Devocional para el 16 de Diciembre

«Jesús les dijo: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed”.» (Juan 6:35, NBLA)

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El pan que sacia para siempre

Juan no escribió una biografía exhaustiva de Jesús. De hecho, él mismo admite al final de su evangelio que si se escribiera todo lo que Jesús hizo, ni todos los libros del mundo podrían contenerlo. Juan seleccionó cuidadosamente ciertos milagros de Jesús y los llamó «señales» porque cumplían un propósito específico: mostrar que Jesús es el Hijo de Dios y que creyendo en él tenemos vida eterna. Cada señal va acompañada de un discurso que revela algo de la naturaleza de Cristo. En Caná, convirtió el agua en vino y reveló su gloria. Con el paralítico, mostró su autoridad para dar vida. Hoy llegamos a una de las señales más conocidas: la multiplicación de los panes y los peces.

Entendiendo el pasaje

Una gran multitud seguía a Jesús porque veían las señales que hacía con los enfermos. Subió a un monte con sus discípulos y se acercaba la Pascua. Jesús levantó los ojos y vio que una gran multitud venía hacia él. Le preguntó a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman todos estos?». Juan nos aclara que Jesús decía esto para probarlo, porque él ya sabía lo que iba a hacer. Felipe calculó rápidamente: doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno recibiera un poco. Andrés encontró a un muchacho con cinco panes de cebada y dos peces, pero reconoció que eso no era nada para tanta gente.

Entonces Jesús actuó. Mandó a la gente que se recostara, tomó los panes, dio gracias y los distribuyó. Todos comieron hasta saciarse. Recogieron doce cestas llenas de los pedazos que sobraron. La gente quedó asombrada y querían hacerlo rey por la fuerza. Pero Jesús se retiró solo al monte porque entendía perfectamente por qué lo buscaban. Al día siguiente, la multitud lo encontró al otro lado del mar. El Señor les habló con toda claridad «Me buscan no porque hayan visto señales, sino porque comieron de los panes y se saciaron». Luego desarrolla el discurso más extenso del evangelio de Juan sobre su identidad: él es el pan de vida.

Tres verdades bíblicas

1. Jesús puede suplir nuestras necesidades materiales pero esa no es su misión principal – El milagro fue real. Jesús alimentó a más de cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. Demostró poder sobre la creación, poder para multiplicar recursos, poder para suplir necesidades físicas. Pero después de hacer este milagro, cuando la gente lo buscó para hacerlo rey, él se fue. ¿Por qué? Porque su misión no era principalmente resolver problemas materiales. Vino a dar vida eterna, no solo pan temporal. Nosotros muchas veces invertimos esa prioridad. Buscamos a Dios principalmente para que solucione nuestros problemas económicos, nuestras enfermedades, nuestras crisis. Sí, él puede hacerlo. Pero si solo lo buscamos por eso, estamos perdiendo su propósito principal: darnos vida eterna.

2. Nadie debería buscar a Jesús solo por lo que puede proveerle – Jesús confronta directamente a la multitud: «Me buscan porque comieron y se saciaron». Ellos querían más pan, más milagros, más provisión material. Pero Jesús les dice que trabajen no por la comida que perece sino por la que permanece para vida eterna. Esta es una advertencia seria. Es posible seguir a Jesús por razones completamente equivocadas. Puedes ir a la iglesia esperando prosperidad. Puedes orar esperando que Dios sea tu genio personal que te concede deseos. Puedes leer la Biblia buscando fórmulas de éxito. Pero si tu relación con Cristo se basa solo en lo que él puede darte materialmente, tu fe es superficial y egoísta. ¿Por qué buscas a Jesús? ¿Qué esperas de él?

3. Jesús es el pan de vida que sacia el hambre espiritual eternamente – Los judíos le recuerdan a Jesús el maná que sus padres comieron en el desierto. Pero Jesús les muestra algo más profundo. El maná tenía que recogerse todos los días. Los que lo comieron eventualmente murieron. Era pan temporal para un hambre temporal. En contraste, Jesús dice «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre». Del mismo modo que le dijo a la mujer samaritana que el agua del pozo no podía saciar su sed eterna y que él era el agua viva, ahora les dice que el maná no podía saciar su hambre eterna y que él es el pan de vida. La necesidad diaria del maná apuntaba al hecho de que se requería algo que saciara nuestra hambre eternamente. Solo Cristo puede hacer eso. Cuando vienes a él, cuando crees en él, recibes vida que nunca perece, satisfacción que nunca se acaba.

Reflexión y oración

La multitud tuvo que decidir qué tipo de seguidor de Jesús querían ser. ¿Lo seguirían solo por pan temporal o reconocerían que él es el pan de vida? Muchos se fueron ese día porque el mensaje era demasiado duro. Querían milagros, provisión, beneficios materiales. Pero Jesús llamaba a algo más profundo: fe genuina en quien él es, no solo en lo que puede dar. Tú enfrentas la misma decisión hoy. ¿Buscas a Jesús principalmente por lo que puede proveerte materialmente o lo buscas porque él es la vida eterna? El pan que él multiplica se acaba, pero el pan que él es nunca deja de satisfacer.

Señor Jesús, gracias porque eres el pan de vida. Tú eres quien sacia nuestra hambre espiritual. Danos hambre de ti, no solo de tus beneficios. Que nuestra fe esté puesta en quien tú eres, no solo en lo que puedes hacer por nosotros. En tu nombre, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 18, Apocalipsis 7, Zacarías 3, Salmos 123-125

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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