El Rey que se arrodilla
La hora ha llegado. Jesús lo declaró ayer: el momento para el cual vino al mundo está aquí. Juan nos ha mostrado que es el agua viva, el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor, la resurrección y la vida. Ahora, en sus últimas horas antes de la cruz, Jesús hace algo que nadie esperaría de alguien con esa identidad: se arrodilla y lava los pies de sus discípulos.
Entendiendo el pasaje
Juan marca el tiempo con precisión: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que Su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre». Sabe exactamente lo que viene. Sabe que Judas lo va a traicionar. Sabe que Pedro lo va a negar. Sabe que en horas estará colgado en una cruz. Y en medio de ese conocimiento, se levanta de la cena, se quita el manto, toma una toalla, vierte agua en un lebrillo y comienza a lavar los pies de sus discípulos.
Pedro protesta: «Jamás me lavarás los pies». Jesús le responde: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Entonces Pedro, impulsivo como siempre, dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús explica: «El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies». Después de lavarles los pies a todos, se vuelve a sentar y les pregunta: «¿Saben lo que les he hecho?». Les dice que si él, siendo su Señor y Maestro, les lavó los pies, ellos deben lavarse los pies unos a otros. Les ha dado un ejemplo para que lo sigan.
Tres verdades bíblicas
1. El servicio humilde es la marca del verdadero seguidor de Cristo – Jesús invierte todas las expectativas del liderazgo. El Hijo de Dios, quien tiene todo poder y autoridad, se arrodilla como un esclavo. El Rey del universo toma el lugar del siervo más bajo. ¿Por qué? Para mostrarnos cómo debemos vivir. Si él siendo Señor sirvió, nosotros que somos siervos debemos servir. No hay lugar para el orgullo, la arrogancia o el sentido de superioridad en el Reino de Dios. El que quiera ser grande entre ustedes debe ser su servidor. ¿Estás dispuesto a arrodillarte y servir a otros? ¿O todavía crees que seguir a Cristo significa ser servido?
2. Sin la limpieza que Cristo da no tenemos parte con él – Cuando Pedro rechaza el lavamiento, Jesús le dice algo serio: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Jesús está hablando de algo más profundo que pies sucios. Está hablando de la limpieza espiritual que solo él puede dar. Necesitamos que Cristo nos lave del pecado. No podemos limpiarnos a nosotros mismos. Por eso dice que el que se ha bañado solo necesita lavarse los pies. El baño completo es la salvación, el lavamiento de pies es la santificación continua. Ambas vienen de Cristo. Sin su obra, no tenemos parte con él. ¿Has permitido que Cristo te lave? ¿O sigues intentando limpiarte a ti mismo?
3. El amor de Cristo por los suyos es hasta el fin – Juan abre el capítulo con una declaración hermosa: «Habiendo amado a los Suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin». Cristo sabe que Judas lo va a traicionar, que Pedro lo va a negar, que todos van a huir. Y aun así los ama. Los sirve. Los lava. Los prepara. Este es el amor de Cristo: amor que conoce nuestras fallas y nos ama de todas formas. Amor que sirve a los que lo van a abandonar. Amor que se entrega por los que no lo merecen. Amor hasta el fin, amor hasta la muerte, amor que nunca se rinde con los suyos.
Reflexión y oración
En horas, Jesús estará en la cruz cumpliendo la hora para la cual vino. Pero antes de ir allá, se arrodilla y sirve. Este es el Rey que seguimos. No uno que exige ser servido sino uno que sirve. No uno que se aferra a su gloria sino uno que se humilla. No uno que ama solo cuando somos dignos sino uno que nos ama hasta el fin. La pregunta es: ¿seguirás su ejemplo? El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo.
Señor Jesús, gracias porque nos amaste hasta el fin. Gracias porque te arrodillaste a servir cuando pudiste exigir ser servido. Perdónanos por nuestro orgullo, porque hemos buscado ser grandes en lugar de ser siervos. Ayúdanos a seguir tu ejemplo, a lavar los pies de otros, a servir humildemente. Límpianos de nuestro pecado porque sin ti no podemos tener parte contigo. En tu nombre, amén.
