Devocional para el 15 de noviembre

«Así que, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne, tengamos nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura» (Hebreos 10:19-20, 22b, NBLA)

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Ya no queda nada más que ofrecer

Espero que ya estés persuadido de cual es el gran tema de la carta a los hebreos: Cristo es superior y eso nos ayuda cuando somos tentados a retroceder en la fe. Hemos visto que Cristo es superior a los ángeles, superior a Moisés, superior al sacerdocio levítico. Vimos que es mediador de un pacto superior basado en promesas mejores. Ayer descubrimos que Su sangre selló ese pacto de forma definitiva. Hoy llegamos al cierre del argumento teológico de toda la carta: el sacrificio de Cristo es superior porque fue ofrecido una vez y para siempre. Ya no queda nada más que ofrecer por el pecado. El autor hace una pregunta implícita a sus lectores: ¿a dónde van a ir? ¿Van a volver a depender de sacerdotes temporales que ofrecen sacrificios repetitivos? Esto no era cuestión de preferencias cuanto a un sistema religioso. Era una cuestión de quién resuelve eficazmente la deuda de tus pecados.

Entendiendo el pasaje

El capítulo comienza contrastando la repetición infinita de los sacrificios del antiguo pacto con la suficiencia absoluta del sacrificio de Cristo. Los sacerdotes levíticos se mantenían de pie día tras día ofreciendo los mismos sacrificios que nunca podían quitar los pecados. Pero Cristo, después de ofrecer un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios. Sentarse significa obra completa. Ya no hay más trabajo que hacer. El Cordero provisto por Dios mismo, el Hijo eterno, ofreció Su sangre y el efecto redentor es eterno. Por eso el texto dice: «ya no hay ofrenda por el pecado».

Fíjate ahora en el versículo 19, es importantísimo. comienza con «Así que». Esta pequeña palabra conecta dos secciones masivas. Todo lo que el autor ha argumentado durante diez capítulos sobre la superioridad de Cristo ahora desemboca en implicaciones prácticas para la vida del creyente. Si tienes un camino nuevo para acercarte a Dios, un sacerdote nuevo que intercede por ti, un templo nuevo en los cielos, un sacrificio nuevo que quitó tus pecados, y un pacto nuevo con promesas mejores, entonces hay tres cosas que debes hacer: acércate con confianza, retén la esperanza sin fluctuar, y estimula a otros creyentes al amor y las buenas obras.

Tres verdades bíblicas

  1. Tienes acceso directo a Dios por la sangre de Cristo. El velo que separaba el Lugar Santísimo se rasgó cuando Jesús murió. Ya no hay barrera entre tú y Dios. Puedes acercarte con confianza plena porque la sangre de Cristo abrió un camino nuevo y vivo. Esto significa que tu relación con Dios no depende de intermediarios humanos ni de rituales complejos. Puedes ir directamente a él en cualquier momento, en cualquier lugar, con cualquier necesidad. Tu acceso no está condicionado por tu desempeño espiritual del día. Está asegurado por el sacrificio perfecto de Jesús. Acércate con un corazón limpio de mala conciencia. La culpa ya no debe paralizar tu intimidad con Dios.
  2. Debes retener la esperanza sin fluctuar. El texto dice: «Retengamos la profesión de nuestra esperanza sin vacilar». Los primeros lectores enfrentaban presión constante para abandonar a Cristo. El sufrimiento era real. La tentación de retroceder era intensa. Pero el autor les dice: después de todo lo que hemos visto sobre quién es Cristo y lo que logró, ¿cómo podrían considerar volver atrás? Mantente firme. No fluctúes. El que prometió es fiel. Esta exhortación es vital para ti también. Habrá momentos cuando seguir a Cristo te cueste caro. Cuando la presión social sea fuerte. Cuando el costo parezca demasiado alto. Ahí es cuando debes recordar todo lo que tienes en Cristo y aferrarte sin soltar.
  3. Necesitas a otros creyentes mientras sufres. El autor exhorta: «Considerémonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos». El sufrimiento tiende a aislarnos. Cuando atraviesas dificultades, la tentación es encerrarte, apartarte, enfrentar todo solo. Pero la soledad no es amiga de la aflicción. Necesitas la comunidad de fe. Necesitas recordar quién es Cristo, y necesitas que otros te lo recuerden cuando tu fe se debilita. La exhortación a reunirse regularmente no es un mero formalismo religioso. Es una necesidad vital para perseverar. Cuando te animas a otros y otros te animan a ti, se fortalece la fe de todos. Esto es maravilloso. Dios diseñó la vida cristiana para vivirse en comunidad.

Reflexión y oración

El capítulo termina con una advertencia severa sobre retroceder deliberadamente después de conocer la verdad. Pero también con una palabra de aliento: «Nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma». Mañana comenzaremos a ver en qué consiste esa fe que persevera. El capítulo 11 nos mostrará una galería de hombres y mujeres que confiaron en Dios a pesar del costo. Por ahora, descansa en esto: tienes todo lo que necesitas en Cristo. Ya no queda nada más que ofrecer por el pecado. Acércate, retén, anima.

Padre celestial, gracias porque el sacrificio de tu Hijo fue suficiente. No necesitamos añadir nada. Ayúdanos a acercarnos con confianza, a retener la esperanza sin fluctuar, y a animarnos unos a otros mientras atravesamos dificultades. Protégenos de la tentación de retroceder. Fortalece nuestra fe para la preservación del alma. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

1 Crónicas 5-6, Hebreos 10, Amós 4, Salmos 148-150

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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