Veían al invisible
Este es quizás el capítulo más famoso de Hebreos. Algunos lo han llamado el salón de la fama de la fe. Y la verdad es que aunque hay muchos nombres famosos y personas con grandes historias, esta es una lista impresionante de hombres y mujeres que perseveraron hasta el fin aun cuando nunca vieron claramente lo que esperaban. Personas que teniendo todo en contra confiaron en el Señor. Personas que no tenían ni siquiera una fracción de las verdades y promesas que los receptores de Hebreos tenían, pero con todo eso, confiaron en el Señor hasta el fin de sus días.
Entendiendo el pasaje
El autor acaba de persuadir a sus lectores con una argumentación minuciosa sobre la superioridad de Cristo. Les mostró que tienen un sacerdote mejor, un pacto mejor, un sacrificio mejor. Les exhortó a no retroceder sino a tener fe para preservación del alma. Ahora les muestra el vivo ejemplo de que la fe no se abandona cuando surgen dudas acerca de nuestro futuro. Por el contrario, crece y florece precisamente en medio de la incertidumbre.
Algo que hay que dejar en claro en este pasaje es que aquí no se está dando una definición semántica de fe. El autor no está escribiendo un tratado filosófico sobre qué es la fe en términos abstractos. Está explicando en qué consiste la fe que persevera, esa de la que habló al final del capítulo 10. Nosotros no somos de los que retroceden sino de los que tienen fe para preservación del alma. Es pues la fe, ¿cuál fe? Pues esa, la fe para preservación del alma. Una certeza de que el Señor no fallará a sus promesas aun cuando la realidad presente parezca sugerir lo contrario. La fe nos salva al principio, pero esa misma fe nos mantiene firmes en Cristo y nos sostiene hasta el fin.
Tres verdades bíblicas
- La fe ve más allá de lo visible. Abel ofreció un sacrificio mejor por fe. Enoc caminó con Dios y fue traspuesto para no ver muerte. Noé construyó un arca cuando nunca había llovido. Abraham salió sin saber a dónde iba. Sara concibió siendo estéril. Todos estos creyeron en las promesas de Dios a pesar de que la evidencia visible decía lo contrario. La fe ve lo que los ojos físicos no pueden ver. Ve a Dios trabajando cuando las circunstancias parecen indicar Su ausencia. Ve propósito cuando todo parece caos. Ve esperanza cuando otros solo ven desesperación. Esto es lo que necesita alguien que sufre: poner sus ojos en el Señor. No en lo que se ve, sino en el que no se ve pero es absolutamente real.
- La fe persevera sin recibir las promesas. El texto dice algo sorprendente: «Todos estos murieron en fe sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos». Piensa en eso. Abraham esperó la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios, pero murió viviendo en tiendas. Moisés escogió ser maltratado con el pueblo de Dios antes que gozar de los placeres temporales del pecado, mirando la recompensa. Estos hombres vivieron de una manera que el mundo no era digno de ellos. Al igual que los receptores de la carta, fueron maltratados, perdieron sus propiedades, murieron a filo de espada. Pero a ellos los mantuvo firmes una sola cosa: veían al invisible. Ellos lo vieron borrosamente, como en un espejo. Nosotros lo vemos con tanta claridad. Tenemos el testimonio completo de Cristo, Su muerte, Su resurrección, Su ascensión. Si ellos perseveraron con promesas distantes, ¿cuánto más deberíamos perseverar nosotros?
- La fe mira a Cristo a través de las sombras. El capítulo termina con una declaración poderosa: estos antiguos creyentes no recibieron la promesa porque Dios tenía preparado algo mejor para nosotros, para que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros. Todos estos hombres y mujeres de fe estaban mirando hacia adelante, hacia Cristo. Ellos no lo conocían con la claridad que nosotros lo conocemos, pero confiaban en que Dios cumpliría Su palabra. Abraham vio el día de Cristo y se regocijó. Moisés consideró el oprobio de Cristo como mayor riqueza que los tesoros de Egipto. Toda esta galería de fe apunta a una sola persona: Jesús. Ellos veían las sombras, nosotros tenemos la realidad completa delante de nuestros ojos.
Reflexión y oración
Si estos hombres y mujeres perseveraron con menos revelación, menos promesas, y más sufrimiento, ¿qué excusa tenemos nosotros para retroceder? Ellos veían borrosamente. Nosotros vemos con claridad meridiana. Ellos esperaban promesas distantes. Nosotros celebramos promesas cumplidas en Cristo. Ellos confiaron a pesar de no recibir. Nosotros hemos recibido todo en el Hijo de Dios. La exhortación es clara: mantén tus ojos en Cristo. Ve al invisible. Confía cuando la realidad presente parezca contradecir las promesas de Dios. La fe que salva es la fe que persevera.
Padre celestial, gracias por la nube de testigos que nos rodea. Gracias por estos ejemplos de hombres y mujeres que confiaron en ti hasta el fin. Ayúdanos a correr con paciencia la carrera que tienes delante de nosotros, poniendo nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Que podamos ver al invisible cuando todo lo visible nos presione a retroceder. En el nombre de Jesús, amén.
