Devocional para el 17 de Diciembre

«En el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: “Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: ‘De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva'”.» (Juan 7:37-38, NBLA)

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Cuando Cristo interrumpe la celebración

Hemos visto a Juan mostrarnos sistemáticamente quién es Jesús a través de señales y discursos. Le dijo a la mujer samaritana que él era el agua viva. Declaró a los muertos que su voz los llamaba a la vida. Alimentó a miles y proclamó ser el pan de vida que sacia eternamente. Cada declaración ha sido más audaz que la anterior. Cada señal ha revelado más de su identidad como el Hijo de Dios. Ahora, en el capítulo 7, llegamos a uno de los momentos más dramáticos del evangelio: Jesús en la Fiesta de los Tabernáculos haciendo una proclamación que divide a la multitud y revela el conflicto inevitable entre él y las autoridades religiosas.

Entendiendo el pasaje

La Fiesta de los Tabernáculos era una de las celebraciones más importantes del calendario judío. Durante siete días, el pueblo recordaba cómo Dios los había sustentado en el desierto durante cuarenta años, proporcionándoles agua de la roca y guiándolos con la columna de fuego. Vivían en tabernáculos temporales como memorial de su peregrinación. Había rituales específicos: cada día, los sacerdotes derramaban agua del estanque de Siloé sobre el altar mientras el pueblo cantaba del libro de Isaías sobre sacar agua con gozo de las fuentes de salvación.

El ambiente era de celebración, de memoria nacional, de identidad religiosa. Los hermanos de Jesús lo presionaban para que fuera públicamente a la fiesta y se manifestara. Querían que hiciera milagros para ganar seguidores. Pero Jesús sube en secreto, a mitad de la fiesta comienza a enseñar en el templo y causa división. Algunos dicen que es bueno, otros que engaña al pueblo. Los líderes quieren arrestarlo pero no pueden porque su hora aún no había llegado. Entonces, en el último y gran día de la fiesta, en el momento más solemne cuando el agua era derramada sobre el altar, Jesús se pone de pie y grita a gran voz: «Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba». La proclamación no podía ser más directa ni más disruptiva. Estaba reclamando ser el cumplimiento de todo lo que la fiesta simbolizaba.

Tres verdades bíblicas

1. Jesús es el cumplimiento de todas las celebraciones y símbolos del Antiguo Testamento – La Fiesta de los Tabernáculos apuntaba hacia algo mayor. El agua de la roca en el desierto apuntaba a Cristo. La provisión diaria en el peregrinaje apuntaba a Cristo. La esperanza de salvación futura apuntaba a Cristo. Por eso Jesús escoge precisamente ese momento para hacer su declaración. Cuando el sacerdote derrama el agua y el pueblo recuerda la provisión pasada y espera la salvación futura, Jesús grita: «Vengan a mí». Él es la realidad a la que todas las ceremonias apuntaban. Del mismo modo, toda la Escritura apunta a Cristo. Los sacrificios, las fiestas, los símbolos, los tipos, todos encuentran su cumplimiento en él. Si lees el Antiguo Testamento sin ver a Cristo, estás perdiendo el punto.

2. Cristo divide inevitablemente a las personas entre los que creen y los que rechazan – La reacción a la proclamación de Jesús fue inmediata y dividida. Algunos de la multitud dijeron «verdaderamente este es el Profeta». Otros dijeron «este es el Cristo». Pero otros dijeron «¿acaso el Cristo vendrá de Galilea?». Algunos querían prenderlo. Incluso los alguaciles que fueron a arrestarlo regresaron diciendo «jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla». Las palabras de Cristo no dejan espacio para la neutralidad. O es quien dice ser o es un blasfemo. Tú también tienes que decidir. No puedes simplemente decir que era un buen maestro o un profeta inspirador. Él reclama ser la fuente de agua viva, el cumplimiento de las promesas de Dios, el único que puede saciar tu sed espiritual. O crees eso o lo rechazas.

3. Solo quienes reconocen su sed espiritual vienen a Cristo y reciben vida – Jesús dice «si alguien tiene sed». La invitación es universal pero tiene una condición: reconocer la sed. Los líderes religiosos no tenían sed. Estaban satisfechos con sus ceremonias, su conocimiento, su posición. La multitud que lo buscaba solo por pan tampoco tenía sed verdadera. Querían beneficios materiales. Pero los que reconocían su vacío espiritual, los que sabían que el agua de este mundo nunca satisface, esos venían a Cristo. Juan explica que Jesús hablaba del Espíritu que recibirían los que creyeran en él. El agua viva es el Espíritu Santo que mora en nosotros, que brota de nuestro interior como ríos de agua viva. Pero primero tienes que admitir que tienes sed, que nada de este mundo te satisface, que necesitas desesperadamente lo que solo Cristo puede dar.

Reflexión y oración

En medio de la celebración religiosa más importante del año, Jesús interrumpe con una invitación que expone el corazón de cada persona presente. Los rituales están bien, las ceremonias tienen su lugar, pero si no te llevan a Cristo, son vacías. Si tienes sed espiritual, si sientes que nada te llena, si reconoces que tu alma anhela algo que este mundo no puede dar, Cristo te invita hoy: ven a mí y bebe. De tu interior brotarán ríos de agua viva. Esta es la promesa del Espíritu para todos los que creen.

Señor Jesús, gracias porque eres el agua viva que sacia nuestra sed espiritual. . Tú eres el cumplimiento de todas las promesas de Dios. Ayúdanos a venir a ti con nuestra sed, a beber profundamente de tu Espíritu. Que de nuestro interior broten ríos de agua viva que den testimonio de tu poder para satisfacer. En tu nombre, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 19-20, Apocalipsis 8, Zacarías 4, Juan 7

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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