres verdades bíblicas
1. Nuestros ojos están conectados a un corazón que puede engañarnos — Lot vio tierra fértil y su corazón la deseó. Pero lo que sus ojos veían no era toda la realidad. Había pozos de asfalto escondidos, había ciudades perversas cerca, había peligros que la distancia ocultaba. Así funciona el engaño. Las cosas pueden lucir bien, parecer convenientes, satisfacer nuestros ojos, y sin embargo ser trampas disfrazadas. Nuestros sentidos no son guía confiable. Nuestro corazón, aunque redimido, todavía responde a estímulos que no siempre nos convienen.
2. Las decisiones tomadas por lo que vemos pueden alejarnos de lo que Dios tiene para nosotros — Lot escogió Sodoma y terminó atrapado en ella. Capítulo tras capítulo lo veremos hundirse más en esa ciudad hasta casi perderlo todo. Una decisión que parecía inteligente desde el punto de vista humano lo llevó a un lugar de destrucción. Pienso en los solteros que aspiran al matrimonio, pero el principio aplica a toda decisión importante. No debemos escoger cuando estamos emocionados por lo que vemos. Debemos rendirnos a Dios y a su Palabra antes de dar pasos que no podemos desandar.
3. Dios siempre tiene más para quien confía en él que para quien escoge por su cuenta — Abraham dejó que Lot escogiera primero y aparentemente se quedó con lo peor. Pero Dios le dio toda la tierra, a él y a su descendencia para siempre. Lot obtuvo una llanura que terminaría en cenizas. Abraham recibió una promesa que llega hasta nosotros. Es mejor confiar en el Señor que confiar en nuestros propios ojos. Él ve lo que nosotros no podemos ver y sabe lo que realmente nos conviene.
Reflexión y oración
La historia de Lot no termina aquí. Lo veremos aparecer de nuevo cuando lleguemos a Sodoma y Gomorra, y entenderemos las consecuencias completas de esta elección. Por ahora, quédate con la advertencia. No todo lo que brilla es oro. No toda tierra verde es segura. Nuestros ojos pueden ver un huerto del Edén donde hay pozos de asfalto esperando. La fe no escoge por lo que ve; la fe confía en lo que Dios dice, aunque lo que él ofrece parezca menos atractivo a primera vista.
Señor, reconocemos que nuestros ojos nos engañan más de lo que quisiéramos admitir. Nuestro corazón desea cosas que no siempre nos convienen. Ayúdanos a no tomar decisiones basados solo en lo que vemos, sino a rendirnos a tu Palabra y confiar en tu guía. Que no escojamos llanuras que terminan en destrucción, sino que caminemos por fe hacia donde tú nos llevas. Amén.
