Devocional para el 21 de diciembre

«Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”» (Juan 11:25-26, NBLA)

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La señal que lo cambia todo

Durante días hemos caminado con Jesús a través del evangelio de Juan viendo cómo cada declaración revela más de su identidad como el Hijo de Dios. Le dijo a la samaritana que era el agua viva. Alimentó a miles y declaró ser el pan de vida. En la Fiesta de los Tabernáculos proclamó ser la luz del mundo. Dio vista a un ciego de nacimiento demostrando su poder sobre las tinieblas. Declaró ser el Buen Pastor que da su vida por las ovejas. Pero ahora llegamos a un cambio de escenario. Juan nos lleva a Betania, a la casa de Lázaro, María y Marta. Lo que está a punto de suceder es la última señal del evangelio de Juan, el milagro más poderoso, el que cambiará todo y sellará la decisión de los líderes religiosos de matarlo.

Entendiendo el pasaje

Lázaro, amigo cercano de Jesús, está gravemente enfermo. Sus hermanas envían un mensaje urgente: «Señor, el que amas está enfermo». Todos esperan que Jesús corra inmediatamente a sanarlo. Pero hace algo extraño: se queda dos días más donde estaba. Cuando finalmente decide ir, Lázaro ya lleva cuatro días muerto. Marta sale a su encuentro con palabras que mezclan fe y reproche: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús le responde: «Tu hermano resucitará». Marta piensa que habla de la resurrección en el día final. Entonces Jesús hace la declaración más audaz hasta ahora: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá».

Jesús llega a la tumba profundamente conmovido. Llora. Manda quitar la piedra. Marta protesta porque ya hay mal olor después de cuatro días. Jesús ora al Padre y luego grita con voz potente: «¡Lázaro, ven fuera!». El muerto sale de la tumba, atado con vendas. Jesús dice: «Desátenlo y déjenlo ir». Muchos creyeron en él, pero otros fueron a los fariseos y les contaron. Desde ese momento, los líderes religiosos decidieron matarlo. La señal más grande produjo tanto fe como el rechazo final.

Tres verdades bíblicas

1. Jesús permite demoras aparentes para mostrar su gloria de manera más gloriosa – ¿Por qué esperó Jesús dos días cuando su amigo estaba muriendo? Él mismo lo explica: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella». Si hubiera llegado a tiempo, habría sanado a un enfermo. Poderoso, sí, pero no único. Al esperar hasta que Lázaro llevara cuatro días muerto, la resurrección fue innegable. A veces Dios permite que las situaciones lleguen a un punto humanamente imposible antes de actuar. No porque no le importe, sino precisamente porque le importa mostrar su gloria de una manera que solo él puede hacerlo. Cuando sientes que Dios se ha demorado demasiado, cuando parece que llegó tarde, recuerda a Lázaro. Dios tiene un propósito más grande que tu comodidad inmediata.

2. Cristo tiene poder absoluto sobre la muerte física y espiritual – Esta es la culminación de todo lo que Juan nos ha mostrado. El Mesías sacia la sed espiritual como agua viva. Alimenta el hambre del alma como pan de vida. Da vista espiritual a los ciegos. Y ahora demuestra que tiene poder sobre la muerte misma. No solo habla de resurrección futura, él ES la resurrección. En él está la vida. Por eso puede llamar a Lázaro fuera de la tumba con su voz. Es la misma voz que dijo en Juan 5 «los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que oigan vivirán». Lázaro es la demostración literal de esa verdad. ¿Entiendes lo que esto significa? Cristo no solo puede salvarte espiritualmente, puede resucitarte físicamente. La muerte no tiene la última palabra. Él sí.

3. La última señal de Juan muestra que creer en Cristo es la única respuesta adecuada ante su identidad – Después de resucitar a Lázaro, Jesús le pregunta a Marta: «¿Crees esto?». Ella responde: «Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo». Esta es exactamente la respuesta que Juan quiere provocar en cada lector. Todo el evangelio se ha construido hacia este momento. Cada señal, cada discurso, cada declaración de «Yo soy» apunta a una sola pregunta: ¿crees que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios? Porque si crees en él, aunque mueras vivirás. Si vives y crees en él, nunca morirás. La muerte física es solo un paso, pero la vida eterna es la realidad permanente para quienes creen. Jesús te hace la misma pregunta hoy: ¿Crees esto?

Reflexión y oración

A partir de este momento en Juan, todo cambia. Los líderes religiosos deciden matarlo. La cruz se vuelve inevitable. Pero la señal más poderosa ya fue dada. El que resucitó a Lázaro pronto demostraría su propio poder sobre la muerte al resucitar de entre los muertos. Hemos visto al Mesías saciar la sed, alimentar el hambre, dar vista a los ciegos y resucitar a los muertos. Solo queda una pregunta: ¿Crees que él es el Hijo de Dios? Tu respuesta a esa pregunta determina tu eternidad. Jesús es la resurrección y la vida. El que cree en él, aunque muera, vivirá.

Señor Jesús, gracias porque eres la resurrección y la vida. Gracias porque tienes poder sobre la muerte física y espiritual. Perdónanos por las veces que hemos dudado cuando parece que te has demorado. Ayúdanos a confiar en que tus demoras tienen propósitos más grandes que nuestra comprensión. Creemos que eres el Cristo, el Hijo de Dios que vino al mundo. Que esa fe nos sostenga en vida y en muerte, sabiendo que en ti tenemos vida eterna. En tu nombre, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 25, Apocalipsis 12, Zacarías 8, Juan 11

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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