El misterio resuelto
La advertencia de ayer fue necesaria y dura. Necesitábamos examinar si nuestro fruto revela una raíz genuina en Cristo. Pero el autor de Hebreos sabe que esa advertencia solo tiene sentido si entendemos algo importante y es que el sacerdocio de Jesús según el orden de Melquisedec. Esto es el alimento sólido al que se refería. Y resulta que comprender quién es Cristo como nuestro sumo sacerdote eterno es fundamental para perseverar cuando todo se pone difícil.
Entendiendo el pasaje
El predicador retoma el tema de Melquisedec que había dejado pendiente. Recuerda que en Génesis 14, Abraham regresaba victorioso de una batalla y se encontró con este personaje misterioso: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Abraham le dio el diezmo de todo y recibió su bendición. Ahora el autor usa ese acto del diezmo para probar un punto teológico crucial. En la cultura judía, el que recibe el diezmo es mayor que el que lo da, y el que bendice es mayor que el que es bendecido. Abraham reconoció la superioridad de Melquisedec.
Pero va más lejos. Los sacerdotes levíticos, que vendrían siglos después de Abraham, estaban “en los lomos de Abraham” cuando esto sucedió. Esto significa que incluso los sacerdotes de Aarón, a través de su antepasado Abraham, reconocieron la superioridad del sacerdocio de Melquisedec. El argumento es brillante, si el sacerdocio levítico hubiera sido capaz de perfeccionar a Israel, ¿por qué David profetizaría en el Salmo 110 sobre otro sacerdote según el orden de Melquisedec? La mismísima existencia de esa profecía prueba que el sistema levítico era temporal, apuntando hacia algo mejor.
Melquisedec aparece en Génesis sin genealogía registrada, sin padre ni madre mencionados, sin principio de días ni fin de vida. El predicador usa esto para mostrar que su sacerdocio era un tipo, una sombra del sacerdocio eterno de Cristo. No estamos diciendo que Melquisedec era Cristo, pero su sacerdocio apuntaba al Señor. Era un misterio sin resolver en el Antiguo Testamento, una pieza del rompecabezas que solo Cristo podía completar. Dios estaba preparando a su pueblo para entender que el Mesías sería un rey sacerdote eterno, según un orden completamente diferente al de Aarón.
Para los lectores originales bajo persecución, esto era vital. Estaban tentados a volver al judaísmo tradicional con su templo, sus sacerdotes, sus sacrificios. Pero el predicador les muestra que todo ese sistema era temporal por diseño. Los sacerdotes levíticos morían y eran reemplazados. Ofrecían sacrificios que nunca perfeccionaban. El sistema entero estaba gritando: “¡No soy suficiente! ¡Esperen algo mejor!” Y ese algo mejor es Jesús, quien vive para siempre para interceder. Los versículos 23 al 25 son el corazón del argumento: Jesús permanece para siempre, por tanto su sacerdocio es inmutable, por tanto puede salvar perpetuamente a los que se acercan a Dios por medio de él.
Tres verdades bíblicas
- Cristo estaba anunciado desde el Antiguo Testamento. Esta verdad debe maravillarte. Dios no improvisó. Desde Génesis 14, casi dos mil años antes de Cristo, ya estaba colocando pistas sobre el sacerdocio eterno del Mesías. El Salmo 110 lo confirmaba: «Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec». Todo el sistema levítico, con sus sacrificios repetidos y sus sacerdotes que morían, estaba diseñado para hacer que Israel anhelara algo permanente. Cuando lees el Antiguo Testamento ahora, puedes ver a Cristo en todas partes. No es que lo estemos forzando en el texto, es que todo el plan de Dios siempre ha apuntado hacia él. Esto debe fortalecer tu confianza: sirves a un Dios que planea con siglos de anticipación y cumple todo lo que promete.
- El sacerdocio de Cristo es inmutable porque él es eterno. Los sacerdotes levíticos morían. Aarón murió, Eleazar murió, cada sumo sacerdote eventualmente moría y otro tomaba su lugar. Esto significa que nunca podías estar completamente seguro de tu acceso a Dios porque tu mediador era mortal. Pero Jesús permanece para siempre. Su sacerdocio no cambia, no termina, no falla. El versículo 24 dice que «conserva Su sacerdocio inmutable». La palabra griega para “inmutable” significa intransferible, que no pasa a otro. Jesús nunca necesitará un sucesor. Esto te da una seguridad que Israel nunca tuvo. Tu acceso a Dios no depende de un sacerdote humano que puede fallar o morir. Depende de Cristo que vive perpetuamente.
- Por tanto, Jesús puede salvar perpetuamente. Este “por tanto” conecta todo. Porque Jesús es sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec, porque su sacerdocio es inmutable, porque vive perpetuamente, «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios». La palabra “perpetuamente” significa completa y totalmente. Jesús no te salva a medias. No te salva por un tiempo. Te salva completamente y para siempre. Y la razón es simple: «puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos». En este momento, mientras lees esto, Jesús está intercediendo por ti a la derecha del Padre. Cuando tropiezas, él intercede. Cuando eres tentado, él intercede. Cuando el enemigo te acusa, él intercede. Tu salvación no depende de que te agarres fuerte de Dios, depende de que él te agarra fuerte a ti a través de Cristo.
Mañana veremos cómo este sacerdocio eterno de Cristo inauguró un nuevo pacto superior. Pero hoy quédate con esto: el misterio de Melquisedec estaba esperando a Cristo para ser resuelto. Y ahora que lo entiendes, puedes ver que Dios ha estado preparando todo para que tengas un sumo sacerdote que vive para siempre y puede salvarte completamente. Esto es alimento sólido. Esto es lo que te sostiene cuando la persecución aprieta.
Señor Jesús, gracias porque desde antes de Abraham ya estabas siendo anunciado. Gracias porque tu sacerdocio no cambia, no termina, no falla. Gracias porque vives perpetuamente para interceder por nosotros. Ayúdanos a entender la profundidad de lo que significa que puedas salvarnos perpetuamente. Que esta verdad nos sostenga cuando todo lo demás tiemble. En tu nombre, amén.
